Otra mañana en la que Leonor hubiese deseado estar en clase
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Ángeles Caballero

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Otra mañana en la que Leonor hubiese deseado estar en clase

La que está llamada a ser Reina de España ha tenido que dedicar su mañana de miércoles a cumplir con su primer acto en solitario. Qué responsabilidad. Qué marrón

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La princesa Leonor. (EFE)

Madrid tiene cosas maravillosas. Lo mismo acoge a unas cuantas hordas de franceses ávidos de juerga como a una exquisita tribu urbana denominada Concordia Real Española. Franceses no había ni uno este miércoles por la mañana paseando por la calle de Alcalá, pero sí estaban los segundos, bronceadísimos y variados, esperando la llegada de la princesa de Asturias a la sede del Instituto Cervantes.

Leonor de Borbón es una niña que a sus 15 años quizá habría preferido tener este miércoles un examen de Química y tiempo para echar un vistazo a TikTok al acabar los deberes. Pero la que está llamada a ser Reina de España ha tenido que dedicar su mañana de miércoles a cumplir con su primer acto en solitario. Qué responsabilidad. Qué marrón.

La princesa Leonor se estrena en solitario.

A las 12 en punto salió del coche. Las rodillas le temblaban y el tacón de carrete no ayudaba. Sus piernas, flaquísimas y níveas, la llevaron a saludar a las dos autoridades que salieron a recibirla. Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, poeta y excandidato a presidente de la Comunidad de Madrid por Izquierda Unida. Carmen Calvo, vicepresidenta primera del Gobierno, que tuvo que aguantar algún que otro abucheo a su llegada. Iba vestida con traje pantalón fucsia o lo que España ya conoce como “ir de Rocío Carrasco”.

Se escucharon gritos de: "Viva el rey", "viva Leonor" y "viva España". También un solitario pero contundente: “¡Viva la madre que te parió!”. Una madre plebeya, nieta de taxista y divorciada. Los tiempos cambian, las monarquías cambian, y también los monárquicos.

placeholder Leonor, saludando a la salida del acto en el Cervantes. (Reuters)
Leonor, saludando a la salida del acto en el Cervantes. (Reuters)

“El futuro es Leonor”, decían los carteles de Concordia Real Española. En ese casi centenar de personas, una pequeña pero variada muestra de lo que hoy es España. Señoras jubiladas de buen ver y mascarilla patriótica, estudiantes universitarios con un más que notable parecido al Pequeño Nicolás, señores con aspecto de ir luego a la notaría, algún que otro chándal y zapatillas con logo. Por haber, había un ciudadano con tez negra, o de color, o como se diga en estos tiempos de moralina asfixiante.

Son personas a las que les gusta la monarquía. Tanto como para aguantar más de una hora con el sol de cara y pedirse el día libre en sus respectivas responsabilidades profesionales. Tanto como para ir a una tienda a comprar un globo con forma de corazón y de color añil y que te pongan en él: “Te queremos, Leonor”. También son personas a las que no les gusta Carmen Calvo.

La zona en la que aguardábamos los periodistas mientras Leonor entregaba un ejemplar de la Constitución y de 'El Quijote' a un poeta comunista tenía algún que otro símbolo. Algunos de los miembros de Concordia Real Española se apoyaban, sin saberlo, en uno de los semáforos que incorporó Manuela Carmena al paisaje de la ciudad y que incluían parejas de distinto género y también del mismo. En el de la esquina de las calles Alcalá con Barquillo parpadean dos señoras, encantadas, sin duda, de vivir en la tierra de la libertad a pesar de la exalcaldesa.

placeholder La princesa Leonor (c) junto a la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo (i). (EFE)
La princesa Leonor (c) junto a la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo (i). (EFE)

Y en la lona enorme que tapa las obras que se realizan en el Círculo de Bellas Artes lucía publicidad de la película ‘El rey de Zamunda’, con Eddie Murphy, que antes, cuando Leonor no había nacido y su abuelo era el rey del mambo, era ‘El príncipe de Zamunda’. Quizá la única sucesión hereditaria que reconozcan algunas formaciones políticas del Congreso y algún que otro casi exvicepresidente.

A las 12:45, un poco antes de lo previsto, salió Leonor de Borbón. Se llevó la mano al pecho para despedirse de sus anfitriones. El poeta le dio más cuartelillo que la vicepresidenta. La princesa se dio la vuelta, alzó su mano y saludó a su club de fans. Entró en el coche y una imagina que respiró aliviada. Al instante, el globo con forma de corazón salió volando y se perdió en el cielo madrileño. Menuda responsabilidad. Menudo marrón para una niña de 15 años.

Madrid tiene cosas maravillosas. Lo mismo acoge a unas cuantas hordas de franceses ávidos de juerga como a una exquisita tribu urbana denominada Concordia Real Española. Franceses no había ni uno este miércoles por la mañana paseando por la calle de Alcalá, pero sí estaban los segundos, bronceadísimos y variados, esperando la llegada de la princesa de Asturias a la sede del Instituto Cervantes.

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