La estrella de Marruecos es un guaperas y exfutbolista francés

Hervé Renard jugó un solo partido en la primera división francesa, pero se ha convertido en una figura muy popular entre las mujeres y los gays del mundo francófono

Foto: Hervé Renard, durante el partido ante Irán (Efe)
Hervé Renard, durante el partido ante Irán (Efe)

El mundo del fútbol no conoce a Hervé Renard. Si busca en su historial, verá que tan solo jugó un partido en el Cannes en la primera división francesa. Después, no se sabe bien cómo, ha entrenado a diversas selecciones africanas, casi todas del ámbito francófono, con éxitos notables, como ganar dos veces la Copa de África o clasificar a Marruecos para un Mundial después de dos décadas.

Aunque en líneas generales es un desconocido, en la distancia corta Renard es un hombre magnético, un encantador de serpientes. Junto a sus actuales pupilos, la selección de Marruecos, parece un elfo entre humanos: mientras ellos van en chándal y lucen cortes de pelo estrafalarios, Hervé muestra una figura escultural, un pelo impropio de alguien que roza la cincuentena y deja por donde pasa un rastro de perfume francés que no huele barato. El equipo, para colmo lo adora, y dicen de él que puede correr 10 kilómetros sin jadear o que se pone a hacer interminables series de flexiones solo para entretenerse.

El entrenador de Marruecos, Hervé renard, hace flexiones en el campo de entrenamiento. (Reuters)
El entrenador de Marruecos, Hervé renard, hace flexiones en el campo de entrenamiento. (Reuters)

En Kaliningrado fue la gran atracción de los medios y la afición. Todos los aficionados marroquíes, desplazados en masa a la ciudad, le buscaban para fotografiarse con él, antes incluso que con los jugadores. Especial interés tenían en Hervé las mujeres y los gays, incluso en la prensa, que se quedaban embobados durante la rueda de prensa. "¡Es guapísimo!", decía una compañera mexicana que escribe para una revista del corazón. "No creo que haya otro entrenador en el Mundial así, es impresionante".

Y lo cierto es que Hervé sabe que gusta y se gusta. Ayer fue el primero que se acercó a estrechar la mano a Fernando Hierro tras el pitido final, pese a haber encajado un gol en el descuento que le privó de una victoria histórica contra sus vecinos del norte. Después se ajustó la camisa y bajó a atender a la prensa con la mejor de sus sonrisas, sabiendo que ahora no solo se le conoce por su clase y su atractivo personal, sino que también se ha hecho un hueco entre los entrenadores de élite. ¡Trés bien, Renard!

El Confidente

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