Cebrián comunista, y otros datos que no necesitamos saber

La providencia y el ego tienen a bien deleitarnos con una entrevista en 'Vanity Fair' (qué nombre tan apropiado) con Mihaela Mihalcia y su marido, que se llama Juan Luis Cebrián

Foto: Juan Luis Cebrián. (Raúl Arias)
Juan Luis Cebrián. (Raúl Arias)

Hace un año, Pedro Jota Ramírez posaba en un fabuloso reportaje para 'Harper’s Bazaar' y decía cosas algo extrañas tras su última boda, como que “Cruz y yo hemos llegado a orillas del Orinoco dispuestos a fundar una sociedad nueva”. Acabo de escuchar a Mario Vaquerizo en la televisión decir que tras 20 años de relación con Olvido Gara, “si no has tenido ninguna crisis, es que es una amiga o tu hermana”. Esto, en cambio, sí lo he entendido.

Un año después, la providencia y el ego tienen a bien deleitarnos con una entrevista en 'Vanity Fair' (qué nombre tan apropiado) con Mihaela Mihalcia y su marido, que se llama Juan Luis Cebrián. Qué sería de nosotros sin estas cabeceras, en las que los poderosos que llevan años sin dirigirnos la palabra posan cuando el amor llega así de esta manera, que uno no se da ni cuenta. Y qué delicia contar con reportajes consecuencia de la crisis de la madurez y el cambio de las consabidas tres ces: casa, coche, compañera.

Qué delicia contar con reportajes consecuencia de la crisis de la madurez y el cambio de las consabidas tres ces: casa, coche, compañera

Mihaela es una joven emprendedora, pero no lleva Converse ni trabaja en un 'coworking', porque siempre hay excepciones. Posa en la foto de apertura atusándose la melena (qué pelazo y qué envidia) y deja el butacón para su marido, que luce con la camisa semiabierta, en un gesto de cercanía sin precedentes. También le deja que coja un libro, aunque en el texto él (que no quiere hablar de su vida privada pero aclara que quién le iba a decir que a los 70 se volvería a casar) recalca que le sorprendió, el día que la conoció, que le preguntara su opinión sobre Bukowski. Qué manía tienen las guapas con darnos la lata con que también son listas.

A Mihaela la llaman Miki, detalle que demuestra que se ha adaptado perfectamente a las costumbres de su clase social. Porque, como saben, no hay nada que guste más a los ricos que ponerse motes. Miki, Piti, Cuqui y así. Como dice mi amiga Carolina, ponen a los perros nombres de personas y a las personas nombres de perro.

Juan Luis hincó la rodilla a la manera clásica para pedirle matrimonio y le ha puesto por teléfono con Paulo Coelho, que es uno de sus autores favoritos

A lo que íbamos. Miki cuenta que Juan Luis hincó la rodilla a la manera clásica para pedirle matrimonio y le ha puesto por teléfono con Paulo Coelho, que es uno de sus autores favoritos, porque no todo va a ser Bukowski. Vamos, como el 90% de las expectativas soñadas por los que van a 'First Dates'. Esto para que mitifiques a miembros de la Real Academia.

Durante la entrevista, suena el teléfono y es Cebrián, al que tiene memorizado como Love. Ahí directamente he tenido que coger una tira de glucosa para evitar un pico de glucemia. Había visto Cari, Bebé o el clásico AA seguido de un nombre propio… pero no Love. Mi tendedero y yo hemos llorado juntos al leer este párrafo. Será que no hemos vivido el amor de verdad.

Dice el académico de su esposa: “Me interesa mucho su opinión porque es virgen. No tiene prejuicios. Y es muy auténtica”

La periodista Vera Bercovitz, autora de esta entrevista, nos advierte de que Cebrián, que posa con cierta desgana y con prisas, “apareció como un espectro y se sumó animado a nuestra charla”. Dice el académico de su esposa: “Me interesa mucho su opinión porque es virgen. No tiene prejuicios. Y es muy auténtica”. Juan Luis, qué es ser virgen en opinión, por el amor de Dios. Y qué es ser auténtica. Porque pueden serlo Mihaela y Vicky Martín Berrocal o Rosalía. ¿Qué soy yo entonces, marca blanca, una vulgar mujer Hacendado?

Siempre estaré a favor de cualquier tipo de amor, porque como cantaba Julio Iglesias (que de eso sabía un rato), es algo que “no tiene horario, ni fecha en el calendario”. También estoy firmemente a favor de la libertad de expresión, pero tanta información no me era necesaria. Porque Cebrián sabe bailar, se pone bizcochón a la mínima y se parte de la risa cuando ella, a modo de insulto, le llama “comunista”.

Mira, como Losantos. Qué maravillosa coincidencia.

Ideas ligeras

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