Javier Diez Polanco no se ha ido: le han echado

En la nota oficial emitida ayer por el Grupo Prisa en torno a la bomba protagonizada por la salida de Javier Díez Polanco del área audiovisual

En la nota oficial emitida ayer por el Grupo Prisa en torno a la bomba protagonizada por la salida de Javier Díez Polanco del área audiovisual de Prisa (director) y Sogecable (consejero delegado), hay un ejercicio de caridad cristiana muy encomiable y un detalle de refinada maldad propio de una mente como la de Juan Luis Cebrián, el único y verdadero capo que, tras la muerte del fundador, hoy corta el bacalao en el otrora imperio mediático de la familia Polanco. Curioso: caridad y maldad viajan juntas en el mismo párrafo. Veamos.   

La “cosa” cristiana tiene que ver con la afirmación de que Díez Polanco “abandonará por voluntad propia sus actuales responsabilidades para iniciar una nueva etapa profesional” (sic). La pérfida maldad viene justo a continuación: “Su decisión ha sido tomada en el marco del actual proceso de transformación y cambio emprendido por el Grupo PRISA”. De risa o de cachondeo, a elegir.

La verdad es que todo el mundo en Prisa estaba al cabo de la calle de que Cebrián -alter ego de Jesús Polanco en el largo proceso de nacimiento u consolidación de Prisa como primer grupo español de comunicación- y Díez Polanco no se podían ver. Coexistían malamente en vida del fundador. Su fallecimiento puso al uno en valor (Cebrián), mientras descubría las flaquezas del otro (Díez Polanco), “el sobrinísimo” que un día fuera considerado como el heredero de Don Jesús en la gestión del grupo.

Lo que muy pocos saben que Javier Díez Polanco había perdido la batalla interna por el poder en vida de don Jesús. La perdió exactamente el día en que, ¡ah, la llamada de la sangre!, el capo di tutti capi, es decir Jesús Polanco, ya gravemente enfermo, nombró en vida a su hijo Ignacio como presidente del Grupo y, por tanto, sucesor. Ahí se la jugó definitivamente Cebrián. Lo logró en las largas visitas que realizó a la Clínica Ruber donde estaba ingresado Don Jesús, consiguiendo convencer al enfermo de la necesidad de nombrar heredero en vida a Ignacio.

Cebrián sabía lo que hacía. Ignacio es un hombre de pulso débil que jamás le iba a discutir la dirección efectiva del grupo. Díez Polanco fue reubicado al frente de Sogecable, y ahí es donde se iba a fraguar buena parte del drama de un grupo que debe hoy cerca de 5.100 millones de euros y que técnicamente está en quiebra. La cabezonería del ‘sobrinísimo’ (“un tipo fatuo, petulante y cursi, cuya gran aspiración intelectual ha consistido en mimetizarse hasta tal punto con su tío que llegó a hablar como él”, según una fuente de Prisa) se granjeó la enemistad de la mayoría de la gente del  fútbol, convirtiéndose en un obstáculo insalvable para la búsqueda de una solución en un tema, el susodicho fútbol, capital para la salvación integral del negocio.    

“A Díez Polanco se lo han cepillado, esa es la verdad y lo demás son cuentos”, aseguran las fuentes. Y, con el respaldo de Matías  Cortés, se lo cepilla Cebrián –con los hermanos Ignacio y Manuel Polanco haciendo la vista gorda o mirando hacia otra parte- cuando se convence de que el “primo” se ha convertido en el tapón que impide la búsqueda de una salida de esa crisis terminal, salida que pasa por la venta de la plataforma digital, por una fusión o por ambas cosas a la vez (lo más probable). La fusión está a punto, y se llama La Sexta. Atentos a la pantalla.

Cuentan en Prisa que anteayer, el mismo día en que se hizo pública la noticia, Javier Díez Polanco estaba “con una depresión de caballo”. No es para menos. Porque a la caridad y la maldad antes citadas, el grupo que creyó heredar un día ha añadido la humillación: “Díez de Polanco continuará vinculado al Grupo como asesor estratégico de la Dirección del mismo”, según la nota, puño y letra de Cebrián, hecha pública por Prisa el lunes. Y es que hay gente que no se sabe ir de los sitios de donde les echan, y que a la humillación son capaces de añadir el  deshonor.

El Confidente
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