Melero, el Borja Sémper del 'procés'

A Melero el juicio le ha interesado muy poco, dice, porque lo que le gustan son los detalles y las personas. Le ha salido un libro redondo

Foto: El abogado Javier Melero (c), durante el juicio al 'procés'. (EFE)
El abogado Javier Melero (c), durante el juicio al 'procés'. (EFE)

En septiembre de 2017, el abogado Javier Melero consiguió reunir a unas 300 personas en un aula de la Universidad Pompeu Fabra. Todas ellas, pertenecientes o próximas a Junts per Catalunya. Todas ellas, pertenecientes o próximas al independentismo. Tenía como encargo explicarles las consecuencias y los riesgos penales que suponía la travesía de la independencia, “esa ilusión política”.

La Pompeu Fabra está tan cerca del zoo de Barcelona que desde las aulas no es extraño escuchar el sonido de los elefantes. “Ese verano, además, unos gamberros habían roto las jaulas de las aves exóticas, así que por la ciudad pululaban ibis y ese tipo de bichos”, dice Melero. No dice nada, pero se le entiende todo.

La veintena de personas que ha acudido este jueves por la tarde a la librería Alberti se ríe cuando cuenta la anécdota. Un público en el que se escuchaba hablar catalán y francés, en el que estaba presente Julio Rodríguez, jefe de gabinete del vicepresidente segundo del Gobierno. Pero que estaba formado en su mayoría por ese tipo de madrileños lectores que siguen mirando con fascinación todo aquello que desprenda 'seny' y exotismo, como el ibis. Ese tipo de madrileños que se avergüenza del castizo olor a torreznos que desprende la amada y odiada capital de España. Culpable de todo y de nada.

Portada de 'El encargo', de Javier Melero.
Portada de 'El encargo', de Javier Melero.

Javier Melero tiene más de 40 años, conserva buena masa capilar y no tiene barriga. Solo por eso ya puede decirse que ha triunfado en la fachada de la vida. Presentó de nuevo su libro, ‘El encargo’ (Ariel), que lleva semanas recibiendo elogios, sobre el juicio del 'procés' y su labor como abogado defensor de Joaquim Forn.

Se presentó en la librería con un chambergo en la mano, pantalón gris, camisa blanca y un jersey azul marino a la caja de los buenos, de esos que jamás harán bolas. Llevaba unos zapatos azules con la suela blanca, algo aguardiolados. Llevaba unos calcetines con dibujos de muñecas rusas y barba de día y medio. Se sintió extraño al escuchar elogios. Los que le dedicaron sus maestros de ceremonias, Julio Llamazares y Juan Cruz.

No es el primer libro de Melero. El primero llevaba el sugerente título de 'Prontuario procesal penal'. Se ríe cuando lo recuerda. Destila sorna a borbotones. Pertenece a ese género de personas imprevisibles y libres. Cuando reparte, lo mismo llama “merluzos” a la acusación popular del juicio, Pedro Fernández y Javier Ortega Smith, que destaca que Jordi Pina, abogado de la defensa, es un “bocazas”.

Recuerda una conversación suya con Torra y Pina en la que solo habló este último. “No pude hablar con semejante estadista”, dice del aún presidente de la Generalitat. A su colega de oficio le recuerda un epitafio que escribió Borges de otro autor argentino: “Bien está que duerma un poco quien hizo dormir a tantos”. El público le jalea cuando lo cuenta. Pero es un jaleo de intelectuales, tampoco nos pasemos.

A Melero, el juicio le ha interesado muy poco, dice, porque lo que le gustan son los detalles y las personas. Le ha salido un libro redondo. No lo dice la que escribe, sino Vargas Llosa. Le ha salido un libro en el que quiere quitar peso al asunto este del 'procés', que cree que no será un episodio demasiado relevante en la Historia de España. “Basta con mirar los diarios de los años treinta”, explica. Lamenta que hayamos llegado a una situación en la que reina el sinsentido, las descalificaciones permanentes. Por eso dibuja en sus páginas lugares de Madrid en los que la vida le pesa menos. La plaza de la Villa de París, un restaurante de la calle Santa Engracia, un Dry Martini en un bar de la calle Eduardo Dato.

Le ha salido un libro en el que quiere quitar peso al 'procés', que cree que no será un episodio demasiado relevante en la Historia de España

Sigue pensando que lo de Cataluña es un bicho negro y viscoso que se ha hecho demasiado grande. Por eso quizá, para solucionarlo, hay que diseccionarlo. Ir arreglando cosas por partes. Aunque quizás el problema perviva como una enfermedad crónica que uno lleva como puede. “No hay nada que corrompa más que la rutina del odio”, dice. La frase pertenece a una biografía de Mussolini.

Sigue pensando que lo de Cataluña es un bicho viscoso que se ha hecho demasiado grande. Por eso quizá, para solucionarlo, hay que diseccionarlo

Citó 'Amanece que no es poco' en su informe forense. “Necesitaba captar la atención del tribunal”, dice para justificarse. Consiguió la de Marchena. Lamenta que en los descansos todo el mundo hablara, pero los abogados de Vox no dirigieran la palabra a nadie. Cuenta que un día estaban Fernández y Ortega Smith tomando el sol en las afueras del Tribunal Supremo y se acercó a saludarles.

  • “¿Qué hacéis?”.

  • “Nosotros a lo nuestro. Cara al sol”.

“Sentido del humor tienen”, dice. Poco después, dirá que Vilaweb, uno de los medios de comunicación más cercanos al independentismo, es la versión actualizada del 'Alcázar'. Es un verso suelto que lleva calcetines con dibujos. Es el Borja Sémper del 'procés'.

“Pensaba que a mi edad solo me quedaba jubilarme o hacer carrera en la Iglesia. Es una institución en la que nombran un Papa con 80 años y les parece que es muy joven”, dice cuando se le anima para que siga escribiendo. Le ha salido una crónica redonda. Mitad sorna y mitad melancolía. Ni rastro de ensoñación.

Ideas ligeras
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