presentación del plan de recuperación

Europa garantiza una legislatura completa y cargada de dinero

Sánchez presenta el Plan de Recuperación con tono triunfalista y con la mirada en 2023, mientras prepara un Presupuesto con 27.000 millones de fondos europeos que evitarán recortes

Foto: Pedro Sánchez, durante el acto de presentación del Plan de recuperación, Transformación y Resiliencia.
Pedro Sánchez, durante el acto de presentación del Plan de recuperación, Transformación y Resiliencia.

Ya sólo falta que los españoles sientan que su situación sanitaria y económica está a la altura de la alegría y satisfacción que ha transmitido hoy la Moncloa.

Nadie organiza las fiestas como el equipo de Pedro Sánchez. Esto es así. Lo mismo coloca 24 banderas y crea un “espacio de colaboración” con la Comunidad de Madrid que abre con Beethoven un acto telemático sobre economía, con mensajes de autoayuda colectiva y escenografía brilante.

La de este miércoles tenía por objetivo primario presentar el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Economía Española, pero en segundo término se trataba de explicarle a Pablo Casado con subtítulos, con redoble de tambor y música de piano que la legislatura tiene mucho recorrido.

Es una fiesta de despedida a las ganas del líder del PP por ver el fin del Gobierno de coalición y de bienvenida a una especie de acuerdo de legislatura que, en breve, se plasmará en la votación de Presupuestos.

Europa garantiza una legislatura completa y cargada de dinero

“Este Gobierno que todos veis con larga vida va a durar mucho menos de lo que pensáis algunos y, si no al tiempo», le dijo Casado a Federico Jiménez Losantos el martes, manteniendo su análisis según el cual el Ejecutivo de coalición tiene los días contados porque no resistirá la tensión de tener que abordar recortes en los Presupuestos.

En ese análisis descolocado basa su estrategia, pese a que algunos no paran de repetirle que se prepare para una legislatura larga y que decisiones como bloquear instituciones no aguantan mucho más tiempo. Pero la Moncloa le ha explicado con una fiesta que ahora es posible aprobar unos Presupuestos expansivos, que rompen el techo del gasto y sin recortes sociales impopulares porque incorporará 27.000 millones de euros procedentes de Bruselas.

Si algo ha ejercido Pedro Sánchez en su trayectoria política es la resiliencia, palabra mágica del acto

Por si no lo entendió bien, Sánchez ha remarcado que 72.000 millones de euros procedentes de Europa se concentrarán en los próximos tres años, lo que casualmente coincide con la fecha prevista para las próximas eleciones generales.

Mientras el líder de la oposición compite a su derecha en ponerle énfasis a la denuncia del pacto con los comunistas, con Bildu y con los independentistas la Moncloa firma acuerdos con patronal y sindicatos y organiza actos a los que acuden los grandes empresarios como si fuera el panal de rica miel de la fábula de Samaniego.

Durante el día, la fiesta, como casi todas las fiestas, evoluciona hacia la exaltación de la amistad. Las dos partes del Gobierno de coalición expresan su decisión de seguir adelante en la legislatura, con el pegamento de los fondos europeos y también la cohesión que da la presión externa del centro y la derecha.

Para lo que queda de mes, la fiesta de este miércoles tendrá continuidad en el acto de presentación del acuerdo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias sobre las cuentas; el envío a Bruselas del plan económico; la aprobación del proyecto de Presupuestos hacia el 20 de octubre; el debate sobe el techo de gasto en el Congreso; la moción de censura de Vox que parece diseñada por Iván Redondo y la votación de totalidad de los Presupuestos. Una fiesta (política) de otoño para ir hasta el final de la legislatura. Tener el BOE a mano ayuda mucho.

El marco del acto es el mismo marco triunfalista del “salimos más fuertes” que impulsó Moncloa, que fue la canción del inicio del verano, que luego aparcó y que ahora vuelve con la bandera azul y estrellas amarillas de Europa derramando fondos para la recuperación. Si algo ha ejercido Pedro Sánchez en su trayectoria política es la resiliencia, palabra mágica del acto, desde sus primarias iniciales, a su defenestración hace justo cuatro años, su recuperación y la moción de censura. Se encuentra cómodo en la épica.

"Somos una de las 20 naciones más influyentes del mundo", ha asegurado el presidente del Gobierno, tras relatar la lista de circunstancias que hacen de España un país con potencial en el mundo. Eso sí omitiendo que también estamos a la cabeza en incidencia del coronavirus. "La Costa Rica de Europa", ha dicho que somos por nuestra biodiversidad.

La fiesta la paga Europa. O la pagará, porque ahora viene un largo trámite que incluye la ratificación en todos los parlamentos europeos y una negociación delicada sobre detalles fundamentales. Por ejemplo, para los llamados “hitos” o condicionalidades que imponga Europa no haya referencias a las pensiones o a la reforma laboral, entre otras. Esa batalla se prolongará durante 2021 y precederá al inicio de la llegada de los fondos europeos. Primero como anticipo hacia marzo o abril (unos 6.000 millones) y luego como preludio del plan hacia mediados de años, con un importe de 27.000 millones que ya estarán en el proyecto de Presupuestos para evitar los recortes y sacrificios.

El sistema para el reparto de los fondos sólo centralizará el control en el Gabinete de Presidencia y la Oficina Económica de la Moncloa, con Sánchez al frente e Iván Redondo coordinando, con Manuel de la Rocha a sus órdenes, con representación de todos los departamento, y cada ministerio financiará proyectos concretos digitales y verdes. Con coordinación con las comunidades y control parlamentario en la Comisión Mixta sobre la UE del Congreso y el Senado.

Sólo falta que los españoles se puedan sumar a la fiesta y acomoden sus vidas a los marcos, relatos y significantes que emite la Moncloa. Por el momento, Europa asegura las condiciones. Y falta que la Administración asuma la gestión de esos fondos y reformas y no colapse como ha ocurrido con los ertes o el Ingreso Mínimo Vital.

Queda para la hemeroteca la cifra de 800.000 puestos de trabajo prometidos, idéntica a la mítica promesa de Felipe González en 1982 que nunca se cumplió

Finalmemte, mientras aún caía el confeti, la fiesta la ha empañado la decisión del juez Manuel García Castellón de pedir al Tribunal Supremo la imputación del vicepresidente Pablo Iglesias. Un revés para el Gobierno, no tanto por el resultado, como por el impacto a corto plazo. Por todo lo anterior, es decir, prolongar la legislatura, no parece probable que Sánchez fuerce la salida de Iglesias del Gobierno.

El patio del Congreso
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