Fuego amigo contra María Dolores de Cospedal

Si Cospedal quiere seguir siendo secretaria general Rajoy no será quien se lo impida. Y eso no le gusta a todo el mundo dentro del PP, principalmente a quienes ven amenazado su propio poder

Foto: La ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal. (EFE)
La ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal. (EFE)

El próximo mes de febrero el Partido Popular celebra su congreso con un par de años de retraso. Lo hace en un momento singularmente dulce, después de casi un año de bloqueo político, con el Gobierno asegurado en los próximos meses y sin nada que altere su existencia, más allá de algunas voces críticas que resuenan en el horizonte. Cuando toda la atención de la opinión pública y publicada se vuelca sobre sus adversarios políticos, inmersos en un debate existencial que amenaza su propia supervivencia, el único conflicto real que ofrece el PP a las fauces mediáticas es el debate sobre si la actual ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, debe continuar o no al frente de la secretaría general del PP tras ese congreso.

Y no es un debate menor, porque tiene mucho que ver además con determinados equilibrios de poder que se producen en el entorno próximo de Mariano Rajoy, el cual siempre dice de la interfecta que “será lo que ella quiera”. ¿Y eso qué significa? Pues que si María Dolores de Cospedal quiere seguir siendo secretaria general, Rajoy no será quien se lo impida. Y eso no le gusta a todo el mundo dentro del PP, principalmente a quienes ven amenazado su propio poder por el que pueda desplegar Cospedal si sigue al frente del partido y al mismo tiempo mandando sobre el ejército.

Trillo es un daño colateral, ya estaba tomada la decisión de relevarle como embajador y no por culpa del informe del Consejo de Estado

De ahí que nada de lo que ha pasado esta semana sea una casualidad, y que las filtraciones que han aparecido en los medios tengan un objetivo común: la ministra de Defensa. ¡Ah!, ¿que alguien pensaba que el objetivo era Federico Trillo? Ni hablar. No deja de ser curioso que siendo cuestiones que entre sí no tienen nada que ver, tanto la filtración del informe del Consejo de Estado como la de la supuesta colaboración de ciertos personajes en los negocios de Pujol durante la época de Gobierno de José María Aznar acaben confluyendo en la misma persona: Cospedal.

Trillo, por decirlo de alguna manera, es un daño colateral, en la medida que ya estaba tomada la decisión de relevarle como embajador en Londres —y no por culpa del informe—. Su puesto de letrado del Consejo de Estado tampoco es un cargo político, ya que lo obtuvo por oposición, con lo cual no depende de una decisión del Gobierno. Sin embargo, si hay un componente político en la reacción que pudiera tener el Ministerio de Defensa, y en ese sentido Cospedal, ha sido la rapidez a la hora de actuar, pidiendo comparecer ante las Cortes y anunciando que la próxima semana recibirá a las familias de las víctimas del Yak 42.

Cospedal ha sido secretaria general y presidenta de Castilla-La Mancha. Antes que ella, Cascos o Arenas compaginaron cargos en el Gobierno y el PP

Más complejo es el segundo asunto, que también le afecta aunque sea indirectamente, como consorte de uno de los ‘supuestos’ implicados: Ignacio López del Hierro. Sobre el marido de Cospedal se han desplegado desde hace mucho tiempo todas las artimañas del poder habidas y por haber para encontrarle algo con lo que poder dañar la imagen de la secretaria general del PP, sin conseguirlo. Ahora aparece esto, con muy pocas asas de donde agarrarlo, al menos de momento. Pero el objetivo es bastante claro. Y se trata de fuego amigo. Alguien no quiere que Cospedal siga siendo secretaria general del PP, y ese alguien tiene suficiente poder y capacidad de movimiento como para haber podido dejar caer las dos bombas sin despeinarse. Luego ese alguien, obviamente, tiene que estar dentro del Gobierno, para poder manejar dicha información.

Miren, en condiciones normales, lo lógico hubiese sido que María Dolores de Cospedal renunciara a seguir como secretaria general del PP para no obstaculizar su papel institucional como ministra de Defensa, pero da la sensación de que las cosas no son normales, y cuando se busca con tanta vehemencia su cabeza política, lo mejor que puede hacerse es no entregarla. Cospedal ha sido secretaria general y presidenta de Castilla-La Mancha. Antes que ella, ministros como Cascos o Arenas compaginaron cargos en el Gobierno y en el partido. Luego es posible esa compatibilidad. Quizá no sea lo mejor, pero sin duda sería peor que quien quiere hacerse con todo el poder dentro del Gobierno y del PP no lo consiga, aunque sea por una cuestión de salud democrática: los contrapesos en el ejercicio del poder son muy necesarios.

Dos Palabras
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