El ruido y la furia

La convocatoria promovida por Vox atascó el centro de Madrid. Y Cibeles, Colón y la Puerta de Alcalá se llenaron de contaminación acústica y ambiental

Foto: Manifestación en coche promovida por Vox en Madrid. (EFE)
Manifestación en coche promovida por Vox en Madrid. (EFE)

La vida no es más que una sombra andante, un pobre actor que se agita y jacta durante su tiempo en escena, y después no se oye más. Es un cuento que cuenta un idiota, lleno de ruido y de furia, cuyo significado es nada.

'Macbeth', William Shakespeare

Esta mañana de sábado había mucho de eso. De ruido y de furia. Más de lo primero que de lo segundo. Ha sido la 'mascletá' del ultra, del que siente la patria con los dos intestinos. El ruido constante del motor y de las bocinas. La 'mani' del sedentario, cómodamente sentado en su coche o en la moto sin que las cuerdas vocales se vean afectadas lo más mínimo. Para eso está el claxon. Ha sido una manera más de pasar una mañana de sábado. Como decía mi amigo Juan, cada uno se excita como quiere.

Las imágenes eran antagónicas. En el Paseo del Prado cerrado al tráfico paseaban ancianos amarraditos del brazo, varios bebés dormían plácidamente en sus carritos gracias al tran trán de las aceras próximas al museo, charlaban las señoras sentadas en el tramo del Jardín Botánico. Y en la calle paralela, la muy señorial y parisina Alfonso XII, hileras de vehículos atascados con sus ocupantes agitando las banderas. Como si Iniesta hubiera vuelto a marcar en Sudáfrica.

La convocatoria promovida por Vox atascó el centro de Madrid. Y Cibeles, Colón y la Puerta de Alcalá se llenaron de contaminación acústica y ambiental. Y de agujetas solo en los brazos. Los que sujetaban la bandera, la tapa de la cacerola. Hasta una paellera había por la Puerta de Alcalá. Un ambiente mucho más festivo que de odio. Y la música de Manolo Escobar, aunque cerca del museo Naval sonaba Juanes y su 'A Dios le pido'.

El hartazgo, como el miedo, es libre. Y Vox ha sabido apropiárselo como nadie

En esto debe consistir la #FaseLibertad que defienden. La libertad de llamar asesino al presidente del Gobierno. La libertad y la matraca de insistir en que cada Consejo de Ministros no es más que la escenificación de un gobierno ilegítimo. En esa idea volvió a insistir Santiago Abascal en la lectura de su manifiesto mussolliniano, retransmitido por EsRadio, la emisora de Federico Jiménez Losantos. Pero pocas radios sonaban en el tramo de la calle de Alcalá presidido por el restaurante Arahí, de donde salió Mariano Rajoy un poco perjudicado tras esa sobremesa de las de antes mientras se votaba la moción de censura.

El líder de Vox, Santiago Abascal, durante la marcha de este sábado. (EFE)
El líder de Vox, Santiago Abascal, durante la marcha de este sábado. (EFE)

El hartazgo, como el miedo, es libre. Y Vox ha sabido apropiárselo como nadie. Como se ha apropiado de la bandera, presente esta mañana en todas las formas posibles. En mascarillas, en pegatinas de los coches, en camisetas, en pulseras, en frentes maquilladas con la rojigualda. Es la 'mani' de las dos Españas, la del Lexus y la furgo. Es la 'mani' que convierte al PP de Casado en un video de gatitos. Y esta España que se manifiesta quiere rugir, no maullar.

Ideas ligeras
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