El protocolo de Pedro Sánchez

Hay pocas cosas que nos pongan más a los españoles que una falta de protocolo, con lo que nos gusta poner a cada uno en su sitio y no dejar que nadie se crea que está por encima de los demás

Foto: Los Reyes, Pedro Sánchez y su mujer, Begoña Gómez, durante la recepción en el Palacio Real. (EFE)
Los Reyes, Pedro Sánchez y su mujer, Begoña Gómez, durante la recepción en el Palacio Real. (EFE)

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y su esposa, Begoña Gómez, se han saltado el protocolo en la recepción real del 12 de octubre; un borrón imperdonable. Tanto, que ese error de protocolo se ha convertido en la comidilla del país, se ha calificado como ‘un espantoso ridículo’ y hasta ha sido portada del periódico de más tirada nacional. No ha habido sobremesa sin comentario: "¡Es que esta gente no sabe estar!". Hay pocas cosas que nos pongan más a los españoles que una falta de protocolo, con lo que nos gusta poner a cada uno en su sitio y no dejar que nadie se crea que está por encima de los demás.

En realidad, el error no fue del presidente del Gobierno y de su esposa, sino de los servicios de protocolo de Moncloa y de la Zarzuela, que son los responsables de la coreografía de este tipo de actos. No he tenido el placer de participar en un acto de la Casa Real española, pero he participado en muchos de la Casa Real británica. Es responsabilidad de esos equipos de protocolo contar a los representantes de los gobiernos dónde tienen que estar, cuándo, cómo, qué tienen que hacer, a quién se tienen que dirigir, en qué orden y de qué manera. Especialmente, es su responsabilidad orientar a los nuevos gobiernos que acaban de tomar posesión sobre las reglas formales y protocolarias.

Obviamente, nadie sabe esas reglas sin que se las cuenten. Más que nada porque muchas de ellas son absurdas: en el Reino Unido no se le puede da la espalda a la reina directamente, así que antes uno ha de dar tres pasos hacia atrás de frente y después ya puede girarse; no se puede entablar conversación con ningún miembro de la Casa Real sin que se dirijan ellos primero a ti, y la primera vez que alguien, incluidos los primeros ministros, se dirige a la Reina, ha de decir ‘Your Majesty’ y después solo ‘ma’am’, que además ha de pronunciarse correctamente, con una ‘a’ cortita. En fin, que no es evidente. Como no nacemos con el conocimiento de esas reglas ni sinceramente merece la pena (espero que en eso estemos de acuerdo) que dediquemos parte del currículo educativo nacional a estudiar estas cosas, la primera vez que un político se encuentra en este tipo de situaciones lo normal es que sean los responsables de protocolo de su Gobierno y de la Casa Real los que se lo indican. No en el momento, como le ocurrió a Pedro Sánchez y a su esposa, sino de antemano.

Pero es que además las reglas del protocolo real evolucionan y lo hacen de manera distinta en las diferentes cortes reales. Hace solo unos años, en España, por ejemplo, el besamanos era mucho mas formal e implicaba reverencias por parte de las mujeres y una mera inclinación de cabeza por parte de los hombres; en España, los Reyes actuales han acabado (con acierto) con esa costumbre, pero en otras casas reales se sigue haciendo esa distinción entre mujeres y hombres. Lo mismo ocurre con la vestimenta: en el Palacio de Buckingham se les pide a las mujeres ir discretas y siempre con mangas que no muestren los hombros, mientras que en España hasta la Reina usa vestidos ajustados y de tirantes.

Michelle Obama, mientras conversaba con la reina Isabel II en 2009. (EFE)
Michelle Obama, mientras conversaba con la reina Isabel II en 2009. (EFE)

Es difícil juzgar con acierto las faltas de protocolo, porque dependiendo de quién sea la persona que se lo salta nos puede parecer o bien un signo de naturalidad o bien una falta imperdonable. A Pedro Sánchez y a su esposa les han llovido las criticas. Pero cuando el primer ministro holandés, Mark Rutte, fue al Palacio Real en bicicleta para obtener el permiso del Rey para formar Gobierno, a casi ninguno nos pareció una falta de respeto, sino un signo de cercanía y de normalidad. Lo mismo le ocurrió a Michelle Obama cuando, horror de los horrores, le pasó el brazo a Isabel II por la espalda: a cualquier otra persona la prensa la hubiera crucificado, pero en Michelle Obama, una persona cálida donde las haya, nos pareció una señal de afecto y de autenticidad.

Las críticas a Pedro Sánchez en la recepción del 12 de octubre no tienen nada que ver con que se haya saltado por error una formalidad sin importancia sino con algo mucho más grave: para muchos, el problema no es que el presidente y su esposa se colocasen al lado de los Reyes, sino simplemente el que estuviesen allí; porque muchos españoles todavía no aceptan que Pedro Sánchez sea el presidente del Gobierno y le ven (tanto a él como por extensión a su esposa) como un usurpador del cargo. Pero a los que no comulgamos con las políticas del presidente (entre los que me incluyo) y a los que no nos gustan sus aliados de gobierno (entre los que también me incluyo) nos sobran las razones de fondo para criticarle. Y esas razones son de tal envergadura que no debería hacernos falta recurrir a nimiedades protocolarias.

En versión liberal
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