Javier Monzón, de presidir Indra a las tertulias bohemias de Malasaña
  1. España
  2. El Confidente
El Confidencial

El Confidente

Por
EC

Javier Monzón, de presidir Indra a las tertulias bohemias de Malasaña

¿Qué hacía un gran empresario entre los jóvenes columnistas del panorama literario?

placeholder Foto: Javier Monzón, en una imagen del pasado mes de septiembre junto a Ana Patricia Botín (Efe)
Javier Monzón, en una imagen del pasado mes de septiembre junto a Ana Patricia Botín (Efe)

La escena no tenía nada de especial en un jueves por la noche en el centro de Madrid. En un bar cualquiera, un amplio grupo de jóvenes bebían y charlaban disfrutando del sorprendente buen tiempo del otoño. Claro que los paseantes más avispados que circulaban por la Corredera Baja de San Pablo distinguían entre ellos a algunas de las plumas más prometedoras del 'columnismo' nacional, como Juan Soto Ivars, Jorge Bustos o David Torres, rodeados de otros pintorescos acompañantes como los autores de la revista ultrarracionalista Homo Velamine.

Pero las noches bohemias son más entretenidas cuando en ellas se cuelan personajes inesperados, que aporten el punto necesario de contraste respecto a la 'fauna' habitual. Así, entre melenas, bigotes, barbas y fulares de treintañeros, se podía ver a un hombre más veterano al que ninguno de sus contertulios parecía reconocer.

Javier Monzón, el que fuera presidente de Indra durante dos décadas hasta hace apenas un par de años, se fundía con naturalidad entre los jóvenes literatos. La presencia del expresidente de la empresa participada por el Estado en tan peculiar cónclave se explica porque se encontraba acompañando a su esposa Eva Serrano, fundadora de la editorial Círculo de Tiza, que ha publicado 'Un abuelo rojo y otro abuelo facha', el último libro de Juan Soto Ivars, reportero de este diario. El grupo venía precisamente de la presentación de este "manifiesto biográfico contra el mito de las dos Españas" en una librería cercana.

Monzón disfrutó la velada departiendo amablemente sobre lo divino y lo humano en las aceras de Malasaña, liberado ya de sus responsabilidades desde que el Gobierno forzó su salida en Indra con su consiguiente indemnización de 14,5 millones de euros. Y es que aunque el empresario esté acostumbrado a gozar de comodidades, no tuvo problema en pasar el rato copa en mano entrando y saliendo de un humilde local, mucho más cercano a los clásicos bares 'de viejos' que a los establecimientos 'hipsters' que proliferan en la zona.

Javier Monzón Noticias de Indra Malasaña Literatura