Soraya-Cifuentes, algo más que una hipótesis para Madrid

Soraya Sáenz de Santamaría es una política que no necesita presentación en sociedad, una “política limpia” y una política ‘pactista’ en un momento de ausencia de mayorías absolutas

Foto: Saludo entre Soraya Sáenz de Santamaría, Cristina Cifuentes y Esperanza Aguirre. (EFE)
Saludo entre Soraya Sáenz de Santamaría, Cristina Cifuentes y Esperanza Aguirre. (EFE)

Yo no sé lo que pasa por la cabeza de Mariano Rajoy… Lo digo porque es más que probable que me equivoque y que al final el tique electoral que el PP presente para la Alcaldía y la Comunidad de Madrid sea otro distinto, así que si tenían pensado afilar sus cuchillos para acribillarme, sepan que esto no es lo que yo creo que va a pasar, sino lo que a mí me parece que sería la mejor de las alternativas. Obviamente, detrás de esta afirmación existen datos y conversaciones con eso que los periodistas llamamos fuentes de información que ayudan a construir un relato que permitiría sostener esta hipótesis como probable.

Hoy se reúne el Comité Electoral del PP, y puede ser que se tome la decisión de los candidatos de Madrid, como puede ser que no se tome. Mariano Rajoy acostumbra a apurar los plazos al máximo posible aun a costa de crispar los nervios de los suyos, y no tiene por qué ser distinto esta vez. Y ¿qué es lo que me dicen estas fuentes y que aparentemente tiene bastante sentido común? Empecemos por los descartes. Más allá de lo que esta semana se ha publicado sobre el ático en Estepona de Ignacio González, y que tiene toda la pinta de una vendetta orquestada por alguien que quiere acabar con él y que no es la actual dirección de su partido, lo cierto es que el actual presidente de la Comunidad de Madrid nunca ha sido el favorito de Rajoy para encabezar la lista de las próximas elecciones.

Esto es un hecho, no una opinión. Por más que él se haya postulado, ni desde el partido ni desde el Gobierno se ha hecho gesto alguno que permita intuir que su candidatura es posible. Su situación es la contraria de lo que ha ocurrido con Alberto Fabra en Valencia: una vez que, aunque no comunicada, Génova ha tomado la decisión de que sea el candidato, no han hecho más que desembarcar ministros en aquella plaza.

A la vista de cómo están cambiando las cosas en este país, o el PP hace un gesto por la renovación en una plaza como Madrid, o puede acabar perdiéndolo todo

Y ¿qué pasa con el Ayuntamiento? La única que también se ha ofrecido para ser candidata es Esperanza Aguirre, pero tampoco aquí ha pasado nada que haga pensar que esa vaya a ser la decisión final de Rajoy… Es más, si me atengo a lo que dicen mis fuentes de Génova 13, Aguirre no es, ni de lejos, la mejor candidata, en la medida en la que mientras que ahora vive en una especie de ‘limbo’ político en el que nadie la presiona porque no tiene ninguna responsabilidad y los medios la reclaman porque es agradecida dando titulares, “en cuanto se vea metida en una campaña electoral van a ir a por ella, y no hay que olvidar que al final todos los que están implicados en los casos de corrupción que afectan al PP de Madrid han sido empleados suyos”, aseguran.

¿Significa eso que no va a ser la candidata? No lo sé, pero es un argumento lo suficientemente poderoso como para plantearse que lo sea. El PP de Madrid necesita ofrecer una imagen de renovación, de limpieza, y no parece que el tique Aguirre-González sea la mejor opción en ese sentido. Pero el de Soraya-Cifuentes, sí. La opción de la vicepresidenta del Gobierno como candidata a la Alcaldía ya ha estado en los mentideros políticos muchas veces, pero la semana pasada resurgía con fuerza.

Quienes alientan esa posibilidad dan tres razones de peso: la primera, que Soraya Sáenz de Santamaría es una política con un elevado grado de conocimiento –no necesita presentación en sociedad– y la mejor valorada en las encuestas de todo el Gobierno; la segunda, que se trata de una “política limpia”, no tiene nada que la afecte o afee su gestión; y, tercero, es una política ‘pactista’ en un momento en el que la ausencia de mayorías absolutas puede obligar al PP a buscar ‘socios’ de gobierno o, sencillamente, la abstención de otros en la sesión de investidura, algo que parece más difícil con Esperanza Aguirre al frente del equipo.

Hay una cuarta razón que afecta a su ambición personal: si en el medio-largo plazo la vicepresidenta quiere aspirar a la sucesión de Rajoy, necesita algo que sus principales ‘competidores’ –Cospedal, Feijoo– ya tienen, es decir, una victoria en las urnas. A todo esto, cabe añadir que Sáenz de Santamaría atraería ese voto moderado que ahora mismo se encuentra perdido, y tampoco genera ‘rechazo’ entre el voto más conservador a pesar de algunas medidas del Gobierno como la retirada de la Ley del Aborto.

En ese mismo perfil –moderna, limpia, conocida, pactista y que no genera rechazo– se encuentra la delegada del Gobierno, Cristina Cifuentes. Ambas podrían conformar un tique electoral difícil de combatir en Madrid, e incluso podrían volver a darle al PP la mayoría absoluta si se lo toman en serio. ¿Qué va a pasar? No lo sé, pero a la vista de cómo están cambiando las cosas en este país, o el PP hace un gesto por la renovación en una plaza tan emblemática como es Madrid o puede acabar perdiéndolo absolutamente todo.

Dos Palabras
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