La conspiración de ‘El Yunque’ y una medio despedida
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Federico Quevedo

Dos Palabras

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La conspiración de ‘El Yunque’ y una medio despedida

En la primavera de 2013 tuvo lugar en el domicilio de un destacado político del PP una cena que reunió a unos cuantos 'enemigos' políticos del presidente

placeholder Foto: Alberto Ruiz-Gallardón. (Foto: Pablo López Learte)
Alberto Ruiz-Gallardón. (Foto: Pablo López Learte)

“¿Por qué cayó Gallardón en manos de la extrema derecha?”, se preguntaba estos días atrás un destacado dirigente del Partido Popular. “Con eso no quiero decir que estar en contra del aborto sea de extrema derecha… Yo estoy en contra del aborto y no soy de extrema derecha, pero es evidente que Gallardón, que en sus años de 'progre' de derechas se había manifestado a favor de leyes proaborto, había caído en manos de los sectores más duros y radicales de la derecha que han copado los movimientos provida para volverlos en contra del PP”.

Vaya por delante que lo que les voy a contar es lo que a mí me han trasladado a lo largo de esta semana, y que yo, Federico Quevedo, soy un decidido defensor de la vida humana desde el momento de su concepción, pero mi obligación como periodista es darles cuenta a ustedes de lo que sé o lo que me han contado. En la primavera de 2013 tuvo lugar en el domicilio de un destacado político del PP con altas responsabilidades culturales durante la etapa de Aznar una cena que reunió a unos cuantos 'enemigos' políticos del presidente Mariano Rajoy. Para situar el marco político, sólo unos meses antes el Gobierno había superado la crisis brutal del verano de 2012, cuando España estuvo a punto de ser intervenida, en octubre había adoptado la decisión de sacar a la calle al etarra Bolinaga, enfermo de cáncer, y en noviembre se habían celebrado unas elecciones en Cataluña que abrían la puerta al desafío independentista de Artur Mas y ERC.

Dicho de otro modo, según la visión de los comensales de aquel encuentro, España atravesaba una crisis económica sin precedentes -y Rajoy no conseguía atasajarla de la misma manera que Aznar sí consiguió frenar la crisis del 96-, el Gobierno se entregaba a la estrategia antiterrorista de Zapatero y, además, permitía la amenaza de la segregación de España. Ante ese escenario, los comensales allí reunidos decidieron que había llegado el momento de que se produjera un relevo al frente del Gobierno y del PP. En aquella cena surgió un nombre, alguien en quien desde el año 2008 ya pensaba el propio Aznar como sucesor de un Rajoy que había perdido por completo su confianza: Alberto Ruiz-Gallardón.

La crisis del sistema

Para eso hacía falta la colaboración inestimable de algunos de los siempre dispuestos a llevarse por delante a Rajoy como, por ejemplo, un Pedrojota al que las deudas y la caída de lectores le estaban conduciendo a una crisis de infarto en El Mundo. ¿Qué hacer? En esos días el caso Bárcenasentraba en su apogeo y nada mejor que intentar que se convirtiera enun misil en la línea de flotación del Gobierno, y a eso se dedicó con especial ahínco el diario que entonces dirigía Pedrojota. Pero no solo eso… Había que 'minar' las principales instituciones del Estado, trasladar a la ciudadanía la sensación de que el país se venía abajo, de que todo estaba bajo sospecha y de que hacía falta una reacción porque Rajoy no era capaz de enderezar el rumbo torcido. No importaba que en el camino cayeran instituciones como la propia Monarquía.

El fracaso, sin embargo, no hizo decaer el ánimo de los 'conjurados', convencidos todavía de que podían lograr su objetivo antes de que acabara la legislatura o, en el peor de los casos, conseguir que Rajoy abandonara y no volviera a presentarse a la reelección. Fue entonces cuando Gallardón llevó al Consejo de Ministros una reforma de la Ley del Aborto que se caracterizaba por ser extremadamente restrictiva. “Ni Aznar se hubiera atrevido -no se atrevió ni a eso ni a nada-a aprobar una ley así, y Gallardón lo sabía, sabía que estaba poniendo al Gobierno entre la espada de cumplir con su programa electoral aunque fuera con una ley que le iba a poner en contra de una gran parte de la población, o la pared de incumplirlo una vez más y echarse encima a su propio electorado o a una parte de él”.

La trampa de Gallardón

Fue una trampa, dicho de otro modo. Una trampa en la que el Gobierno no quiso caer. El propio Rajoy se ausentó de un Consejo de Ministros más que polémicoy dejó el protagonismo a su segunda, Soraya Sáenz de Santamaría, quien, desde ese mismo momento, marcó una considerable distancia con el proyecto de Gallardón, al igual que el resto del Gobierno. Incluso ministras tan públicamente declaradas en contra del aborto, como Ana Mato, se pusieron de perfil, conscientes de que aquello iba a causar grandes problemas. El anteproyecto venía respaldado e informado, e incluso casi redactado, por algunas asociaciones muy activas en la lucha contra el aborto, pero al mismo tiempo también muy vinculadas con una secta de la que los lectores de este periódico habrán oído hablar mucho gracias al excelente trabajo de mi compañero José Luis Lobo: El Yunque. No puedo confirmarlo, pero mis fuentes me dicen que incluso hay miembros de la secta que estaban en el Ministerio, en el entorno cercano a Gallardón.

