Ahora es tarde, señora

Salió un Casado que entusiasmó a la izquierda tuitera y tranquilizó a Sánchez, al que ya solo le falta ir con la Tizona al Congreso de los Diputados

Foto: El líder del PP, Pablo Casado. (EFE)
El líder del PP, Pablo Casado. (EFE)

Salió Casado repeinado y formal, con traje exquisito y andares pausados. Charló unos segundos con la presidenta del Congreso. Soltó los papeles y se soltó la melena. Repartió como nunca, vibró como nunca, los abofeteó a todos. A los que minutos antes le consideraban el Bambi de la política y le veían como un cuarentón de carita inofensiva, demasiado cobardón, demasiado influenciable.

Apenas paró un par de veces para beber agua. Fue directo al grano y propinó con ganas un gancho en la quijada de Abascal. Y como no se quedó satisfecho, le atizó otros tantos, por si acaso no quedaba claro su no rotundo y evitar así cualquier tipo de parecido razonable. "No queremos ser como usted", le dijo.

No se olvidó de Sánchez, por ser quien es y encabezar "el peor Gobierno en los últimos 40 años". "Cuarenta", le insistió al candidato de la que bautizó como "moción de impostura". Y pareciera que los minutos que estuvo en el atril, con o sin papeles, demostrando que es junto con el vicepresidente segundo lo único potable del Congreso, que su tono fue una respuesta al menosprecio de Cayetana y sus 'agradadores'.

Fue la venganza que llevaba tanto tiempo esperando. Gracias, Santi. Gracias, Pedro.

Salió un Casado que entusiasmó a la izquierda tuitera y tranquilizó a Sánchez, al que ya solo le falta ir con la Tizona al Congreso. Que llamó "monosabio de Iglesias" a un Santiago Abascal al que afeó la deslealtad y los insultos al partido que "le dio trabajo durante 15 años". Al que ridiculizó por su retrato de una España más negra que la que pintó Goya. Llena de "fracturas, derrotas y enfados". "Política sin complejos, sí. Pero con cabeza". Rescató palabras preciosas, como cuando se refirió al argumentario de Vox como "prontuario de tópicos".

Salió un Casado que entusiasmó a la izquierda tuitera y tranquilizó a Sánchez, al que ya solo le falta ir con la Tizona al Congreso de los Diputados

Lástima, señor Casado Blanco, que hayan tenido que pasar dos años. Lástima que haya necesitado 24 meses para darse cuenta de todo esto. Porque Vox ha sido claro desde el primer Vistalegre. Y no será porque no han hablado. Y no será porque no les hemos escuchado. ¿Quién aguanta dos años de insultos sin poner pie en pared? Son usted y su partido, los mismos que hoy han brillado en el hemiciclo, los que han decidido hacerle hueco en sus camas todo este tiempo.

¿A qué Casado nos creemos, al de hoy o al de hace 48 horas? ¿De qué Casado estoy escribiendo, del que llamó extrema derecha al que luego pidió ayuda para gobernar en tres comunidades autónomas?

"Una mañana gris, al abrazarnos, sentimos un crujido frío y seco", cantaba hace años la Jurado, sin saber que era la definición perfecta de lo que ha sentido hoy Abascal al escuchar al que sostiene en Madrid, Murcia y Andalucía. Pero también cantaba la de Chipiona lo que siente la que escribe tras escuchar a Casado: "Ahora es tarde, señora".

Ideas ligeras
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