Gabriel Rufián, el 'after' y el flamenco

Los melodramas teatrales del diputado en la Cámara Baja son moneda común desde hace tiempo, pero hay otra leyenda secreta que tiene que ver con sus correrías nocturnas en la capital del 'país invasor'

Foto: Gabriel Rufián, en el Congreso de los Diputados.
Gabriel Rufián, en el Congreso de los Diputados.
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Gabriél Rufián volvió a liarla (roji) parda ayer en el Congreso de los Diputados. Con su estilo mezcla de 'makinavaja proleta', matón de patio de colegio y desesperado buscador de la atención pública, el portavoz de ERC llamó "indigno" al ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, y "fascistas" a los de Ciudadadnos, fue expulsado de la Cámara por Ana Pastor y uno de sus lugartenientes, Jordi Salvador, amagó un escupitajo a sus señorías. Los melodramas teatrales de Rufián en la Cámara Baja son moneda común desde hace tiempo, pero hay otra leyenda menos conocida que le persigue, comentada en corrillos de plumillas y otros mentideros, y que tiene que ver con sus correrías nocturnas en la capital del 'país invasor'.

Rumores legendarios de la noche madrileña cuentan que Rufián es asiduo a un mítico 'after' céntrico, sito en la plaza de Tirso de Molina, desde el que alguna vez se habría encaminado de empalmada al Congreso. Se trata de un local oculto en un edificio vacío que abre prácticamente todos los días de la semana, en torno a las seis de la mañana. El control de puerta es estricto, hace falta un amigo que esté en el ajo —o un número de teléfono secreto que se guarda como oro en paño— para que se desplieguen ante el recién llegado todos sus encantos. Un coche escoba selecto para los restos de la juerga capitalina y que ha ganado fama de 'after' tranquilo donde fumar, beber y otros menesteres sin la truculencia agresiva habitual —y abrumadoramente masculina— de los locales de última hora de la fiesta.

Y una fuenta cercana que asistió en primera persona a los hechos relata cómo una madrugá, hace algún tiempo, a un Gabriel Rufián ya bastante perjudicado se le acercó un flamenco habitual del lugar, se le quedó mirando largamente con una sonrisa y le soltó con genial retranca:

—Pa esto sí que te gusta Madrid, ¿eh?

El Confidente

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