La cultura Starbucks llega a los jefes de BBVA

Mark Jamison, uno de los seis nuevos ejecutivos en los que recae la nueva filosofía del banco, se pidió un café en esta cadena y se puso a brujulear con su portátil de Apple en busca de nuevas ideas

Foto: Mark Jamison. (BBVA)
Mark Jamison. (BBVA)

El pasado 4 de mayo, Francisco González sorprendió a propios y extraños. Aquel lunes por la tarde, el gallego septuagenario presidente de BBVA anunció una revolución en las entrañas del segundo banco del país que supuso el relevo del consejero delegado y la salida a la fuerza de cinco de los directores generales miembros del anterior comité de dirección.

Paco González, en aras de acelerar la transformación digital del banco para estar en disposición de enfrentarse a los gigantes de Internet y los social media, puso la entidad en manos de varios ejecutivos estadounidenses totalmente desconocidos para la vieja guardia de BBVA. Algunos de los nuevos responsables de negocio del grupo ya se han instalado en Madrid y empiezan a poner de manifiesto la nueva cultura.

Que no es ni más ni menos que la que las empresas americanas han instalado en sus oficinas transversales: fuera corbatas, fuera papeles, reuniones rápidas y cafés de medio litro entre call y call. Es lo típico de las películas de Hollywood sobre las empresas de éxito al otro lado del charco, como La Red, pero llevado a la realidad.

Así, la semana pasada, Mark Jamison, uno de los seis nuevos ejecutivos en los que recae la nueva filosofía de BBVA, iba a primera hora camino a la torre del banco en el distrito empresarial de Azca, a un paso del Santiago Bernabéu. Pantalón vaquero, chaqueta informal, camisa blanca, típica de las corporaciones americanas que intentan trasmitir transparencia. Esa era su indumentaria. Nada que ver con el tradicional traje y corbata azul, los colores de la entidad bilbaina.

En el anonimato más absoluto, Jamison, responsable de crear e impulsar soluciones y productos globales, incluyendo los sistemas con los que pagaremos en cualquier tienda o restaurante, entró en el Starbucks de la calle Orense, se pidió el popular café americano tipo litrona y se puso a brujulear con su portátil de Apple en busca de nuevas ideas para los clientes de BBVA.

Con la misma discreción, el nuevo ejecutivo, de entre 40 y 50 años, se fue poco después, mochila en ristre, con su extra coffee en la mano, a las oficinas centrales a reunirse quizás con un FG que, por coherencia, tendrá también que adaptarse a los nuevo estereotipos de sus chicos digitales. 

El Confidente
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