'La verdad de Isabel' en 'prime time'
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Ángeles Caballero

Ideas ligeras

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'La verdad de Isabel' en 'prime time'

La presidenta de la Comunidad de Madrid hizo lo que mejor sabe hacer: habló de ilusión y unidad, hizo caída de ojos y gesticuló más que Jim Carrey

Foto: Isabel Díaz Ayuso, durante su visita en 'El hormiguero'.
Isabel Díaz Ayuso, durante su visita en 'El hormiguero'.

Existe desde hace un tiempo cierto furor por una técnica llamada maderoterapia. Básicamente, consiste en que alguien viene a tu casa, saca una camilla en la que te tumbas y a continuación ese alguien te pega una paliza con unos palos durante un buen rato. ¿Sadismo? ¿Efectos secundarios de la libertad? No, amigas, es el precio que has de pagar si quieres conseguir, te dicen, unos muslos y un abdomen aptos para Instagram.

Todo esto para decir que lo de Pablo Motos con Isabel Díaz Ayuso ha sido justo lo contrario. Ojalá todas las entrevistas así. Ojalá todas las citas de 'First Dates' de principio a fin, los exámenes de las oposiciones y hasta las rupturas. Qué bonito. Qué precioso. Qué Isabel.

Motos recibió a Ayuso con música de Depeche Mode y con un abrazo. Empezó el asedio (ejem) refiriéndose al estado de ánimo del PP como “movidita” y lo resumió como asunto de “chiquillos”. Ella hizo lo que mejor sabe hacer: habló de ilusión y unidad, hizo caída de ojos y gesticuló más que Jim Carrey.

Se disfrazó de víctima del sistema, acusó a Iván Redondo —“a ese sí que le bloquearía”— de haber orquestado una campaña en su contra y se regodeó en el papel de mujer hecha a sí misma. Tanto, que aseguró haber “empezado desde muy becaria” para decir, minutos después y en pleno fervor y gloria, que “la música callejera en español” vive un momento delicioso.

Fue un paseo triunfal sin repreguntas, sin matices, sin mohín alguno y con un club de fans entre el público. “¿Te has sentido sola alguna vez, Isabel?”, ansiaba conocer Motos. Qué acoso y derribo, qué de preguntas improvisadas, qué conversación más natural. Yo que ella, no volvería ante semejante mal rato.

Pero qué buena idea, por cierto, la de colar en 'prime time' ‘La verdad de Isabel’ justo cuando desde su partido habían pedido silencio y Almeida recorre Madrid maldiciendo los entornos, esos que tanto hablan y tanto enredan.

Nada menos que una hora y pico para que la que sí ha ganado elecciones (las últimas de manera rotunda) se explique y se explaye, coloque los mensajes que le apetece, dispare a quien le venga en gana, acierte las canciones porque la música española le fascina, abrace y deslice un gritito al ver a Trancas y a Barrancas, diga que adora a Julio Iglesias, “el otro rey”.

Y por si acaso, ante la posibilidad de cualquier despiste, ahí estaba el presentador, dispuesto a completarle las frases.

Mientras, en Génova 13, una imagina a Casado pidiendo valerianas y Almax para cenar y volviendo a ver ese momento en el que Isa (si es que aún la llama así) miraba a Motos y pronunciaba la siguiente frase: “Las urnas me dan más libertad que los despachos”.

Isabel Díaz Ayuso
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