Morirse joven, retirarse tarde

En estos días de luto y desescalada, de ruido y furia, me resulta imposible despegarme de la nostalgia. La nostalgia que me lleva siempre a casa

Foto: Pau Donés, durante una actuación. (EFE)
Pau Donés, durante una actuación. (EFE)

Lo único bueno de morirse joven es que te ha dado menos tiempo a decepcionar. Algo, a efectos prácticos, mucho más importante que lo del bonito cadáver. Ha pasado con Pau Donés, al que un buen puñado de canciones han bastado para que los fans y los que no tanto lo encumbren a los altares de la música y de la bonhomía.

Quién sabe si el autor de ‘Grita’ y ‘Agua’ no habría acabado sus días profesionales como concursante de 'reality', que es el generador rápido de liquidez de estos tiempos. Infalible para sacar del olvido y los números rojos a aquellos famosos demasiado viejos ya para los directos de Instagram y TikTok.

En España, siempre se ha dicho que enterramos bien. Nuestro virtuosismo es tal que a puntito estuvimos de dibujar a Jesús Gil como un señor entrañable y socarrón que pasó, quizá con maneras algo toscas, por la alcaldía de Marbella y por la presidencia del Atlético de Madrid. Como enterraremos cuando toque a Juan Carlos I, el monarca emérito bendecido por el don de la campechanía, hacedor único de la Transición en España. También único en lo de escoger a los peores amigos. Quizá sabemos morirnos, pero se nos da peor retirarnos.

Asisto entre impertérrita y triste a las declaraciones de Miguel Bosé, el mismo ser humano por el que yo me quedé sin cuerdas vocales en 1990

En estos días de luto y desescalada, de ruido y furia, me resulta imposible despegarme de la nostalgia. La nostalgia que me lleva siempre a casa. Y casa son los padres. Asisto entre impertérrita y triste a las declaraciones de Miguel Bosé, el mismo ser humano por el que yo me quedé sin cuerdas vocales en 1990 en su concierto en la plaza de toros de Las Ventas.

El mismo al que, gordo, flaco, con mucho pelo y sin él, hasta cuando se quedó sin cejas y le salieron cuatro hijos, seguí escuchando. A pesar de su voz escasita y de su soberbia, me podía el relato que dibujé de pequeña, criado entre Picassos y Dominguines, cuando sonaba ‘Te amaré’ en el tocadiscos de casa.

Bosé vaga hoy por las redes dando credibilidad a todo tipo de ideas disparatadas (para él cuerdas) y sin un buen disco a las espaldas tras el exitazo de ‘Papito’ y un ‘exilio’ fruto de una tormenta perfecta: problemas con Hacienda, ruptura con su pareja durante 26 años, la batalla en los tribunales por sus hijos, su tirón aún en Hispanoamérica.

Miguel Bosé, durante una actuación. (Reuters)
Miguel Bosé, durante una actuación. (Reuters)

Ayer, mientras Google me mostraba una selección de noticias producto de mis sonrojantes búsquedas, acabé viendo un programa en YouTube. Fueron poco más de 11 minutos. Los suficientes para comprobar la importancia de una retirada a tiempo.

En esos 600 y pico segundos, María Teresa Campos, ‘cojonudita de Málaga’, se estrena como 'youtuber'. Lo hace en el salón de su casa, ese tipo de casas en que una solo imagina a Camilo Sesto y María José Cantudo, llenas de libros, cuadros y dorados.

La primera mujer directora de informativos en una radio, la que fue subdirectora de ‘Hoy por hoy’, la pionera en introducir una mesa de política en un magacín en la tele, la reina madre de las mañanas en mi casa y en las casas del resto, se acompaña de una amiga para hablar de sus cosillas. Cosillas que son las cosillas de todos. “Salud, estética, belleza…”, dice entre risas algo fingidas.

Campos intenta recurrir al teatrillo que tan bien le funcionó con Paco Valladares o Cuca García Vinuesa. Pero esa forma de hacer tele ya no existe

En este primer capítulo de ‘Enredadas en la red’ (el nombre coincide con un programa de formación que imparte el Ayuntamiento de Cangas del Narcea), la Campos y su amiga Meli Camacho hablan de gordos. Camacho se despacha con varias lindezas. “Soy enemiga de la gente que está gorda”, “la carne tiene su público”, “hay señoras llenitas que tienen su éxito”... Aunque mi favorita es esa que dice que, llegadas a una edad, “o te amojamas o te ajamonas”.

Mientras, la Campos intenta recurrir al teatrillo que tan bien le funcionó con Paco Valladares o Cuca García Vinuesa. Pero esa forma de hacer tele ya no existe. “A mí si me quitan los pasteles, esto no me interesa”, comenta jocosa. Y Meli, mientras tanto, sigue advirtiendo de los peligros de la gordura, aunque asegura que no hay que criminalizar al obeso. Precisamente porque “son los primeros que han caído entre las víctimas del coronavirus”. Una afirmación que podría estar basada en la ciencia o en alguna de las webs en las que se informa Bosé.

Me quedé en el Bosé y en la Campos que conocieron mis padres. Ya he dicho que últimamente ando sumergida en la nostalgia

La semana que viene, avisan, hablarán del balón gástrico. “Que no es lo que la gente piensa”, sueltan como cebo.

Me gustaba más la Campos que asomaba por la tele de la cocina dando la palabra a María Antonia Iglesias, mientras mi madre freía los filetes y me decía: “Anda que no se les nota que son socialistas”. Me quedé en la Campos de antes del ‘reality’ para el que se vistió de Audrey Hepburn.

Me quedé en el Bosé y en la Campos que conocieron mis padres. Ya he dicho que últimamente ando sumergida en la nostalgia. Y en lo de retirarse a tiempo.

Ideas ligeras
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