Madrid Central o el perro se ha comido mis deberes y las compras navideñas

Hay padres que piden paciencia a sus hijos, en busca del milagro navideño. Hay abuelos con cara de resignación, turistas hablando en francés e inglés, decenas de bolsas de Primark

Foto: La gente realiza sus compras navideñas en la Gran Vía de Madrid. (EFE)
La gente realiza sus compras navideñas en la Gran Vía de Madrid. (EFE)

“Carmen, ¿cuál será el hotel del Ronaldo que va a abrir?”. El cincuentón que formula la pregunta no obtiene respuesta alguna de Carmen, que camina unos cuantos pasos más arriba, decidida, hacia la plaza de Callao. Son las once de la mañana y la Gran Vía luce notablemente más tranquila que la tarde anterior, en la que era imposible pasear sin sortear terrazas, manteros, maletas y sus dueños, despistados y sobre todo heroinómanos del consumo, que sigue siendo la tribu más habitual en éstas y otras fechas.

A las once de la mañana, un enorme cartel con la cara del Grinch en el cine Capitol dirige su mirada a los viandantes de una de las principales arterias de Madrid. Hay padres que piden paciencia a sus hijos, en busca del milagro navideño. Hay abuelos con cara de resignación lamentando aquella vez que decidieron hacerse cargo de los nietos en vacaciones, turistas hablando en francés e inglés, decenas de bolsas de Primark, decenas de fotos con el móvil, aspirantes a influencers de palo.

De ese barullo tan deliciosamente diverso emerge una pareja que viste chaleco blanco y lleva folletos en las manos. Resuelven dudas acerca de Madrid Central. “Al principio preguntaba mucho la gente, pero ahora está todo más tranquilo”, dice él. “Los residentes están encantados”, dice ella.

Imagen de la Gran Vía de Madrid. (EFE)
Imagen de la Gran Vía de Madrid. (EFE)

Otros no tanto. Asegura un estudio de Madrid Foro Empresarial que las ventas navideñas en esta zona de Madrid han bajado un 20%, para desgracia de los comerciantes. Un descenso, dice su presidente, Hilario Alfaro, “motivado por los efectos de Madrid Central y el estrechamiento de los carriles de la Gran Vía”.

“Madrid Central es el nuevo mi perro se ha comido los deberes y mi hermano me los ha pintado, es la excusa perfecta para echarle la culpa de todo”, explica Fernando Minaya, ingeniero civil experto en movilidad y profesor de la Universidad Politécnica de Madrid. Porque igual que la forma de movernos ha cambiado –“nuestros hijos no tendrán como prioridad comprarse un coche”- también es muy distinta nuestra forma de consumir.

A las doce de la mañana del último Black Friday ya se estaba gastando un 33,5% más que el año anterior, según los datos de Cuponation. A las doce de la mañana cada comprador estaba gastándose una media de 124,56 euros. Olvidarnos del peso en nuestras compras del viernes negro, el cybermonday, los mid-term sales, los 3x2 y las ventas especiales es hacerse una trampa al solitario del rigor. Durante todo el año tenemos motivos suficientes para calmar nuestras ansias de consumo, y las compras hace tiempo que dejaron de ser esa cosa estacional reservada para Navidad y las rebajas de toda la vida.

En una de las tiendas de Gran Vía los clientes se agolpan comprando pijamas y calcetines para caballero. Se mezclan las rebajas adelantadas con un 20% de descuento de la nueva colección. En las calles de Preciados y el Carmen sigue habiendo pocos huecos libres a media mañana, sigue habiendo artistas callejeros esperando monedas a cambio de canciones de Sabina, sigue habiendo prisas por llegar a tiempo a la noche de Reyes.

Compras en Madrid en la víspera de Reyes. (EFE)
Compras en Madrid en la víspera de Reyes. (EFE)

Suenan bocinas. Se ven coches de policía. Un centenar de manifestantes, mayoritariamente señores, se manifiestan contra Madrid Central. Les siguen ocho autobuses. Todos, señores y vehículos, llevan carteles. “Queremos pasar por la Gran Vía”, “También somos servicio público”, “Queremos soluciones, no restricciones”, “Carmena dimisión”, “Somos transportistas, no terroristas”. Son la asociación de Autocares Independientes Discrecionales de Madrid, cuya portavoz, Begoña Landa, asegura que la ciudad es ahora hostil con el turista por culpa de las restricciones para pasar por la Gran Vía. Habla de ganas de diálogo, de que no se puede jugar con “el pan de nuestros hijos” y menciona la confusión generada a un grupo de turistas coreanos a los que hubo que explicar que no les podrían dejar en la puerta del hotel.

Uno de los manifestantes decide hacer un cameo y con enorme cabreo afirma: “¿Pero esto no se ha hecho para mejorar la calidad del aire? Pues el Naviluz contamina ocho veces más y sí que puede pasar”.

Menos enfado se detecta en las familias que siguen agolpándose para ver la fachada de Cortylandia. Este año la trama se desarrolla en un hotel, el hotel Guau, al que vuelven los perros por Navidad. Los canes cantan “Ésta es mi ciudad, es Navidad”, con más ganas que acierto. Suena la clásica cuña de los grandes almacenes que se sabe todo aquel que haya ido en estas fechas. “Hala, pues ya se ha acabao. Igual de noche con las luces es otra cosa”, dice una madre para argumentar la cara de decepción de sus criaturas.

En estos tiempos del Fortnite, Youtube y películas que aumentan la tensión arterial por la velocidad de las imágenes, a quién le sorprende una panda de perros que sólo mueven la boca y cantan canciones. En estos tiempos del ecommerce, de los ‘doce meses, doce rebajas’, a quién se le ocurre reservar la Visa para estas fechas. Aunque haberlos, haylos. Llenando, un año más, las calles del centro de Madrid.

Ideas ligeras
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