Iglesias volvió a Vallecas: una discoteca 'antifa' y demasiados poemas
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Ángeles Caballero

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Iglesias volvió a Vallecas: una discoteca 'antifa' y demasiados poemas

La plaza tenía ganas de Pablo Iglesias. Las mismas señoras mayores que hace semanas increpaban a Vox estaban vestidas con las mismas batas, pero en vez de abucheos le recibieron con aplausos

placeholder Foto: Pablo Iglesias en Vallecas. (Ana Beltrán)
Pablo Iglesias en Vallecas. (Ana Beltrán)

Empecemos por el final, porque fue lo mejor. Cuando se fueron los protagonistas y en la Plaza Roja de Vallecas sonó el ‘Bella Ciao’, y la plaza mandó a paseo las sillas y se puso a bailar. Una verbena de viernes, saltos y fotos. La discoteca antifa. Para celebrar la izquierda pero también para entrar en calor. Porque durante más de dos horas y media aguantaron con más paciencia que Job un acto de Unidas Podemos en defensa de la cultura.

Que es importante. Imprescindible. Pero veinte personas hablando, cada una con su poema y sus urgencias, sus emociones y sus mensajes, se hicieron pesadas. Pablo, no es personal. Que tú y yo sabemos que empezamos la tarde en mangas de camisa y en cuando se fue el sol acabamos -yo con la gabardina, tú con la cazadora- abrigaditos y con necesidad de manta. Qué frío pasamos, hijo y candidato de mi vida.

placeholder Fotografía del acto de Vallecas. (Ana Beltrán)
Fotografía del acto de Vallecas. (Ana Beltrán)

La plaza tenía ganas de Pablo Iglesias. Las mismas señoras mayores que hace semanas increpaban a Vox estaban vestidas con las mismas batas, pero en vez de abucheos le recibieron con aplausos. Y en el público, todo lo que uno se imagina de Vallecas. Gente joven haciéndose fotos con el puño. Gente no tan joven haciéndose la misma foto. “Que se vea bien lo de “Que hable la mayoría””, le decía una señora a su amiga mientras esta intentaba encuadrar con el teléfono móvil.

Mucha bandera. Republicana, del PCE, de Izquierda Unida, con el logo de UP, de Comisiones Obreras. Un señor paseaba de un lado para otro, de manera algo convulsa, recopilándolas. “Quiero unas cuantas para llevarlas a la ‘mani’ de mañana”, decía.

placeholder Imagen del acto de Vallecas. (A. Beltrán)
Imagen del acto de Vallecas. (A. Beltrán)

A la manifestación del 1 de mayo irá, además del señor de las banderas y Yolanda Díaz, una vecina del barrio que se llama Feli. Va moradísima y republicanísima. “Mira, mira”, dice a la periodista. Y enseña los lóbulos de las orejas con sus pendientes de la bandera republicana. También lleva la tricolor en el fular al cuello, y forro polar, mascarilla y mechón capilar de color morado. “Y porque no me ves, pero tengo tres pintalabios morados. Hasta que no atiné con el color, no paré”, explica.

Feli vive en Entrevías desde que se casó, pero es una de las almas de Vallecas. Colabora con una asociación vecinal desde hace más de 40 años, se siente optimista con respecto al 4-M y no quiere saber nada del voto por correo. “Ese día iré orgullosa para que me vean mis vecinas”, dice.

placeholder La ministra Yolanda Díaz en el acto de Vallecas. (A. Beltrán)
La ministra Yolanda Díaz en el acto de Vallecas. (A. Beltrán)

De las muchas maneras que tiene una mujer de envejecer, una consiste en pasar desapercibida. Dejarse las canas o bien apostar con el color café con leche. En Vallecas, o al menos la Vallecas que acudió esta tarde a ver a Pablo Iglesias Turrión, tienen una propia. Son mujeres que han decidido ir por la vida con el pelo de colores. Apenas es un mechón. Morado, rojizo, verde. Una manera de envejecer que también es una manera de rebelarse ante el estereotipo y el lugar común, de reivindicar un lugar que quizá no han tenido. Había un montón de ellas esta tarde.

"Ahora mismo nos vamos a tomar un gin tonic porque esto es insoportable"

Ismael Serrano, autor de un tema para la campaña que, como bien dice mi colega Josué Coello podría servir de banda sonora para lo próximo de Disney, se hacía fotos con fans del público. Cuando hablaba por el móvil destacaba un ‘anillaco’ enorme de oro, un poco como de rapero, en su dedo anular. Daban ganas de decirle: “Tan de izquierdas no serás si llevas eso”. Encima, llevaba unas zapatillas de Adidas con forma de bota. Intolerable.

La llegada de Iglesias bien podría haber sido la de Bruce Springsteen. Por aquello de una estrella del rock con principios no precisamente liberales. Llegó y en sus ojos una intuía emoción. Porque Iglesias llora y entre llorones nos reconocemos.

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Fotografía del acto de Vallecas. (A. Beltrán)

Decíamos que habló un montón de gente. Actores, deportistas, cantantes… Reconocidos en lo suyo y en su reivindicación de la izquierda. Leyeron lo que llevaban en los papeles. El mejor papel fue el de Alberto Sanjuan, que fue preciso, emocionante. Es un hombre que en su discurso ganador del Goya a mejor actor de reparto por ‘Sentimental’ comenzó proponiendo una orgía. Esta vez habló de Lorca y de Machado, de la dignidad de ambos y de la democracia. En cuanto acabó de hablar, se fue del acto con una bolsa de plástico cuyo interior parecían dos tuppers. Alberto es humano, celebremos.

Fue largo, decíamos. Dos amigas, nada más acabar el asunto, temblaban de frío pero no estaban dispuestas a acabar la noche tiritando. “Ahora mismo nos vamos a tomar un gin tonic porque esto es insoportable”, decía una de ellas. Lo insufrible no era lo vivido, sino el Gobierno de Ayuso. Lo tomarán también, dicen, “cuando gane la izquierda”. “Fíjate que yo, que tuve un novio que era guapísimo hace mucho, estaba deseando encontrármelo. Y ahora esta tonta dice que no va a poder ser. Esto es broma, ¿eh? Por si lo pones”, dice. Puesto está.

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