El ‘delfín’ de Fraga que ya nunca será presidente
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Federico Quevedo

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El ‘delfín’ de Fraga que ya nunca será presidente

Fue su gran ambición durante muchos años, y deja la política sin haberlo conseguido. Es verdad que lo ha sido casi todo: presidente autonómico, alcalde de

Foto: El ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, durante la rueda de prensa. (EFE)
El ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, durante la rueda de prensa. (EFE)

Fue su gran ambición durante muchos años, y deja la política sin haberlo conseguido. Es verdad que lo ha sido casi todo: presidente autonómico, alcalde de la capital de España, ministro… Y en el PP también ha sido un pata negra y mucho antes de que Aznar y los suyos llegaran al poder en Alianza Popular y renovaran el partido que fundó Manuel Fraga, él ya estaba allí, precisamente de la mano de don Manuel, para vigilar y tutelar todo lo que pasaba en el gran partido del centro-derecha español.

Fue secretario general del PP con Hernández Mancha, a quien sobrevivió, y convivió con un Aznar que desde la cautela le consideraba un político de mucha talla pero al que cegaba la ambición. En Madrid chocó de frente con otra política de enorme personalidad que también aspiraba a llegar a lo más alto, Esperanza Aguirre, y el enfrentamiento entre ambos ha dado lugar a grandes momentos de la reciente vida política española y a fuertes tensiones en el seno de su partido, como aquella famosa escena del ascensor en Génova 13 después de que Rajoy les negara a los dos el pan y la sal en las listas electorales.

Pero es verdad también que el propio Aznar le tuvo en ‘su’ recámara como posible alternativa a Mariano Rajoy… Como lo es que Rajoy desactivó la maniobra nombrándolo ministro de Justicia tras ganar las elecciones de 2011. Hoy, Ruiz-Gallardón es un enemigo menos en el futuro del presidente del Gobierno, un futuro en el que también desaparece de la escena política su sucesora al frente del Ayuntamiento de Madrid, Ana Botella, con lo que cualquier resquicio de reacción por parte del entorno de Aznar a lo que desde los sectores más a la derecha del PP se consideran los incumplimientos de Rajoy ha quedado definitivamente desactivado.

Pero, honestamente, el gesto de Ruiz-Gallardón hay que aplaudirlo por coherencia. Él presentó su dimisión la semana pasada, cuando era más que evidente que el Gobierno había tomado la decisión de enviar al cajón del olvido el proyecto de reforma de la Ley del Aborto en la que tanto empeño había puesto el ya exministro de Justicia, pero ha sido este martes cuando se ha conocido después de que el presidente del Gobierno confirmara públicamente que, en efecto, esa era la decisión del Ejecutivo.

Le honra. Le honra su actitud personal. Le honra la humildad con la que ha pedido perdón a todos, incluidos los millones de votantes del PP a los que el Gobierno ha defraudado dando marcha atrás en este anteproyecto. En el Gobierno hay quienes aplauden esta decisión, empezando por la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, a la que le ha tocado lidiar con casi todos y cada uno de los líos en los que Gallardón ha metido al Gobierno, no solo sus proyectos, sino también su naturaleza deslenguada y su actitud individualista que le llevaba a hablar con los medios de comunicación y contar incluso lo que los demás miembros del Gobierno no se atrevían a contar.

Pero ese era Gallardón. Quien lo nombró ya sabía que era así, que esa era su forma de actuar, que siempre ha sido un verso suelto y que ni siquiera la disciplina de un Consejo de Ministros era capaz de sujetarle. Ahora se va, del todo, y para siempre. Ya no será presidente del Gobierno, aunque sin duda tendrá su pequeño lugar en la historia de la transición española a la democracia, porque ha sido un político que siempre ha estado en la primera línea, para lo bueno y para lo malo. Ha sido un político querido y odiado a partes iguales, con una gran capacidad de convicción, pero también con un enorme ego que incluso le ha llevado a deshacerse de sus principales colaboradores cuando lo ha creído necesario, sin que para ello le haya temblado el pulso.

Se va el delfín de Fraga, probablemente uno de los pocos políticos que quedan en el PP vestigio de la vieja guardia de Alianza Popular. Se va con él una época de pasión por la política y también de políticos que conjuraban la mediocridad. Al final, más allá de su ambición, Gallardón es un político del que puede decirse que ha estado ahí al servicio de los ciudadanos, con mayor o menor acierto, pero que no ha obtenido de la política mayor rédito que su propia satisfacción, muchos sinsabores y un objetivo vital incumplido.

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