En el lejano e hipotético caso de unas nuevas elecciones generales

Supongamos que sí, que hay que aceptar unas nuevas elecciones. ¿Cuál es la línea de salida de los principales partidos en esta liza?

Foto: Constitución de las Cortes Generales de la XI Legislatura. (EFE)
Constitución de las Cortes Generales de la XI Legislatura. (EFE)

El pasado miércoles se inauguraba una nueva legislatura en el Congreso de los Diputados de Madrid, en concreto la undécima. La primera dio comienzo el 23 de marzo de 1979 y terminó el 17 de noviembre de 1982. En medio hubo una dimisión del presidente del Gobierno que hizo posible este sistema y un intento fallido de golpe de Estado.

Una democracia joven, adolescente si las comparamos con las de otros países de nuestro entorno y, como toda adolescencia, muestra cambios en su crecimiento: físicos (una España y un Congreso políticamente más segmentados), nuevas relaciones con el riesgo del "hoy te quiero / mañana te odio" y muchas ganas de demostrar a todos la reivindicación de la propia personalidad, por no hablar de independencia (con o sin 'tuppers' y colada... eso ya veremos).

Vaya por delante que desde IdV se ha defendido, ya en tiempo de encuestas, que el resultado del 20 de diciembre debía obligarnos a hacernos mayores en España. El tan nombrado "debate" debería manifestarse en un formato de Gobierno estable necesario en un momento complejo. Ejemplos como el belga (demócrata-cristianos valones junto a sus afines flamencos y a nacionalista-conservadores también flamencos), israelí (actualmente 5 partidos en coalición) o alemán (Große Koalition de 2005) han acudido a este blog como distintos tipos y ejemplos de lo que un país con necesidad de estabilidad requiere.

Pero imaginemos que esta democracia en plena pubertad no está contenta con las expectativas puestas en ella, decide encerrarse en su cuarto tras un portazo y no salir hasta que las condiciones cambien. Esto implicaría consentir unas nuevas elecciones y que los partidos tuvieran una nueva oportunidad de afianzarse. Ahora, como todos se afiancen, volveríamos al escenario actual y a ver quién le dice a nuestra adolescente: "¡Hasta aquí, ya no más!" la siguiente vez.

Supongamos que sí, que hay que aceptar unas nuevas elecciones. ¿Cuál es la línea de salida de los principales partidos en esta liza? Para simplificar el modelo he tomado Podemos como la suma del propio Podemos junto a En Marea, En Comú y Compromís.

Primero recordemos cuál es el reparto de escaños en España por circunscripción (en nuestro caso equivalen a cada provincia más Ceuta y Melilla).

Resaltar el gran salto que hay desde Valencia (16 escaños) a Madrid y Barcelona (36 y 31). Ser fuerte en estas ciudades implica mucho terreno ganado. Pero hay que pensar en cómo crecer. Por ejemplo, podemos encontrar un grupo de 6 provincias con 8 diputados cada una y que entregan 48 asientos en total, pero entre ellas son muy dispares, con lo que las propuestas para una no tienen porqué valer al resto.

La serie de gráficos por partido que veremos a continuación muestran el porcentaje de votos logrado en cada circunscripción por el PP cruzado con el número de escaños en juego (ojo, no los ganados por el partido).

Primero el ganador de las elecciones, el Partido Popular con un 28,72% de los votos y 123 escaños. Bueno 122 tras el nada sorprendente movimiento de De la Serna al pasarse al Grupo Mixto.

El PP tiene como recorrido desde Girona (8,5% de los votos) al mayor en Ávila (46,2%). Casi 38 puntos de diferencia entre una y otra, lo que les hace ser el partido con más dispersión de los cuatro principales.

28,7% de los votos en toda España pero observen cómo un entorno más competitivo y agitado como el actual les hace tener un resultado muy pobre en Cataluña, donde sólo puntúan 5 escaños sobre un máximo de 31 en Barcelona y 1 de los 4 posibles en Lleida. Algo similar ocurre en el País Vasco donde sólo se llevan un escaño en Álava. Vemos Sevilla con 25% de los votos y a partir de ahí el resto de las provincias van ubicándose por encima del resultado global. De hecho esa diferencia tan grande entre sus peores y mejores resultados es lo que produce que en la gráfica muchas provincias queden por encima del 28,7%

Es decir: tiene un tope en aquellas provincias que le dan más del 35% y que, salvo Murcia, ponen muy pocos escaños en juego. Por otra parte las que más rentables pueden salir en caso de nuevos comicios serían Alicante, Asturias, Baleares, Málaga y Valencia. En todas ellas el PP es el vencedor y sólo en Málaga los márgenes son estrechos y en todas puede haber crecimiento.

