El feminismo y las etiquetas

Como el feminismo defiende la igualdad de derechos entre mujeres y hombres, no es un concepto estático sino que ha evolucionado a medida que esos derechos se han ido reconociendo

Foto: Movilizaciones feministas en Bilbao el pasado 8 de marzo. (EFE)
Movilizaciones feministas en Bilbao el pasado 8 de marzo. (EFE)

Hay pocas palabras que susciten tanta polémica como la palabra 'feminismo'. Tanto, que aunque algunos nos hemos definido siempre como feministas, todavía hay muchas personas que repudian la discriminación entre hombres y mujeres pero que no se atreven a confesar que son feministas o que solo lo han hecho hace poco tiempo.

Como el feminismo defiende la igualdad de derechos entre mujeres y hombres, no es un concepto estático sino que ha evolucionado a medida que esos derechos se han ido reconociendo: a principios del siglo XX, las feministas luchaban por el voto y vestían de blanco; después lucharon por los derechos laborales y la igualdad salarial y empezaron las huelgas de mujeres; más tarde vinieron los derechos sexuales, que es por lo que muchos tienen la imagen de las feministas quemando sujetadores, y ahora, ya en el siglo XXI, en las sociedades occidentales los y las feministas participan en el MeToo, las campañas contra la brecha salarial y la lucha contra los estereotipos de genero.

Es curioso que hayamos inventado el termino ‘feminismo’ para definir la igualdad de derechos entre mujeres y hombres, cuando no hay términos equivalentes para la lucha por la igualdad de derechos en otros ámbitos: el que niega la igualdad de derechos entre personas de razas distintas es un racista, pero al que la defiende no se le llama de una manera determinada sino que simplemente es ‘normal’. Lo mismo ocurre con la igualdad de derechos entre personas de distintas nacionalidades: los que se oponen a ella son xenófobos y los que la defienden son 'gente normal', o con la libre orientación sexual: quien la niega es homófobo y a quien la defiende no se le pone ninguna etiqueta especial.

A la igualdad de derechos entre hombres y mujeres no solo la hemos etiquetado como ‘feminista’ sino que además hemos suscitado toda una discusión sobre lo que significa tal igualdad. Algunos dicen de manera absurda que los feministas defienden la primacía de la mujer sobre el hombre. Vuelve a llamar la atención que eso no se haga con la lucha contra otras discriminaciones: a nadie se le ocurre pensar por ejemplo que alguien que lucha contra el racismo defienda por definición la supremacía de la raza negra sobre la blanca; o que los que luchan contra la homofobia consideren que los homosexuales son mejores que los heterosexuales.

Cabecera de la manifestación en Madrid convocada con motivo del 8-M. (EFE)
Cabecera de la manifestación en Madrid convocada con motivo del 8-M. (EFE)

Si el feminismo de por sí ya es una etiqueta, ahora además se le han sumado una nueva colección de etiquetas que poco tienen que ver con el feminismo. Una de ellas es la del ‘feminismo libre’, que es la que utilizan algunas mujeres para justificar que ellas no reclaman sus derechos laborales, o que dejan que sus parejas las controlen, o se visten y comportan como un objeto sexual, etc. porque es ‘su derecho’ y son ‘libres de hacer lo que les da la real gana’. Pues bien, de nuevo esto no ocurre en la lucha contra otras discriminaciones: no hemos visto, por ejemplo, movimientos de la población afroamericana que insistan en sentarse en la parte de atrás de los autobuses de manera segregada ‘porque es su derecho’; o en tener que ir a colegios o restaurantes solo para su raza ‘porque les da la gana’. Por supuesto que todos tenemos el derecho a no hacer valer nuestros derechos, pero no hacer valer nuestros derechos por presión familiar, social o cultural no es libertad.

Una de las nuevas etiquetas del feminismo es la de ‘feminismo inclusivo’, que aspira a incluir a todas las mujeres y hombres que todavía no se consideran feministas en la lucha por la igualdad de género. Es difícil de entender que todavía haya hombres e incluso mujeres en las sociedades occidentales que se consideran ‘excluidos’, y que además seamos los demás los que tengamos que ‘incluirles’. Por suerte, hay muchísimos hombres que hoy en día se han ‘incluido’ en el feminismo y además hablan de ello de forma clara y alta. Pero si alguien, hombre o mujer, se siente todavía ‘excluido’, les debería de faltar tiempo para ‘autoincluirse’ en algo tan básico como es defender que todos tenemos los mismos derechos independientemente de los cromosomas que haya en nuestros genes.

Si el feminismo ya es una etiqueta, ahora se le ha sumado una nueva colección de etiquetas que poco tienen que ver con el feminismo

Para acabar de complicar las cosas, ahora resulta que los partidos políticos han decidido crear sus propias etiquetas de feminismo: ‘feminismo progresista’, ‘feminismo de izquierdas’, ‘feminismo liberal’, ‘feminismo conservador’, etc. Era de esperar que con citas electorales en abril y mayo, los partidos políticos no resistiesen la tentación de usar el Día Internacional de la Mujer de forma partidista. Pero es una pena que ninguno de los partidos haya aprovechado ese momento para pasar de las generalidades y frases hechas a hacer propuestas concretas y originales sobre cómo puede contribuir el poder público a eliminar las discriminaciones que todavía afectan a las mujeres. A día de hoy, seguimos sin saber qué cosas nuevas y concretas van a hacer cada uno de ellos: ¿van a cambiar el sistema fiscal para que el cuidado de niños y mayores y de las casas no siga cayendo tan abrumadoramente sobre los hombros de las mujeres?, ¿y cómo?; ¿van a aumentar el número y las horas de guarderías?, ¿y con cuánto dinero?; ¿van a hacer inspecciones laborales para comprobar que a los hombres y a las mujeres no se les paga de manera discriminatoria en administraciones y empresas?, ¿y qué medios van a dedicar a ello?; ¿qué sistema de incentivos van a poner en marcha para romper la brecha salarial?; ¿van a poner abogados que asesoren a las mujeres que sufren violencia doméstica en el momento de hacer sus denuncias?; ¿van a investigar a los abogados de oficio que ponen denuncias falsas cruzadas a las mujeres que denuncian violencia doméstica y que hacen que las mujeres desistan de sus propias denuncias?, ¿y de qué manera?

Yo no sé ustedes, pero estoy harta de las discusiones vacuas y politizadas sobre el feminismo. En cuestión de igualdad de derechos entre hombres y mujeres, sobran etiquetas y faltan propuestas.

En versión liberal
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