Otro primer día de cole tan solemne como mamarracho

Un empresario hotelero decía en este medio que lo mejor que le puede pasar a esta legislatura es acabar lo antes posible. Opino lo mismo, por las risas de repetir este tinglado

Foto: El Congreso de los Diputados, durante la sesión constitutiva de este martes. (EFE)
El Congreso de los Diputados, durante la sesión constitutiva de este martes. (EFE)

Hace unos días, el empresario hotelero Antonio Catalán decía en este mismo periódico que lo mejor que le puede pasar a esta legislatura es que acabe lo antes posible. Opino lo mismo, pero por las risas de repetir todo este tinglado cada poco tiempo.

Porque si por mí fuera, esto lo haría trimestral. Y otra vez las votaciones, los abrazos y los selfis. Y otra vez el juramento del cargo. Y días después, la aritmética de la investidura, el trueque de sillones, las acusaciones, la hipérbole y el estado permanente de copla en el que algunos permanecen. Puro sainete. También puro bochorno.

Otro primer día de cole tan solemne como mamarracho

Ya habrá tiempo de estabilidad, de tomar decisiones, de sacar adelante cosas. Porque este martes, políticos y periodistas hemos venido a este nuevo primer día de cole como vinimos hace unos meses. Con la pestaña puesta, las mejores galas (ejem), la batería del móvil cargada hasta los topes y dispuestos a ser los primeros en hacer el mejor tuit. El prestigio y el ruido, ya saben, hoy se mide en 'likes'.

El caso es que los asistentes han conformado este martes un Congreso más plural que nunca. También el más 'freak'. En él caben los zapatos de Christian Louboutin de Cayetana Álvarez de Toledo y la mochila de hacer senderismo de Pablo Iglesias. Caben los que juran por España con decibelios de más, los 10 negritos de Ciudadanos y los que sueltan una parrafada en euskera o en catalán. Y mientras, Inés Sabanés ocupando el hueco de Tania Sánchez, columna mediante. Mientras, el otrora niño bonito del asunto, Íñigo Errejón, sentado en el gallinero, que de siempre ha sido el lugar donde las entradas están más baratas.

Este martes era un buen día para ser de Unidas Podemos o de Vox. Pablo Iglesias se dejó el ceño fruncido de la investidura de julio en casa y permaneció educadísimo en su asiento. A ratos ejerciendo el consabido 'manspreading' (el espatarramiento de toda la vida) y a ratos escuchando a la diputada Irene Montero, que no paró de hablar y de gesticular en toda la sesión. Así, cuando se produjo la votación para la secretaría de la Mesa del Congreso, Montero hizo un gesto de ‘vamos, Rafa’ con el puño y le dijo al cabeza de lista por su partido: “¡Ha salido mejor de lo que esperábamos!”.

Inciso: hay algo entrañable en el procedimiento tan artesanal en este tipo de votaciones. Cada uno con su papeleta, como si estuvieran haciendo lo del amigo invisible ahora que llega la Navidad. Pero como lo hacen 350 personas, se hace pesadísimo.

A Santiago Abascal le duraba el perfume pasadas las tres de la tarde. Les contó a mis compañeros Paloma Esteban y Roberto Ballesteros (yo solo puse la oreja) que, además de estar muerto de hambre, aún no daba crédito de haber conseguido una de las vicepresidencias de la Mesa gracias al PSOE. Hombre, para proceder del partido presidido por un señor al que acusas de querer derrocar a Felipe VI, no está mal el regalo.

En este afán por quedarnos con el detalle, esta sesión parlamentaria ha tenido sus momentos. La caída de Adriana Lastra ha sido una de las imágenes más importantes de la mañana, con eso les digo todo. Con ese Pedro Sánchez, caballeroso como si fuera un galán de culebrón turco de Divinity, acudiendo a socorrerla. Horas después, cuando Meritxell Batet dio por cerrada la jornada, el presidente del Gobierno en funciones se acercó de nuevo al escaño de Lastra a preguntarle por el estado de su pie. Si le ofreció el Falcon para acercarla al centro de salud más próximo no lo sabemos, porque solo acerté a ver la nuca presidencial y a Lastra respondiendo: “No te preocupes”.

Otro primer día de cole tan solemne como mamarracho

A algunos, el perdón del diputado Agustín Zamarrón por no haber estado a la altura les pareció esperpéntico. Si bien es cierto que su lenguaje dieciochesco y algo barroco choca con el tono excesivamente coloquial del que hoy hacen gala sus señorías, también es verdad que nos ha ayudado a amenizar la velada. Y su corbata homenaje a Luis Aguilé me ha llegado al alma.

El juramento del cargo ha sido uno de los momentos más divertidos de la mañana. Divertidos si optamos por abrazarnos al sarcasmo en vez de a la absenta. Que si por España, las Trece Rosas, la España vaciada, el feminismo, la igualdad, la república, la Justicia, los presos políticos y los exiliados… Todo, con perdón, tan solemne como mamarracho.

Por eso chocaron tanto las palabras de la reelegida presidenta del Congreso de los Diputados, pidiendo prudencia y respeto, citando al 'Quijote' y a Fernando de los Ríos, tras lo visto este martes por la mañana. “Obras son amores”, dijo para rematar su discurso. A ver si lo recuerdan cuando toque la investidura.

Ideas ligeras
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