Naty Abascal en el museo, o el peligro de confundir el arte con el estilo

A Naty, probablemente los mejores pómulos de España, le han dedicado una exposición en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. ¿Porque pinta? No. ¿Porque diseña? Tampoco

Foto: Telva homenajea el estilo y el vestuario de Naty Abascal con una exposición en el Museo de Bellas Artes de San Fernando. (EFE)
Telva homenajea el estilo y el vestuario de Naty Abascal con una exposición en el Museo de Bellas Artes de San Fernando. (EFE)

Natividad Abascal nació en Sevilla el 2 de abril de 1943. Es nieta del V marqués de Romero-Toro e hija del abogado Domingo Abascal y Fernández y de María Natividad Romero-Toro y Noriega, la primera mujer que abrió una 'boutique' en Sevilla. Solo con poner tanto apellido compuesto se me ha ido medio párrafo, pero dejemos atrás los prejuicios. Porque a Natividad, Naty, probablemente los mejores pómulos de España, le han dedicado una exposición en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. ¿Porque pinta? No. ¿Porque diseña? Tampoco. ¿Entonces?

“Porque es pura celebración de la moda”, dijo Olga Ruiz, directora de la revista ‘Telva’, durante la presentación a la prensa de este tributo compuesto por 60 trajes y numerosos objetos personales (libros, fotografías, cuadros y hasta polveras). Porque “es una de las pocas españolas que están en el Hall of Fame de la elegancia”, dijo Eloy Martínez de la Pera, comisario de esta exposición, que tiene en su haber las muestras de ‘Sorolla y la moda’ y ‘Givenchy’, entre otras, expuestas en el Museo Thyssen. Una exposición, la de Abascal, que resumió con frases como estas: “Es la vida de una persona a través de sus atuendos”, “es muy Naty”, “es incapaz de salir de una exposición sin comprarse el catálogo”, “ella tiene un don para el estilismo”.

'Telva' homenajea el estilo y el vestuario de Naty Abascal. (EFE)
'Telva' homenajea el estilo y el vestuario de Naty Abascal. (EFE)

Las frases, para ser justos y no abrazarse a la demagogia y a la envidia (sabe el Altísimo que yo mataría por su armario y por sus hijos), fueron esparcidas entre algunos de los mejores detalles de la vida de esta andaluza curranta, extravagante, estilosa y con una de las vocalizaciones más peculiares que se recuerdan, con permiso de Ferran Adrià. Musa de los mejores fotógrafos de moda, de magos del diseño como Valentino y Óscar de la Renta. Colega de copas de Andy Warhol en Studio 54 y sin saber una gota de inglés, modelo de publicidad con Dalí en un anuncio de Alka Seltzer, actriz en ‘Bananas’, de Woody Allen. Admiradora del buen gusto, que en eso se parece a mí, pero mi Visa tiene un límite de 300 euros al día.

Sobrevivió a una familia con 11 hermanos, a un primer marido escocés y a un segundo, que fue duque y que acabó en la cárcel. Se empeña en recordarnos que es tan mortal y cercana como cualquiera de nosotros, como si tuviera que ir pidiendo perdón por ser más guapa y tener uno de los mejores armarios de la OCDE y alrededores. Así, se le escapan perlas entrañables: “Sé coser, sé cocinar y sé limpiar. Cuando era joven, me llevaban a unas clases que daban los del Opus Dei y aprendí todas esas cosas. En casa también había una costurera que nos enseñaba a coser”.

El director de la institución, Fernando Terán, definió a su nueva inquilina como “singular” exposición

¿Son estos suficientes motivos para organizar una exposición en una de las pinacotecas más importantes de Madrid? Me temo que no. Comprar cuadros de Francis Bacon, piezas de alta costura, tener una agenda de contactos plagada de los mejores en lo suyo y ser buena haciendo estilismos merece mi admiración y mi respeto, pero no la sala de un museo. No porque sea de las que opinan que la moda es un arte menor (he visto dos de las exposiciones del Metropolitan de Nueva York por pura devoción), sino porque un museo debería aspirar a algo más para atraer visitantes e incluso para convencer a los puristas. Si hasta el propio director de la institución, Fernando Terán, definió a su nueva inquilina como “singular” exposición.

Intuyo que hasta la propia Naty se siente algo abrumada al respecto de esta muestra, aunque se sienta, cómo no, orgullosa. Hace días, decía en una entrevista que le gustaría que de su vida alguien hiciera una miniserie. “¿Es usted un mito para mucha gente?”, le preguntaban. “Considero que un mito sería alguien que ha llegado mucho más alto y mucho más lejos”, respondía. Pues eso. Aunque la verdad, en estos tiempos en que todo es histórico y cualquiera es un genio, tampoco deberían extrañarnos decisiones como estas.

Por último, solo un detalle: estoy a favor de los patrocinios en las muestras culturales, ya que de no ser por ellos me habría perdido muchas de las mejores exposiciones que he visto en mi vida. Pero colocar un atril con la última colección de anillos de Bvlgari en medio de la muestra es, cuanto menos, burdo. Aunque ahora que lo pienso, yo tengo un anillo de Bvlgari. Que debe ser de las pocas cosas que tengo en común con Naty, además de que tampoco soy un mito.

Ideas ligeras
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