Ferraz continúa con los despidos: ahora echa a un puñado de asistentes del grupo

La dirección de Sánchez prescinde de trabajadores del partido en el Congreso, encabezados por José Gallego, que se encargó de la comunicación de Díaz en primarias. Los críticos hablan de "purga"

Foto: Pedro Sánchez, acompañado de miembros de su ejecutiva y de la dirección parlamentaria, el pasado 20 de junio. (EFE)
Pedro Sánchez, acompañado de miembros de su ejecutiva y de la dirección parlamentaria, el pasado 20 de junio. (EFE)

José Luis Ábalos, el número tres del PSOE, bromeaba hace unos días con la reestructuración del Grupo Socialista. Los cambios habían sido menores, nada importantes. Nada de purgas. En todo caso, "purguita". Es cierto que los ajustes de diputados de la nueva dirección de Pedro Sánchez han sido más bien limitados. Aunque quería haber hecho alguno que otro más. Pero sí que está maniobrando con el personal de la casa. Algunos trabajadores han visto forzada su salida.

Ya sucedió hace dos semanas con el director de Comunicación del grupo en el Congreso, el periodista gallego Rodolfo Irago. Ahora la cúpula ha acometido una reorganización más amplia. Este jueves, comunicó el despido de un puñado de asistentes del partido en la Cámara Baja, un gesto que algunos dirigentes calificaban directamente de "purga" y que decían no entender, porque eran trabajadores asociados a las siglas, que habían currado para ellas durante años, aunque sí que admitían que "la mayoría" se habían sentido más próximos a la etapa anterior, la de la gestora de Javier Fernández. Fuentes oficiales rehusaban entrar en detalles, pero explicaban que los relevos obedecían a "razones de reorganización interna, normales cuando hay un cambio de dirección".

Fueron cinco los nombres que trascendieron, aunque en principio habría dos o tres más en la lista. José Ramón Gallego, Idoia Esteban del Amo, José Villalba, Gema Bonilla y Angélica Navalón. Todos ellos fichados como asistentes del grupo, lo que quiere decir que son nombrados y cesados por la cúpula parlamentaria y no tienen derecho a indemnización. En total, los socialistas disponen, para esta XII Legislatura, de un total de 65 asistentes (la ratio es de 0,77 por diputado).

El más claramente ligado a Susana Díaz era el primero, José Gallego, que llevaba nueve años trabajando para el grupo. Primero como asistente de Javier Barrero, miembro de la Mesa del Congreso en varias legislaturas, y desde 2015, cuando el diputado por Huelva dejó la Cámara, como técnico del grupo. Pero durante todo este tiempo se encargaba de las labores de comunicación de los parlamentarios andaluces en Madrid —son 20 en esta legislatura, de un total de 84, el 23,81%—, del mismo modo que los del PSC también cuentan con una persona de confianza en el departamento de prensa que despacha los asuntos vinculados directamente a ellos.

En Ferraz no quieren entrar en detalles y justifican los despidos por "razones de reorganización interna", habituales si entra una nueva ejecutiva

Durante la última campaña de primarias, Gallego, que dependía funcionalmente del diputado por Málaga Miguel Ángel Heredia —ya ex secretario general del grupo y hombre de la confianza de Susana Díaz—, se encargó de la tarea de coordinación de prensa de la baronesa andaluza. La persona que servía de enlace, en comunicación, del equipo de la jefa de la Junta con Madrid. Era, en ese sentido, el interlocutor habitual de los periodistas que cubrían la información del PSOE, igual que Patxi López y Pedro Sánchez tenían designados a sus responsables de prensa, aunque ninguno de ellos tenía un pie en el Congreso.

ECEC

El emisario Simancas

Gallego fue despedido este jueves por el nuevo secretario general del grupo, el patxista Rafa Simancas, número tres de la dirección parlamentaria, por detrás de la portavoz, Margarita Robles, y su adjunta y vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra. Según fuentes socialistas, el diputado argumentó que la ejecutiva quería "formar nuevos equipos". Como sucediera con Irago, también se repitieron los mensajes de solidaridad de los informadores, y también de algunos parlamentarios. A todos les agradeció sus palabras de afecto.

