Manuel Pizarro y la doble recesión

Fue Manuel Pizarro allá por 2008 el que argumentó por qué España se enfrentaba a una crisis sin precedentes. Pizarro, hombre de empresa, dijo lo que

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    Fue Manuel Pizarro allá por 2008 el que argumentó por qué España se enfrentaba a una crisis sin precedentes. Pizarro, hombre de empresa, dijo lo que pensaba. Un error cuando se trata de dedicarse a la política, aunque lo que diga uno sea verdad. Todo lo contrario del entonces vicepresidente económico, Pedro Solbes, quien mintiendo consiguió la reelección del presidente  Zapatero.

    Tres años largos han pasado desde que Manuel Pizarro se convirtiera en el líder de los “antipatriotas oficiales” y tres años después estamos donde él dijo que estaríamos, frente a una recesión interna y otra externa que nos coloca ante un escenario de ‘doble recesión’.  El adelanto lo ha hecho la directora gerente del FMI,  quien ha decidido soltarse la melena y amedrentar a los políticos del viejo continente, tan acostumbrados a la mentira generalizada.

    Y he aquí la doble recesión. Esta segunda es de carácter puramente político porque tal fue la decisión de nuestros políticos de inundar los mercados y las economías de dinero para salvar a las entidades financieras de un supuesto ‘efecto dominó bancario’. Ahora tenemos un ‘efecto dominó de países’. Los bancos eran fundamentales para la estabilidad de los mercados. ¿Y qué hacen los bancos sin países y sin monedas?

    La recesión que nos viene encima tiene que ver con el pago de la deuda contraída para salvar al sistema financiero, manteniendo el mismo nivel de gasto social que se tenía antes de salvar a los bancos y con el pequeño detalle de que se han desplomado los ingresos. ¿Nadie lo pensó antes? El endeudamiento indefinido sin ingresos que lo mantengan es sencillamente una quimera. Y aquí nos encontramos: un país endeudado que no genera ingresos suficientes para pagar sus compromisos sociales y económicos, con cinco millones de parados y subiendo, y  con un gobierno caótico y terminal.

    El ejecutivo de Zapatero es como el ejército de Pancho Villa, cada uno dispara para un lado intentando salvar lo poco que les queda (amigos, cargo actual, cargo futuro), mientras el país se enfrenta a una campaña electoral absurda cuando todo el mundo ya sabe lo que va a votar.

    Dicho esto, ¿dónde están nuestras empresas? Las pequeñas con respiración asistida, las medianas en la UCI, las grandes envueltas en tsunamis organizativos para enfrentarse a los fantasmas del pasado (Repsol) y a los que vendrán en el futuro (Telefónica).

    Tsunamis en Telefónica y Repsol

    La operadora que preside César Alierta ha llevado a cabo una nueva reestructuración que pone de manifiesto la necesidad de controlar hasta el último euro que entra en la compañía. Uno de los mejores ejecutivos financieros del mundo, Santiago Fernández Valbuena, se encargará de Latinoamérica. Latam es para Telefónica el oxígeno y el futuro. De los ingresos que se consigan gracias al espectacular desarrollo de países como Brasil dependen en gran parte los resultados de la compañía y sus dividendos. Esa política de dividendos que para Alierta es la Biblia y que hay que mantener para garantizar el apoyo de los accionistas.

    De España y Europa -negocios maduros en países que están al borde de la recesión- se encargará Álvarez Pallete, quien tendrá  como objetivo prioritario conservar todos y cada uno de los clientes para no perder cuota de mercado y mantener los ingresos como sea.  Un tsunami reorganizativo que espera ser ventana de aire fresco para la mayor multinacional española.

    En Repsol la historia es otro cantar. Tras el órdago Sacyr-Pemex a la presidencia de la petrolera, ahora Antonio Brufau se defiende y exige al gobierno que, a través de la CNE, se analice el pacto de sindicación.  Y a Brufau no le falta razón. La operación –independientemente de los actores- tiene que pasar los filtros mínimos de las instituciones competentes.

    Lo que no es razonable es que un ministro en huida, Miguel Sebastián, dé por buenas operaciones –independientemente de que lo crea- cuando quien tiene que hacer esa función es la CNE.  La mujer del César tiene que serlo y también parecerlo. Nos espera un otoño caliente, y un invierno helado. Ya lo dijo Roig: bienvenidos al 2011, mucho mejor que el 2012.

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