La heredera de DYC cierra el grifo a su marido, avión privado incluido, para disgusto de sus amistades... también las reales

El pasado jueves 7 de junio, en el palco real de la madrileña Plaza de Toros de Las Ventas, su majestad el Rey Juan Carlos disfrutaba

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    El pasado jueves 7 de junio, en el palco real de la madrileña Plaza de Toros de Las Ventas, su majestad el Rey Juan Carlos disfrutaba de la contienda acompañado de un desconocido, de nombre Manuel Piñera Gil-Delgado, a quien la suerte, a pesar de codearse con amistades tan insignes, ha dejado de sonreír. Y todo por desavenencias con su esposa María Teresa, que le ha cerrado el grifo de su inmensa herencia, arrebatándole incluso el espectacular avión privado del que disponen.

    María Teresa es hija adoptiva de Nicomedes García, empresario segoviano que se hizo de oro surtiendo de alcohol y turrón a los Nacionales durante la guerra civil y que le dejó en herencia el imperio formado por empresas como Destilerías y Crianza del Whisky (marca comúnmente conocida como DYC), Anís Castellana, Auto Res, Naviera Nicomedes García, la Agencia de Publicidad Azor (famosa por su diseño del Toro de Osborne) y el Banco General del Comercio y de la Industria, que vendió a Rumasa en 1977. Por heredar, heredó hasta el tapón irrellenable patentado por su padre.

    Nicomedes, quien nació con el siglo XX en Valverde del Majano, castellano como su anís, fue una persona austera y trabajadora. A lo largo de su vida, consiguió numerosas distinciones, como ingresar en la Asociación de Destiladores de Escocia en 1973 tras la compra de la fábrica de whisky Sandy Macnab y Lochside.

    Sin embargo, nada le enorgullecía más que haber recibido la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo. Otra de sus obras es la Fundación que lleva su nombre, creada para fomentar la cultura, con un capital inicial de 1.000 millones de pesetas y en cuya presentación, en marzo de 1989, estuvo presente otro segoviano ilustre, S.A.R. Don Juan de Borbón, a la sazón, padre del actual Rey.

    Su hija adoptiva, María Teresa, se casó con el arriba mencionado Manuel Piñera Gil-Delgado, un tipo sin complejos. No en vano, suya fue la decisión de dar publicidad del conocido whisky cuando la Vuelta Ciclista a España pasaba por estas destilerías, en Palazuelos de Eresma, pueblo cercano al Real Sitio de La Granja y que hoy sufre del mal de la especulación inmobiliaria y de la escasez de agua bajo la alcaldía de IU.

    Quienes conocieron a Nicomedes saben que el patriarca, que nunca soportó al bon vivant de su yerno, le mandaba a paseo en bici para no tener que verlo. Sus despachos, en las oficinas de la calle Cedaceros de Madrid, no podían estar más alejados. El patriarca castellano del whisky falleció el 19 de abril de 1989. Piñera tuvo a partir de entonces vía libre para operar. Sólo un año después, Pedro Domecq compró DYC y Castellana. Tiempo después, en 1994, una oferta de compra de Allied Lyons sobre Domecq, permitió a Manuel Piñera Gil-Delgado embolsarse cerca de 15.000 millones de las antiguas pesetas.

    Tras recibir esa formidable herencia, la vida de Manuel Piñera dio un giro de 180 grados: viajes a Cuba en su propio avión; cacerías en Ciudad Real, donde la familia posee la impresionante Finca Guedea; estancias en Marbella -participa en la mercantil Marina Marbella-; y barcos en Mallorca -es presidente de Marina Marbella Balear-; y por ahí seguido.

    Según fuentes de toda solvencia, un buen día de finales de los 90, durante un veraneo mallorquín, recibió una llamada de teléfono. Era Manuel Prado y Colón de Carvajal. El Rey Juan Carlos I le quería conocer. Ese día en Marivent nació una amistad de viajes internacionales, cacerías, relaciones, visitas del Monarca en helicóptero a su casa... idas y venidas que perduran hasta nuestros días. Sin ir más lejos, hasta la cita del pasado 7 de junio en Las Ventas.

    Cuentan las malas lenguas que, en su vida desahogada, Manuel Piñera Gil-Delgado se ha ‘bebido’ buena parte de la fortuna que amasó con sus propias manos Nicomedes García gracias al nunca bien ponderado whisky DYC. Y todo por esa generosidad propia de wahabí de la que gusta hacer gala entre sus amigos. Sin embargo, las malas lenguas cuentan que María Teresa le ha cerrado el grifo, incluso con el que rellena el tanque del avión.

    El Confidente
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