Simancas fue el encargado de comunicar también los demás despidos, igual que hace una semana trasladó los cambios de portavocías. Era, simplemente, el "brazo ejecutor", como decían en las últimas horas en el partido. De los demás perfiles, quien destaca es Angélica Navalón, que había sido secretaria de Sánchez en Ferraz, y luego del presidente de la gestora, Javier Fernández.

"Es gente profesional en su mayoría a los que la nueva dirección no considera de confianza. A eso se junta que deben tener mucha necesidad de contratar a otra gente que sí consideran de mayor confianza", relataba a este diario una diputada. "Ha sido una escabechina, pero todo le sale gratis", confiaba otro parlamentario.

Los críticos creen que las salidas responden a la necesidad de expulsar a trabajadores menos cercanos para fichar a nuevos más alineados

Este periódico intentó contactar, sin éxito, con Simancas. Y en Ferraz no querían hablar de cuestiones del personal de la casa. "Tampoco nadie habló entonces cuando los cargos de confianza fueron cesados cuando dimitió Pedro, ni cuando la gestora hizo su equipo y tenía gente contra la pared", indicaban desde el equipo del líder, insistiendo en que los cambios eran normales y lógicos cuando entra una ejecutiva distinta. Críticos con Sánchez oponían, sin embargo, que los despedidos no eran 'staff' de confianza, sino trabajadores con años a sus espaldas de servicio al PSOE, y que era "insólito" que se les despidiera, porque el partido "solo ha echado a trabajadores cuando ha habido ERE, pero no así". Y fuentes próximas a la antigua gestora defendían que no se procedió a "ningún despido de trabajadores".

El cambio frustrado en la Mesa

El primer caído con el regreso del exdiputado madrileño fue Rodolfo Irago que, procedente de la SER —había sido director de Informativos—, había aterrizado en el PSOE en agosto de 2011, como asesor de la campaña de Alfredo Pérez Rubalcaba. En febrero de 2012, cuando el exvicepresidente del Gobierno se convirtió en secretario general, fue nombrado director de Comunicación del PSOE, cargo en el que permaneció hasta la llegada de Sánchez. Entonces, se marchó con el portavoz parlamentario, Antonio Hernando, para asumir así la jefatura de prensa del grupo en la Cámara Baja. Aguantó también con la gestora pero, tras la elección de Margarita Robles como nueva portavoz, Ferraz decidió relevarlo. Su puesto sigue hoy vacante, aunque ya hay una sucesora elegida que se incorporará a comienzos de la semana próxima.

Micaela Navarro y Juan Luis Gordo, vicepresidenta segunda y secretario segundo de la Mesa, en septiembre de 2016 en el Congreso. (EFE)
Micaela Navarro y Juan Luis Gordo, vicepresidenta segunda y secretario segundo de la Mesa, en septiembre de 2016 en el Congreso. (EFE)


Además de los retoques en la estructura de personal y en la remodelación comedida del grupo, Sánchez sí intentó propiciar la marcha de uno de los dos miembros de la Mesa del Congreso. En concreto, persiguió la renuncia del segoviano Juan Luis Gordo, con el argumento de que necesitaba tener a una persona "de confianza" en el órgano de gobierno de la Cámara Baja. Su compañera Micaela Navarro, diputada por Jaén y vicepresidenta segunda, puso su cargo a disposición, pero la dirección no aceptó su sustitución. Gordo se atrincheró en su sillón: el suyo es un puesto institucional, dijo, que se elige en cada arranque de legislatura, y no había razones para ser removido.

El primer caído fue el 'dircom' en el Congreso. Sánchez también intentó propiciar el relevo de Juan Luis Gordo, secretario de la Mesa, sin éxito

Vista la rotunda negativa del diputado, secretario segundo de la Mesa, la dirección se resignó. En caso de que este hubiera aceptado, el pleno del Congreso habría tenido que votar para cubrir la vacante, para lo que el PSOE habría necesitado el compromiso de los demás grupos a respetar su cuota. Sánchez arrastra desde hace meses falta de sintonía con Gordo: era uno de los suyos, pero justo antes del comité federal que lo destronó, el parlamentario se descolgó porque consideraba una locura la convocatoria de un congreso exprés, como pretendía aprobar el secretario general. Luego defendió la abstención y pasó a las filas de Díaz.

El Confidente

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