Se trataba de provocar en el Gobierno un desgaste sin precedentes, pero, como decía, el Ejecutivo se puso de perfil y, aunque dio traslado del anteproyecto al Consejo de Estado y al CGPJ, siguió haciéndolo, lo que obligó al propio Gallardón a asumir personalmente el coste de la defensa de su reforma. El Yunque siempre había querido introducirse en las esferas de dirección del PP, sin éxito, y la operación contra Rajoy le abría la puerta a conseguirlo, y sus organizaciones afines comenzaron una campaña a favor de la reforma, sabiendo además que iba a encontrar muchos apoyos en los sectores más moderados de la derecha que también estaban contra el aborto y a favor de la vida.

Pero en el camino de esta operación a medio plazo se cruzaron, en primer lugar, unas elecciones europeas que permitieron a Rajoy hacer una nueva limpia en el PP -la salida de Mayor Oreja y de Vidal Quadras- mermando las huestes de sus 'enemigos', que decidieron crear un partido, VOX, con pretensión de convertirse en el nuevo tarro de las esencias del Partido Popular. En segundo lugar, una crisis -que acabó con la salida de Pedrojota- en el principal medio de comunicación que había servido como ariete contra Rajoy. El presidente, a la chita callando, iba sumando cadáveres de sus enemigos. Como era de esperar, VOX fracasó en las elecciones europeas, y se abrió en la formación política un periodo de incertidumbre que ha acabado este final del verano con la ruptura del partido y la toma de lo que queda del mismo por parte de sectores fuertemente vinculados a El Yunque a través de su nuevo presidente, Santiago Abascal, y su mano derecha, Iván Espinosa de los Monteros.

La estrategia de El Yunque

¿Por qué ha acabado VOX también en manos de El Yunque? Es fácil, al perder esta secta a uno de sus principales valedores en el PP con la salida de Mayor Oreja, todo el trabajo de los meses anteriores se diluía… Desde que las informaciones de El Confidencial pusieran en el escaparate los entresijos de la secta, se habían producido movimientos para diversificar su campo de actuación con la aparición de nuevos elementos en juego -Mas Libres, Citizen Go, etc.- que también ampliaban los motivos de lucha: ya no era solo el aborto, también se implicaron en campañas de defensa de los cristianos en Oriente Medio y consiguieron ir ocupando posiciones en algunas de las asociaciones de víctimas del terrorismo más duras con el Gobierno de Rajoy.

Al mismo tiempo consiguen desplazar del movimiento provida a las asociaciones que hasta ahora lo protagonizaban, mucho más vinculadas con la Iglesia tradicional y con otras organizaciones 'oficiales', como el Opus Dei. La aparición de VOX les abría la puerta a un nuevo elemento de participación ciudadana: la política como vehículo de transmisión de ideas, unas ideas aparentemente compatibles con la moral cristiana, pero que en realidad están cargadas de sentimiento xenófobo en la medida que 'su' defensa de la familia se refiere a una familia autóctona, al tiempo que manifiestan su preocupación por el incremento de familias de inmigrantes y, sobre todo, musulmanas, que ponen en peligro la integridad de la familia española tradicional. Lo que hace El Yunque en VOX no es otra cosa que dotarlo de ideología, pero de una ideología rayana con el fascismo.

Ese es el campo de batalla ahora mismo, la 'guerra' que se ha decretado entre las organizaciones que sostienen El Yunque, incluido VOX desde este fin de semana pasado, y el Partido Popular tras la decisión de Rajoy de guardar en un cajón el anteproyecto de Gallardón. En términos de política interna, Rajoy ha dado una estocada mortal al 'aznarismo'y a su oposición dentro y en el entorno del PP, pero al mismo tiempo ha echado carnaza a un monstruo de dimensiones desconocidas.

A partir del mes de octubre mi post Dos palabras dejará de encontrarse con los lectores los fines de semana. Desde que nació El Confidencial siempre he estado ahí, intentando aportar mi grano de arena a un mundo mejor, a una sociedad más informada, a un periodismo libre e independiente -aunque no neutral, como alguna vez me dijo un gran periodista y amigo-. Lo he hecho lo mejor que he sabido, me he equivocado muchas veces, y he acertado otras, seguramente las menos, pero siempre he querido dar lo mejor de mí.

A lo largo de estos años han pasado muchas cosas, en lo profesional y en lo personal, que han ido haciendo variar mi compromiso con El Confidencial y con sus lectores, pero por encima de esos cambios prevalecía siempre mi pasión por un periódico que vi nacer y por unos lectores a los que -a pesar de nuestras diferencias a veces insalvables- siempre he respetado y a los que siempre he querido aportar un poco de luz. En ese sentido, mi columna del fin de semana me permitía un enfoque distinto, más reflexivo, menos informativo, sobre las cosas y sobre los hechos que a lo largo de los días, las semanas y los meses acontecen en este país y en el mundo.

Esto no es un adiós porque seguiré saliendo al encuentro de mis lectores al menos una vez a la semana. Sin embargo, dejar de escribir los sábados y los domingos es como dejar que muera una pequeña parte de mí, aunque hay que morir para que otros nazcan. A quienes me releven en este encuentro con ustedes, les deseo la misma suerte que he tenido yo durante todos estos años, la suerte de encender una llama que alumbre aunque solo sea una conciencia. Si ha sido así, me habré dado por satisfecho.

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