Vivienda: la 'barcelonización' de Madrid tendrá que esperar

Los señores del ladrillo español, que han hecho inversiones milmillonarias en tiempos de crisis, llevaban dos semanas de sueño intranquilo ante el pacto PSOE-Podemos

Foto: Una profesional del sector inmobiliario durante una feria. (EFE)
Una profesional del sector inmobiliario durante una feria. (EFE)
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Desde que Pablo y Pedro se abrazaron en La Moncloa hace menos de dos semanas, los señores de ladrillo español dormían intranquilos. Su mayor miedo: que Podemos se hiciese con la cartera de Vivienda. En el mejor de los casos, temían que un ministro, o ministra, morado empezara a generar incertidumbre e inseguridad jurídica. En el peor, que comenzara a legislar el sector por encima de sus posibilidades.

Pero cuando lean la información que publica hoy El Confidencial, en la que se cuenta que la formación morada renuncia a esa cartera, probablemente puedan conciliar mejor el sueño. El argumento va por barrios dependiendo de a quién escuche cada uno. Que si Podemos no la quería porque no tiene competencias, que sí la quería pero como saben que no van a poder cumplir sus promesas prefieren renunciar a ella y así no decepcionar a sus votantes... Al final parece que las competencias de Vivienda quedarán donde estaban, con José Luis Ábalos, en el Ministerio de Fomento.

En la práctica, a pocos expertos del sector, se nutran de la ideología que se nutran, se les escapa que el sueño húmedo de Iglesias de controlar los precios del alquiler de forma directa, con precios máximos marcados por decreto, requiere de un esfuerzo técnico titánico que muy probablemente se alargue más de lo que pueda durar la legislatura.

Pero lo que temían más los grandes inversores inmobiliarios españoles, especialmente los que están familiarizados con la realidad de Barcelona y la de Madrid, es que la capital de España, con Podemos pisando moqueta en Moncloa, se 'barcelonizara' y empezara a ver la política de Vivienda de Ada Colau como laboratorio de lo que hay que hacer en el resto del país. Entre las medidas estrella de la alcaldesa hay algunas ya aprobadas, como la obligación de destinar a viviendas de protección oficial un 30% de la obra nueva y de grandes rehabilitaciones; y otras que se encuentran en el ADN del consistorio 'comú', como el mayor intervencionismo en los precios del alquiler o un laxo nivel de tolerancia con la okupación de inmuebles.

El miedo estaba ahí, a pesar de que hay factores diferenciales entre Madrid y Barcelona. Para empezar, en la capital catalana hay una red altamente movilizada de asociaciones vecinales, sindicatos de inquilinos y movimientos antidesahucios que llevan muchos años haciendo ruido y organizándose. La propia Colau se curtió políticamente ahí. Pero luego también hay cierta percepción de que las autoridades e instituciones catalanas, incluidos los Mossos d'Esquadra, se muestran reacios a visibilizar un enfrentamiento directo con esta red. La sensación es que en cualquier momento la CUP te puede montar un escrache, aunque seas un alcalde con raigambre independentista. Y nadie en Cataluña quiere eso ahora mismo.

El Confidente
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