El discurso de Díaz Ayuso: hablar tanto para decir nada

Tiene la más que probable presidenta de la Comunidad de Madrid una irritante tendencia a peinarse y a hablar de más. Este martes, en sus palabras de investidura, no se pudo contar menos

Foto: Isabel Díaz Ayuso, durante su discurso de investidura. (EFE)
Isabel Díaz Ayuso, durante su discurso de investidura. (EFE)

Interrumpir el veraneo es una ordinariez, pero la ocasión lo merecía. Por eso buena parte del público que pululaba este martes por los pasillos de la Asamblea de Madrid estaba de doble enhorabuena: alegría por verse, felicidad por gobernar. Y qué contraste entre los que estaban recién llegados de su merecidísimo descanso y los que aún no se han ido. La política como un damero con caras blancas y negras. La melanina repartida al azar. Las zapatillas de esparto y el bolso bueno, combinación ganadora en este 13 de agosto que también es martes. Y ella, Isabel Díaz Ayuso, con pantalones y zapatos color nude, top blanco y chaqueta azul plomo. Para plomo, su discurso. Para infame, la oratoria.

Tiene la más que probable presidenta de la Comunidad de Madrid una irritante tendencia a peinarse y hablar de más. Este martes, además, no se pudo contar menos. Leyendo siempre, emocionando nunca. Tuvimos que esperar 29 minutos de discurso para que lanzara una pulla a la izquierda. Fue entonces cuando elevó la mirada que la caracteriza hacia la oposición. La mirada que indica que está pero no está. La que puede besarte o torcerte el gaznate.

La hora y media de chapa tuvo sus cosillas, aunque mantuvo permanentemente una cara inexpresiva, de cierta inercia, de besamanos sin ganas. Recordó a Adolfo Suárez, comodín de todas las citas; también a una señora con la que coincidió quizás alguna vez llamada Esperanza Aguirre, a Alberto Ruiz-Gallardón, a Joaquín Leguina. Nos volvió a dar la matraca con lo de la libertad, como si en las últimas legislaturas hubiera gobernado la comunidad otro partido que no es el suyo.

Y no se olviden de la madre de todas las rebajas fiscales. Pero eso sí, a nadie le va a faltar de nada. De todo para mejorar la educación, la sanidad, el empleo, la Policía y la Guardia Civil, niños, mujeres y ancianos. Los pueblos, las infraestructuras, el Canal de Isabel II, con esa “agua reconocida por todos los madrileños”. Si hasta citó la Madrid Fashion Week, los cocineros y los bares como puntales. Si no existiera, habría que inventarla.

Los diputados del PP en la Asamblea de Madrid aplauden a Ayuso tras el discurso. (EFE)
Los diputados del PP en la Asamblea de Madrid aplauden a Ayuso tras el discurso. (EFE)

Se ha inventado que desde que gobierne tendrá una Consejería de Justicia, Interior y Víctimas del Terrorismo. Porque si “el PP ha sido el partido del mundo rural”, también puede ser el que combata los homenajes a los etarras, que como todo el mundo sabe son culpa de Pedro Sánchez. Va a reducir las listas de espera, va a ayudar a los jóvenes a emanciparse, a “combatir el machismo pero no a los hombres”. No puedo esperar.

El único momento con morbo fue cuando garantizó los derechos LGTBI y las cámaras enfocaron a una Rocío Monasterio con cara de pocos amigos. El único momento divertido fue cuando se comprometió a mantener “tolerancia cero con la corrupción”. Qué risas de Íñigo Errejón. Qué aplausos.

El discurso de Díaz Ayuso: hablar tanto para decir nada

La bandera, el escudo, el himno y la monarquía. Un reconocimiento a todos ellos. Como a los “seis millones y medio de almas” que viven en la comunidad que dirigirá desde este miércoles. “Nuestros triunfos no están en nuestros discursos”, dijo para acabar. Como este que acabamos de escuchar, desde luego que no.

Ideas ligeras
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