Todo llega aunque llegue tarde

La última tendencia que nos ha llegado con cierto retraso es el populismo extremista y nacionalista de derechas. En EEUU, el Tea Party empezó en 2009, y en España esa tendencia surge ahora

Foto: El presidente de Vox, Santiago Abascal. (EFE)
El presidente de Vox, Santiago Abascal. (EFE)
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En España nos gusta pensar que somos diferentes, que aquí no solo se vive mejor sino que somos inmunes a muchas de las tendencias socio-políticas que afectan a los demás. Es difícil no pensarlo: somos un país dinámico, bien posicionado, que sigue creciendo y que ha sabido salir de crisis importantes. No hemos dejado que el populismo de izquierdas creciera tanto como se esperaba; y durante mucho tiempo nos hemos librado de los movimientos extremistas antimigración que afectan a casi toda Europa; encima tenemos sol, se come de fábula ¡y hasta parece que somos los que tenemos una esperanza de vida más larga! Pero lejos de ser diferentes, todo nos acaba llegando, aunque a veces tarde.

Durante la Transición se decía que España iba con 20 años de retraso económico con respecto a países similares. Esa distancia se fue acortando y en general el desarrollo económico de España está ahora a la par con el de los países de nuestro nivel. No ocurre lo mismo con las tendencias socioeconómicas y el debate ideológico, donde seguimos arrastrando un cierto retraso. Es difícil definir con precisión en qué consiste y cuál es su dimensión, pero se nota en todo, desde la política hasta las dinámicas sociales: cuestiones como la reivindicación del feminismo, que en España ha tomado fuerza hace unos tres o cuatro años, ya estaban en auge en otros países hace más de una década. Y mientras en otros países hace ya 15 años que se aceptó que el liberalismo no es simplemente abrir y desreglamentar mercados, sino empoderar al individuo, en España ese debate no ha empezado a cuajar hasta hace un par de años.

La última tendencia que nos ha llegado con cierto retraso es el populismo extremista y nacionalista de derechas. En Estados Unido el Tea Party empezó en 2009; en el Reino Unido, el auge de UKIP fue en 2012-2016; en Francia, Marine Le Pen estaba en la cresta de la ola en 2014-2016. Y en España esa tendencia surge ahora, a finales de 2018, con el salto de Vox en las elecciones andaluzas.

Lo importante del programa de estos partidos no son las políticas concretas, sino el saber canalizar el enfado y la ira

El programa de Vox tiene el mérito de ser corto y por tanto fácil de leer. Pero en el contenido es una copia de lo que muchos partidos de esa tendencia ideológica han venido diciendo en otros países durante años. Si a la sección de inmigración de Vox le añadiesen la propuesta de construir un muro (algo que tiene muy poco sentido en una península como España) podría ser perfectamente el programa de Trump, o de cualquiera de los populistas nacionalistas de derechas que proliferan por el mundo, desde Bolsonaro hasta Orbán. Lo importante del programa de estos partidos no son las políticas concretas, sino el saber canalizar el enfado y la ira. Nada más fácil en política que estar airado. Y nada más fácil para canalizar ese airamiento que culpar de todo lo que ocurre en cada país a los demás: ‘nosotros’ (los españoles nacionalistas y tradicionalistas de pura cepa) contra ‘los otros’ (inmigrantes, feministas, progresistas, separatistas y demás).

El programa de Vox también conecta con Trump, Le Pen o los británicos ‘brexiters’ en el antieuropeísmo. Es la seccion menos clara de su programa, pues no les conviene criticar abiertamente a la Unión Europea en un país como España, en el que ser antieuropeo no es popular. Pero su programa dice abiertamente que comparten la visión de Europa de los países de Visegrado: Hungría, Polonia, Eslovaquia y la República Checa. El grupo de Visegrado empezó como un grupo de oposición a la recogida de refugiados en 2016 y de ahí evolucionaron hacia un antieuropeísmo recalcitrante. Es por ello que son los aliados del americano extrumpista Steve Bannon, que está intentando montar una alianza política europea transversal para destruir la Unión Europea a golpe de talonario. Pero lo que ahora define estos países no es ni siquiera su antieuropeísmo, sino el recorte de libertades fundamentales, desde la independencia del poder judicial hasta la libertad de expresión. Es decir, una compañía nada recomendable.

Lo que ahora define a estos países no es ni siquiera su antieuropeísmo, sino el recorte de libertades fundamentales

Afortunadamente, ya se están empezando a ver serias grietas en muchos de los movimientos populistas nacionalistas de extrema derecha por todo el mundo, especialmente en aquellos países en los que este tipo de partidos han llegado al poder y tienen que poner sus ideas en práctica. En Estados Unidos, por ejemplo, las elecciones ‘mid term’ del pasado noviembre han supuesto un serio varapalo para Trump y ya son muchos los americanos que están hartos de sus fanfarronerías y su falta de propuestas políticas inteligentes y sensatas. Lo mismo ocurre en el Reino Unido, donde es ya más que evidente la falta de sentido común de los 'brexiters', quienes en tan solo dos años han metido en un lamentable callejón sin salida a su país.

Puede que en España Vox siga creciendo. O incluso que llegue al poder convirtiéndose en partido bisagra. Pero a largo plazo la fuerza de Vox disminuirá, como ya esta disminuyendo la fuerza de partidos similares en otros países. La tendencia de este tipo de partidos es la de subir cuando se pueden permitir el lujo de dedicarse exclusivamente a expresar su ira contra los demás y la de bajar en cuanto tienen que hacerse responsables de tomar decisiones concretas y gestionar el poder. Quizás en España todavía tengamos que esperar unos años para que llegue ese momento, pero el momento llegará. Porque ningún populismo sobrevive al contacto con la realidad.

En versión liberal
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