Corrupción: Querida Cristina, mira que lo siento, pero deberías presentar tu dimisión

Querida Cristina, mira que lo siento, pero deberías presentar tu dimisión

Precisamente a ti, que enarbolaste la bandera de la limpieza y la regeneración, a sabiendas de que hacerlo engordaba la lista de enemigos internos, ahora te han servido frío el plato de su venganza

Foto: Javier Arenas saluda a Cristina Cifuentes durante la inauguración de la Convención Nacional del PP. (EFE)
Javier Arenas saluda a Cristina Cifuentes durante la inauguración de la Convención Nacional del PP. (EFE)

Lo siento porque, francamente, no te merecías pasar este trago ni que tu carrera política se quebrara tan bruscamente. Sin duda para los dirigentes de la oposición todo esto era inevitable y en su legítima ambición por hacerse con el poder han exprimido el caso del máster hasta el extremo, identificándote a ti con lo peor de un PP que se pudrió con la corrupción. Precisamente a ti, que enarbolaste la bandera de la limpieza y la regeneración, a sabiendas de que hacerlo engordaba la lista de enemigos internos que ahora han servido frío y calculado el plato de su venganza.

Y se han cobrado la pieza que estaban buscando, porque por mucho que pretendas resistirte tu carrera política, al menos la inmediata, se ha truncado aquí, en la estúpida e ingrata causa de un máster malogrado que te estarás arrepintiendo 'ad infinitum' haber cursado, aunque fuera de un modo tan irregular como lo hiciste. No te hacía falta, y precisamente porque no te hacía falta ni era un requisito necesario para ser cualesquiera de los cargos a los que aspiraras, no tiene sentido el empeño en adornar tu currículum con un título que a todas luces se te ha concedido de un modo muy poco ortodoxo, en franco agravio comparativo con el resto de los alumnos que cursaron ese mismo máster y los que cursan otros obligados a cumplir estrictamente los requisitos exigidos para obtener el aprobado final.

No tiene sentido el empeño en adornar tu currículum con un título que a todas luces se te ha concedido de un modo muy poco ortodoxo

Has pasado, sin lugar a dudas, los peores quince días de tu vida política —a excepción del accidente de moto que casi acaba con tu vida— y pudiste haberlo evitado si en lugar de intentar escabullirte de unas informaciones que, poco a poco, iban estrechando el cerco hasta hacer evidente que todas las explicaciones con las que intentabas hacer creer que todo había sido limpio y correcto carecían de fundamento, hubieras admitido la irregularidad. Alguien te aconsejó mal diciéndote que negaras lo evidente. Lo suyo era haberlo reconocido desde el principio: "Es verdad, quise hacer ese máster pero mis ocupaciones me impedían cumplir con las exigencias del mismo y recibí un trato de favor. Renuncio al título y pido a la universidad que lo revoque, e intentaré volver a cursarlo de manera irreprochable en cuanto mi tiempo me lo permita".

Incapaz de reconocer un error

Y sí, habría habido cierto revuelo, pero se habría acabado ahí. Sin embargo los políticos no sois capaces de reconocer un error, y ese es el problema. Y ahora ya es tarde, ya no tiene más solución que la de presentar tu dimisión e intentar irte de la manera más digna posible. Reconozco que, desde mi punto de vista, tu actitud me ha defraudado, porque creía que Cristina Cifuentes estaba hecha de otra pasta, pero he comprobado que está hecha de la misma que el resto de sus compañeros, y así le va al PP por mucha Convención Nacional que haga para intentar contrarrestar lo que ya es inevitable: la debacle, la hecatombe, la extinción.

Deberías dimitir, por vergüenza torera, por higiene democrática. Los políticos que no dicen toda la verdad, no deben seguir al frente de instituciones

Deberías dimitir, por vergüenza torera, por higiene democrática. Los políticos que no dicen toda la verdad, o que intentan ocultarla, no deben seguir estando al frente de las instituciones que gobiernan. A eso se añade que, de no hacerlo, te vas a ver obligada a sufrir el calvario de, primero, una moción de censura que pivotará de nuevo sobre el caso del máster con muchas y nuevas informaciones que ponen en entredicho toda tu argumentación. Y, segundo, de no salir adelante lo primero, tendrás que enfrentarte nada menos que a una comisión de investigación que no va a dejar sin rastrear ni un milímetro de tu vida pública y privada. ¿De verdad merece la pena? Porque al final, te guste o no, las evidencias son tan poderosas que, por mucho que te empeñes en negarlo y te enroques en un cargo como si te fuera la vida en ello, la sentencia de culpabilidad ya está dictada.

Es mejor agachar la cabeza e irse, aunque cueste tomar esa decisión. Demuestra que sabes conjugar el verbo dimitir, a diferencia de otros muchos que no aprendieron esa lección y salieron de sus cargos en medio de estériles polémicas que dañaron su imagen para los restos, cuando no acabaron con ellos inhabilitados o entre rejas. Saber irse es una lección difícil de aprender en política, aunque algún maestro hay, pero acaba siendo mucho más satisfactoria que la de no saber quedarse.

Dos Palabras

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