Madrid requiere un análisis específico de cara a tomar decisiones porque, aunque el PP es el vencedor a casi 13 puntos de Podemos y a más de 15 del PSOE, son las ciudades grandes las que más permeables se muestran a nuevos partidos.

El PSOE bascula entre el 12,5% de Lleida como peor resultado y el 38,4% de Jaén como mejor. En total, 26 puntos de diferencia.

Primero reseñar que el PSOE, al contrario que el PP, incluso en sus peores provincias saca al menos un diputado. Segundo, que Sevilla es la única provincia donde el PSOE nunca ha perdido en unas generales. Solían ser la capital andaluza y Barcelona, pero en Barcelona el PSC se ha quedado a 300k votos de En Comú y también a 300k votos de los logrados en 2011.

Andalucía ha sido para el PSOE por 100.000 votos por delante del PP, pero, aunque con resultados razonablemente buenos, no ha ganado en todas las provincias. El peor resultado en Cádiz, aunque ha sido el partido más votado (en Cádiz capital terceros tras el PP y Podemos) y se ha llevado, además, a su cuenta particular Córdoba, Huelva, Jaén y Sevilla. 22 diputados en la región, un 24,4% de todos los diputados logrados en estas elecciones. Es decir, el PSOE se está localizando mucho y ha perdido momento. Incluso en Extremadura está muy cerca del PP. Si más de 30 provincias están dentro de la horquilla del 22-35%, sólo en las citadas andaluzas tiene una situación tranquila junto a un posible potencial de asalto al PP en Granada y Málaga, lo que refuerza la tesis de la localización.

El PSOE necesita un nuevo empuje. No corresponde a este blog entrar en si debe ser llevado a cabo por Pedro Sánchez o Susana Díaz, pero por mucho que se afirme estos días que el mandato de las urnas ("mandato demócratico" es un término reducido a caricatura tras la afirmación de Artur Mas al llegar a un acuerdo con la CUP) insta a un gobierno de progreso liderado por el PSOE, su posicionamiento a lo largo del mapa de España hace complicado respaldar con datos esa afirmación.

Podemos presenta 16,5 puntos de recorrido entre la provincia con más votos y la que menos.

Como hemos comentado tienen mucha permeabilidad en las grandes ciudades y claramente Madrid, Barcelona Valencia o Alicante contribuyen a que el dibujo de la gráfica de arriba deje pocas circunscripciones por encima del resultado obtenido a nivel nacional.

Ahora, adicionalmente a los 22 diputados obtenidos en las citadas provincias, en otras trece destacadas obtienen 24 diputados. Dentro de ellas son primeros en Tarragona, Álava y Guipúzcoa. De hecho son primeros en San Sebastián relegando al PSOE a la tercera plaza y a Bildu a la quinta (ambas formaciones han tenido alcaldes recientemente).

Grandes resultados logrados en parte a una estrategia de localización en Galicia (6 diputados), Cataluña (12 diputados) y Valencia (9 diputados). Un modelo reinterpretado del tradicional PSOE-PSC pero con intereses potencialmente dispares si miramos a negociaciones dentro del hemiciclo.

Si a Podemos las encuestas les mostraron aletargados hasta la última semana, a Ciudadanos les mostraron pletóricos hasta el mismo momento.

Cuarta fuerza en las elecciones, su principal bastión ha sido Madrid, donde se han puesto por delante del PSOE. Por lo demás, como podemos ver, ha resultado muy homogéneo, con especial relevancia por la parte baja en el País Vasco, donde o bien no ha habido trabajo de campo, o su opción ha resultado compleja de comunicar.

C´s supera a Podemos en 11 provincias y en todas ellas el PP arrasa con un mínimo del 35% de los votos y sólo en Madrid superan al PSOE. Esto nos debe dar muchas pistas de cómo funciona su microsegmentación.

Esto ha sido un rápido repaso que debe llevar a reflexiones más sistemáticas. La segmentación y localización de votantes, en especial en estos momentos, es una herramienta a atender más allá de proyecciones y encuestas, totalmente necesarias pero éstas sólo responden a la pregunta: ¿Dónde están mis votantes?

No obstante y terminando donde comenzamos, esperemos que nuestra democracia abra la puerta tras el portazo, porque, como decíamos ¿dónde y cuándo podría acabar este comportamiento si seguimos consintiendo?

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