Sánchez, con más moreno que sustancia

Las mascarillas de los periodistas tapaban las risas, pero las miradas lo decían todo. Otra arenga-monserga como las que pronunció el mismo sumo sacerdote durante el estado de alarma

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sanchez, y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska (2i), tras la conferencia 'España puede. Recuperación, transformación, resiliencia'. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sanchez, y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska (2i), tras la conferencia 'España puede. Recuperación, transformación, resiliencia'. (EFE)

Ha sido una reunión de personas con bronceado de yate con el amado y bronceado líder. Ha sido un discurso mitad de autoayuda, mitad churchilliano (mis disculpas, Winston). De memoria, eso sí. Ha sido otra arenga-monserga como las que pronunció el mismo sumo sacerdote durante el estado de alarma. Ha sido como los últimos discos de Alejandro Sanz, que las fans empezamos con las mejores intenciones posibles y terminamos con una inevitable decepción.

La Casa de América acogió esta mañana una conferencia de Pedro Sánchez frente a eso que se ha dado en llamar 'representantes de la sociedad civil', que es un poco como lo de 'fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado'. Una vez que lo memorizas, ya no se olvida. "España puede", piensa Pedro. O no.

Estaban empresarios del Ibex, delgadísimos Florentino Pérez y Ana Patricia Botín, Ignacio Sánchez Galán, Isidre Fainé con la mascarilla mal puesta, Pablo Isla y Álvarez-Pallete con reparto desigual de melanina. Estaba José Ignacio Goirigolzarri, simpático y con actitud de "a ver qué nos cuenta este buen hombre". La CEOE y los sindicatos. Estaban la actriz Concha Velasco, la farmacéutica Marián García (Boticaria García en redes sociales), el cineasta Mariano Barroso, el escritor Lorenzo Silva y el músico James Rhodes, sentado en una esquina de la sala a la espera de que alguien le diera cuartelillo, un poco como una se imagina a Gareth Bale en el vestuario del Real Madrid. Sorpresa: no estaba el padre Ángel.

Estaban la mayoría de los miembros del Gobierno. Pablo Iglesias con dos pendientes de color oscuro, Salvador Illa con calcetines color rojo Valentino. Maslaska con mascarilla de diseño, Yolanda Díaz con uno de esos peinados que quieren proyectar dejadez pero que llevan su ratico componerlos.

Hasta que salió Pedro Sánchez. Algo menos bronceado que en la aparición de la semana pasada, pero mucho más hidratado. Salió con una energía desbordante, salió con el espíritu de Barack Obama, dispuesto a demostrarnos que también puede tener el mismo 'swing' con el baile. Salió moviendo la cabeza a un lado y otro del auditorio, demostrándonos que no tiene perfil malo. Que si quiere, puede. Que España puede, si quiere. Y si quiere Pablo Casado, ni digamos.

El vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias (i) conversa con el presidente del BBVA, Carlos Torres. (EFE)
El vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias (i) conversa con el presidente del BBVA, Carlos Torres. (EFE)

Dice el presidente que "somos una única humanidad". Que necesitamos resiliencia y una hoja de ruta. Y que la pandemia nos obliga a que determinadas urgencias sean inaplazables, inexcusables. En medio de sus palabras, algún que otro gesto de galán en el proyecto más personal y maduro de su carrera. "Si me permiten la concatenación", expuso a eso de la mitad de su exposición. Pues claro, hijo mío, si nadie te iba a interpelar.

"Si me permiten la concatenación", expuso a eso de la mitad de su exposición. Pues claro, Pedro, hijo mío, si nadie te iba a interpelar

Y pidió oxígeno, un poco de tregua, pidió ayuda, a la manera de Sánchez. No quiere 'unanimidaz', sino 'unidaz' porque entre nuestros planes no estaba esta 'calamidaz'. Repitió esta última palabra muchas veces, todas acabadas en zeta. Pidió, una intuye, Presupuestos, la renovación del CGPJ, hasta ganar Eurovisión si eso fuera posible. Pidió, por el amor de Dios, salir de esta como sea y con quien sea.

"¿Adónde quiero ir a llegar?", dijo casi al terminar su discurso. Las mascarillas de los periodistas tapaban las risas, pero las miradas lo decían todo. Sánchez apeló a tiempos pasados y siniestros a los que España ha conseguido sobrevivir. A la Guerra Civil, a la dictadura franquista, a la crisis económica y financiera de hace una década. Hoy, recordó, pertenecemos a una Europa que ha decidido no desentenderse.

Dio las gracias, se puso una mascarilla blanca, aplaudió a los presentes. Entonces, empezó el frote de codos. Luego, los piropos. Esta tarde, en el bar, se seguirá hablando de Messi y de la vuelta al cole.

Ideas ligeras
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