El PP gana las elecciones, pero lo pierde (casi) todo

La formación de Mariano Rajoy ha sido la más votada en los comicios municipales y autonómicos. Sin embargo, una cosa son los números y otra bien distinta las consecuencias de los mismos

Foto: La presidenta del Partido Popular de Madrid, Esperanza Aguirre, vota en las elecciones del domingo. (EFE)
La presidenta del Partido Popular de Madrid, Esperanza Aguirre, vota en las elecciones del domingo. (EFE)

Que el PP ha ganado las elecciones es un hecho: ha sido el partido más votado en las elecciones municipales, y en las autonómicas. Que eso le permite al presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy, salvar los muebles, también es un hecho. Hace unas semanas, en un encuentro off the record con algunos periodistas, el presidente ya decía que su objetivo primordial era ese: ser el partido más votado. Y lo ha conseguido.

De cara a unas futuras elecciones generales, eso es un dato importante, porque en la situación actual y después de haber pasado una verdadera travesía del desierto a cuenta de la crisis y de los escándalos de corrupción, la expectativa es de crecimiento. A medida que la situación económica mejore y esto se perciba aún más por los ciudadanos, el horizonte electoral del PP irá a mejor y cabe pensar que, si ha ganado las elecciones ahora, con más motivo lo hará dentro de unos meses. Dicho eso, la realidad es que una cosa son los números y otra bien distinta las consecuencias de los mismos.

Y a la hora de escribir estas líneas, pasada la media noche, sin que se haya escrutado el cien por cien de los votos, la realidad es que el PP ha ganado en número de papeletas pero ha perdido la posibilidad de gobernar en buena parte de los lugares –ayuntamientos y comunidades autónomas– donde lo hacía hasta ahora. En los últimos días de la campaña electoral, fuentes de este partido se mostraban optimistas porque los sondeos internos ofrecían una importante mejora e incluso hablaban de lograr la mayoría absoluta en cuatro comunidades autónomas: Castilla-La Mancha, Castilla y León, Murcia y La Rioja.

El PP ha ganado en número de papeletas pero ha perdido la posibilidad de gobernar en buena parte de los lugares

Pues no. Ni siquiera en sus bastiones. El PP no puede vender los resultados de ayer como una victoria, aun conservando gobiernos importantes como el de la Comunidad de Madrid. La más que probable pérdida del Ayuntamiento de esta capital, la de las tres capitales valencianas y la propia comunidad, la de Aragón, la de Cantabria, la de Extremadura, la de Sevilla, la de Cádiz… Son demasiadas pérdidas para un partido que había acumulado mucho poder hace cuatro años y que ahora lo pierde casi todo.

Algo tiene que cambiar si Rajoy quiere que las elecciones generales le vuelvan a dar un respaldo a su partido. Y algo será poco. Tendrá que cambiar mucho. Ayer por la noche el escrutinio cayó como un jarro de agua fría en la sede del PP. Y más que va a caer cuando miles de cargos públicos municipales y autonómicos se vean de nuevo en la calle. Y va a ser difícil para el PP explicarles que, aun así, han ganado las elecciones, porque para ellos, como para cientos de miles de votantes y de militantes del PP, se habrán perdido.

Esta es la realidad, y hará mal el PP si no reflexiona sobre la misma y se muestra autocomplaciente en la amarga victoria… Hoy se reúne el Comité Ejecutivo, y si alguien no hace que el partido se despierte de su letargo, a lo mejor resulta que las buenas expectativas con las que Rajoy afronta las elecciones generales se vuelven en contra. Esto no es Gran Bretaña, ni lo va a ser en diciembre. Creer lo contrario es engañarse, y el PP se engañó en la última semana de la campaña electoral.

 

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