Franco, ese hombre del que solo se acuerda la extrema izquierda

Cuatro décadas después de la muerte del dictador, España es un país democrático, libre, plural, desarrollado, con un Estado de derecho comparable a las naciones más importante del mundo

Foto: Francisco Franco.
Francisco Franco.

20 de noviembre de 1975. Francisco Franco, el dictador que había gobernado España con puño de hierro durante 40 años, moría plácidamente en una cama del hospital madrileño de La Paz. Su muerte ponía fin a cuatro décadas de dictadura, y abría la puerta a otras cuatro de democracia y libertad. Eso es, en definitiva, lo que todos deberíamos celebrar hoy: 40 años después, España es un país democrático, libre, plural, desarrollado, con un Estado de derecho comparable a las naciones más importante del mundo, miembro destacado de la Unión Europea y, con sus altibajos, una nación relevante en el orden mundial.

Por supuesto, tenemos nuestros problemas, muchos... Pero no es el objeto de este 'post' dar cuenta de ellos porque ya lo hacemos en otras ocasiones. Lo que quiero decir es que, 40 años después, Franco es historia, una página -o muchas- de los libros, y un mal recuerdo para quienes sufrieron las consecuencias de su poder dictatorial, pero historia al fin y al cabo. De hecho, no debería ocuparnos más tiempo del que supone escribir un obituario en el aniversario de su muerte. Y, sin embargo, para nuestra desgracia como país, Franco sigue estando presente. Demasiado presente.

Tan presente, que incluso niñatos que no han cumplido los 20 años pero que militan en partidos de izquierda o extrema izquierda (o simpatizan con ellos) lo siguen utilizando como argumento recurrente, cuando ni siquiera saben realmente quién fue. No lo sé casi ni yo, que les llevo medio siglo de ventaja, porque era un crío cuando el dictador murió y mi crecimiento intelectual y político se forjó en democracia. Pues imagínense qué puede haber en el fondo de ese revanchismo que alimenta el argumentario de buena parte de la izquierda, cuando la mayoría de los Iglesias, Errejón, Garzón, Maestre, Colau y compañía o llevaban pañales o ni siquiera habían nacido por aquel entonces.

En España tenemos un problema de convivencia porque hay una izquierda que culpabiliza a la derecha de los crímenes del franquismo

Pero Franco, el franquismo, empapa cada uno de sus mensajes, es como una obsesión que les persigue -la otra es Aznar- y les condiciona. Hace unos días, el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, fue entrevistado en 'El Intermedio' de Wyoming. En un momento dado, le pregunta la presentadora del programa -cuyos padres no tendrían ni 15 años cuando murió Franco- sobre su postura respecto de las calles con nombres y símbolos franquistas, a lo que Rivera, que también nació en democracia, contestó con mucho sentido común que él defendía el derecho de muchos españoles a desenterrar a sus muertos de las cunetas y volver a enterrarlos dignamente, pero que los ciudadanos tienen otros muchos problemas más importantes que andar cambiando carteles de las calles y bustos del Rey.

Y Wyoming, que no podía perder la oportunidad, enseguida le reprochó ese comentario porque, según él, hay mucha gente que sufrió las consecuencias del franquismo. Les diré algo: a mí me da igual que cambien los nombres de las calles, o que quiten las estatuas... Es más, yo estoy a favor de que los restos de Franco sean trasladados del Valle de los Caídos a un cementerio normal y que aquello se convierta, de una vez, en un monumento a la reconciliación... Pero ¿de verdad el hecho de cambiar una placa de una calle va a satisfacer a quien tuvo que sufrir las consecuencias del franquismo? ¿De verdad olvidar nuestra historia e intentar borrarla es la solución para que no vuelva a repetirse? ¿O todo esto no es más que una excusa barata para utilizar políticamente el argumento del franquismo contra una derecha que hace ya mucho tiempo que no tiene nada que ver con aquello, y que además ha demostrado ser mucho más democrática y respetuosa con el Estado de derecho que buena parte de la izquierda?

Porque me da a mí que eso es lo que está en el fondo de tanta recurrencia a Franco y su herencia: disputarle a la derecha el currículo de demócratas y seguir alimentando con ello el odio y el revanchismo, que es de lo que vive una buena parte de la izquierda. No la izquierda sensata y moderada, pero sí aquella que no encuentra otros argumentos porque los perdió el día que cayó el Muro de Berlín. Cuatro décadas después, en España seguimos teniendo un problema de convivencia, y lo tenemos porque hay una izquierda que sigue empeñada en culpabilizar a la derecha de los crímenes del franquismo. Mientras eso siga así, será difícil que incluso entre la izquierda socialdemócrata y el centro-derecha se pueda producir alguna clase de acuerdo de gobierno. El fantasma de Franco hace imposible que en España se pueda dar una gran coalición como se dio en Alemania. Será necesario que pasen todavía más generaciones para que la convivencia no esté viciada por el pasado, pero mientras tanto ahí sigue alimentando nuestros odios y rencores. Pero qué español es también eso...

Dos Palabras
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