Los inversores, inquietos con el ascenso de la rama neocomunista de Izquierda Unida

Los inversores extranjeros, y también los nacionales, que parecen decididos a aprovechar las gangas que ofrece España con sus bajos precios en todos los sectores, están

Los inversores extranjeros, y también los nacionales, que parecen decididos a aprovechar las gangas que ofrece España con sus bajos precios en todos los sectores, están preocupados ante lo que las encuestas preconizan de cara al futuro político inmediato: el avance de los neocomunistas de Izquierda Unida en detrimento de la izquierda moderada y la socialdemocracia que personaliza el PSOE.

Lo que realmente les tiene preocupados es que ese avance (las encuestas hablan en estos momentos del diez puntos de incremento hasta el 17% de los votos), les permita condicionar Gobiernos autonómicos, municipales e incluso el Gobierno de España a imagen y semejanza de lo que está ocurriendo en Andalucía tras las celebración de las últimas elecciones autonómicas. Aquí, el peso de IU es total en las decisiones que tomó antes el Gobierno de José Antonio Griñán y ahora el de Susana Díaz, con el vicepresidente Diego Valderas como auténtico hombre fuerte de la situación.

IU, tras la defenestración de Gaspar Llamazares y la llegada del “rural” (denominación interna para referirse a Cayo Lara), está siguiendo una línea antisistema total, con un discurso de las barricadas totalmente alejado del practicado por Santiago Carrillo al inicio de la Transición y durante su mandato último, al igual que ocurrió después con Julio Anguita y otros dirigentes.

Lara está dominado, según fuentes internas, por la línea más populista y revolucionaria de la coalición. Sus portavoces han tomado la mayor parte de las tribunas que los medios convencionales de información tienen reservadas para la izquierda –desde Cuatro a laSexta, pasando por Telecinco–, desde donde sus proclamas sus claras: hay que asaltar el poder en la calle.

Distintos informes de analistas financieros así lo reflejan. Y alertan a sus clientes de que, si Izquierda Unida consiguiera una representación institucional suficiente para condicionar los poderes, estaría en riesgo la “seguridad jurídica” del país.

Por ahora, lo que se detecta es un discurso agresivo antiinstitucional y anticonstitucional con aires de revancha histórica. Algunos editores de medios audiovisuales han sido también alertados acerca del peligro que representa dar cancha a estos elementos que consideran que la democracia parlamentaria y liberal es una antigualla.  

El Confidente
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