La secretaria de Corulla estalla: "Estoy harta de ser su chica de los recados, de sus coacciones y engaños"
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La secretaria de Corulla estalla: "Estoy harta de ser su chica de los recados, de sus coacciones y engaños"

El lado más gris de Montserrat Corulla quedó ayer al descubierto. Debido al desprecio con el que habitualmente ha tratado a sus subordinados, la declaración en

El lado más gris de Montserrat Corulla quedó ayer al descubierto. Debido al desprecio con el que habitualmente ha tratado a sus subordinados, la declaración en el juicio por el caso Malaya de una antigua empleada ha terminado por volverse en contra de una de las juristas más deseadas de España. Gracias a Úrsula Quinzano hemos descubierto la marca de jamón york que le gusta a Juan Antonio Roca y otras perlas. Por ejemplo -y esto lo contó con todo lujo de detalles- cómo Corulla fue “la mano que meció la cuna” para que “desapareciera de las oficinas de Condeor toda la documentación sobre el caso Saqueo I, por el que cumple condena actualmente Roca, dando instrucciones al portero de la finca para que retirara las cajas”.

No hubo desperdicio en la declaración de Quinzano, su fiel secretaria que durante mucho tiempo tapó todos los gazapos y todas las desidias de la “dama del velo blanco”. Pero ayer no pudo más; reventó en plena sala para contar toda la verdad sobre su jefa: “Estoy harta de ser su chica de los recados, harta de sus coacciones y de sus engaños”.

El último de estos episodios se produjo el 27 de septiembre de 2010, el día que comenzó la vista del juicio por el caso Malaya. "Me acorraló en los pasillos preguntándome qué es lo que tenía que decir". Ante su resistencia, Corulla la amenazó con "ir a la cárcel" para entrevistarse con Juan Antonio Roca, de modo que ambas comparecieran en la vista oral como simples secretarias, sin relación jerárquica.

Pero Úrsula no se achicó. Ayer escupió todo lo que sabía: “No podía mover un papel sin que Montserrat me diera su autorización. Me llamaba a las cinco de la mañana para que enviara el chófer a recogerla estuviera dónde estuviera". Toda una tortura psicología, que llegó hasta el punto de hacerla "cambiar de teléfono móvil" debido a la presión. A punto de romper a llorar, Quinzano reconoció ayer que “nunca se sintió presionada por la Policía ni por el juez instructor, sino por Montserrat”.

La “mandamás”

No es la primera vez que una de las subordinadas de “mandamás” Corulla carga con todo contra la letrada. Una de las secretarias de Pedro Pueyo en el grupo Oasis, en la época en la que Montse trabajó en el departamento legal, contó a El Confidencial una anécdota significativa sobre una ocasión en la que, en su despacho, la tuteó. “Era lo normal, no sé, como las dos teníamos la misma edad, yo era la secretaria del jefe y demás, la tutee. Que si ‘Montse’ por aquí, que si ‘Montse’ por allá. Cuando me escuchó se puso muy seria y dijo: ‘Montse no, por favor llámame Doña Montserrat’. Para ella las secretarias éramos una raza inferior”.

Así es. Y a pesar del rollo Zen que ahora se gasta la testaferro de Roca en atavíos, yogas, meditaciones y demás, ayer hubiera fulminado a Úrsula con un rayo si en su mano estuviese. Su empleada no paraba de contar lindezas, una detrás de otra. Relató que Corulla le advertía que debía tratar muy bien a Roca cuando fuera a Madrid. La encargó recoger a Doña Rosa Jimeno del aeropuerto, acompañar a María Roca al ginecólogo y, lo más rocambolesco de todo, ir a la charcutería para comprarle al “jefe”  jamón de york “del que le gusta a Don Juan Antonio”, Campofrío. “Su preferido”.

Juan Antonio Roca Caso Malaya