Barberá, o por qué le pasan estas cosas al PP

Rajoy tenía que haber dado un puñetazo en la mesa nada más saltar el caso Taula en febrero, haber convocado una gestora y provocar un terremoto de cambio en el PP de Valencia

Foto: La exalcaldesa de Valencia y actual senadora Rita Barberá. (EFE)
La exalcaldesa de Valencia y actual senadora Rita Barberá. (EFE)

La exalcaldesa de Valencia y senadora del PP, Rita Barberá, viajaba este martes muy tranquila de Valencia a Madrid para asistir al pleno del Senado en el que se iban a elegir las mesas de las comisiones, en algunas de las cuales ella iba a representar a su partido como vocal, cuando 'alguien' le envió un mensaje al móvil —eso me cuentan— avisándola de que el Tribunal Supremo acababa de anunciar su imputación por un delito de blanqueo de capitales. Ni corta ni perezosa, la exalcaldesa aprovechó la parada del AVE en Cuenca para bajarse del mismo y retornar a Valencia.

Y, presumo, volverse a esconder tras el visillo. Ni una explicación. Ni un mensaje. Ni una declaración, ella que tan dada es a buscar culpables de sus males... Este martes no llamó a nadie, ni quiso hablar con nadie, al menos con aquellos con los que debería tener una cierta obligación de hablar. Es más, alguno de esos me decía este martes por la tarde que se temía lo peor, o sea, que Barberá no dejará su escaño, que se irá al Grupo Mixto si el PP la expulsa, pero que bajo ninguna circunstancia quiere caer en manos del juez Víctor Gómez —que investiga el caso Taula— y, además, como les pasa a otros, cree que el Supremo será más benévolo con ella.

Y si no se va, aunque la echen del grupo, seguirá estando ahí para escarnio de propios y extraños, pero especialmente de propios. En los estados mayores del PP en Galicia y País Vasco, inmersos en la campaña electoral, cundía este martes el pánico. Primero el caso Soria —bastante bien resuelto por De Guindos en su comparecencia de este martes en el Congreso— y ahora esto... "¿Qué más nos puede pasar?", me preguntaba este martes con cierta sensación de impotencia un alto cargo del partido en Génova 13, aunque no esperaba mi respuesta por sabida: la culpa es de ellos mismos. Les puede pasar mucho más.

El PP está pagando la factura de su propia ineficacia, de su soberbia y del encubrimiento de los delitos que afectan ya a muchos de sus principales dirigentes

De entrada, de aquí a diciembre, si este bloqueo no se resuelve y vamos a elecciones, el juicio del caso Gürtel, en el que puede salir de todo, y llevará la corrupción del PP a las portadas de los periódicos y a las mesas de los debates día sí y día también. No es un plato de buen gusto, pero ellos mismos se lo han buscado. Rajoy tenía que haber dado un puñetazo en la mesa nada más saltar el caso Taula en el mes de febrero pasado, haber convocado una gestora y provocar un terremoto de cambio en el PP de Valencia. Lejos de eso, dejó pasar el tiempo, como hace siempre, y saltó la pieza del Ayuntamiento de Valencia que implicaba directamente a Rita Barberá, aunque hasta este martes no fuera imputada. ¿Y qué hizo Rajoy? Nada. Peor que nada: blindarla.

Y ahora tiene que asumir el coste de su inoperancia. El PP está pagando la factura de su propia ineficacia, de su soberbia y del encubrimiento de los delitos que afectan ya a muchos de sus principales dirigentes, especialmente en Madrid y Valencia. Es un partido que necesita con urgencia el paso por la lavandería, un ejercicio de regeneración y de renovación de cuadros y de dirigentes, empezando por los que ahora mismo lo lideran, y no me refiero a los que acaban de llegar. Barberá, la amiga de Rajoy, no es más que el exponente del declive de una clase política que ha gobernado durante muchos años este país, que además lo ha hecho bien, pero que en un momento dado se ha sentido impune para ir más allá de lo éticamente y estéticamente exigible... Y eso mientras no haya una sentencia judicial.

Dos Palabras
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