El Día de la Marmota socialista
  1. España
  2. Interiores
Gonzalo López Alba

Interiores

Por

El Día de la Marmota socialista

Anda la casta del PSOE metida en todos los fregados, ya sea el pulso por el liderazgo Sánchez/Díaz, la destitución de Tomás Gómez o el pacto con el PP a propósito del terrorismo yihadista

Foto: Felipe González y Pedro Sánchez, ayer, en la cumbre socialdemócrata de Madrid. (Efe)
Felipe González y Pedro Sánchez, ayer, en la cumbre socialdemócrata de Madrid. (Efe)

Anda la casta del PSOE –las viejas guardias felipista y zapaterista– metida de hoz y coz en todos los fregados, sea el pulso por el liderazgo que sostienen Pedro Sánchez y Susana Díaz, la destitución a garrote vil de Tomás Gómez o el pacto con el PP a propósito del terrorismo yihadista. Alegan sus integrantes la congoja que sienten ante el camino hacia la irrelevancia que ha tomado el partido, pero olvidan que las mismas cosas o parecidas decían de ellos sus mayores cuando de jóvenes se hicieron con las llaves de la calle Ferraz y pasan por alto su cuota responsabilidad, que no es menor, en la situación a la que han llegado los socialistas.

Un día sí y otro también, dan muestras de no haber asimilado una de las principales lecciones de la Historia: “Desde siempre, en tiempos de crisis y de grandes cambios, se asiste a la liquidación de las estructuras jerárquicas precedentes” (Los cínicos no sirven para este oficio (el periodismo), Ryszard Kapuscinski, Anagrama). No se trata de condenarlos al ostracismo por ser “ex”, pero hay un trecho muy grande entre opinar e intrigar, entre aconsejar y mover influencias entre bastidores, entre tener preferencias y segar la hierba bajo los pies de quienes no siguen la senda que ellos hubieran elegido o han defraudado sus expectativas. Y no todos operan en la misma dirección, sino que en ocasiones lo hacen en direcciones encontradas.

No recuerda ya Felipe González lo que de él decía Rodolfo Llopis, ni Zapatero lo que González de él, entre otras razones porque sus éxitos enterraron aquellas críticas de primera hora. Pero, como es sabido, ninguno de los presidentes que han gobernado España dejó a sus partidos en buenas condiciones para el relevo –al primero, Adolfo Suárez, se le disolvió la UCD como un azucarillo–. González dejó a sus sucesores una pesada losa de corrupción y lucha contra ETA al margen de la ley. Y hoy sigue siendo el día en el que, como señala el sociólogo Ignacio Urquizu, todavía “el 30% de los españoles sigue pensando que el Gobierno de Zapatero es el responsable de la situación actual” (Desunidos, pero ¿por qué? Eldiario.es, 16/2/15), amén de ser el primer responsable de la debacle socialista que comenzó en los comicios territoriales de 2011.

Ajustes de cuentas

Con el renacer entre las sombras de Rubalcaba, Sánchez cumple una de las máximas recomendadas por el cardenal Mazarino en su Breviario de los Políticos (Acantilado): “Nunca hay que presentar batalla a muchos adversarios a la vez; mientras te enfrentes con unos, reconcíliate temporalmente con otros”. Pero no ha tenido suficientemente en cuenta otra: “Se cuestionará tu nobleza si te la han concedido hace poco. Cuando alguien arremeta contra los recientemente ennoblecidos, ponte de su parte y alaba la antigua nobleza de sangre”.

El pedrosanchismo, apremiado por el calendario electoral a pasar cuanto antes la página del pasado, no se ha recatado a la hora de propagar que “nosotros no tenemos nada que ver con la vieja guardia”. Y así, entre desaires a González (las puertas giratorias), a Zapatero (la constitucionalización del déficit cero), a José Blanco (el cargo al PSOE de su defensa en el caso Campeón), a Elena Valenciano (relegada a un papel secundario en el Parlamento Europeo)… ha consolidado viejas enemistades y se ha enajenado el apoyo de quienes se sacaron de la manga su candidatura para cortar el paso a Eduardo Madina.

Cuentan que Zapatero está muy molesto porque, con el procedimiento utilizado para apartar a Tomás Gómez de la candidatura madrileña –que, dicho sea de paso, se asegura que Rubalcaba desaconsejó por parecerle “disparatado” en vísperas electorales–, Sánchez “se ha cargado el espíritu de las primarias”. Y razón no le falta, pero su periodo no se caracterizó precisamente por la aplicación de este procedimiento que trajo al PSOE Joaquín Almunia a finales de los años noventa –cuando se atisba poder se refuerza la unidad y cuando hay unidad, las primarias se convierten en un trámite que no llega a la votación–. Pero lo cierto es que Zapatero, como Blanco, ya se había pasado hace tiempo al bando de Susana Díaz.

Los tamtan de la selva socialista dicen que, ante la creciente posibilidad de que la presidenta andaluza anteponga su maternidad y Andalucía a su ambición de saltar del palacio de San Telmo al de la Moncloa, se quiere resucitar como candidata a Chacón, a la que Sánchez incluyó en la Ejecutiva por consejo de Blanco. Nadie ve margen para otros nombres porque se cree que la militancia ya no está para “nuevos experimentos”, y hasta los más críticos con el secretario general opinan que, si finalmente llegan a convocarse primarias para elegir un candidato presidencial, la apuesta será a “certezas”.

De aquellos polvos, estos lodos. Puesto por los aparatos más que elegido al libre albedrío de los militantes, Sánchez metió a los lobos en el corral de las gallinas, empezando por Gómez, al que ha descabalgado en Madrid, pero tendrá muy difícil sacar de la Ejecutiva. En Ferraz no preocupa gran cosa porque, desde tiempos de Alfonso Guerra, o sea, desde siempre, en periodos electorales la Ejecutiva es sustituida de facto por el Comité Electoral, y cuando acaben los procesos electorales el PSOE tendrá que celebrar un nuevo congreso.

Pero la forma en que está siendo gobernando el PSOE, mano a mano entre Sánchez y César Luena, como antes entre Rubalcaba y Valenciano, y antes entre Zapatero y Blanco, y antes… saca una vez más a relucir el déficit de democracia deliberativa que aqueja a los partidos españoles. Los delegados eligieron una Ejecutiva con atribución de responsabilidades a dirigentes de los que, como Patxi López, Roberto Jiménez o Chacón, a pesar de tener responsabilidades de área sólo se sabe de ellos que están por alguna esporádica nota de prensa o, como en el caso de la exministra, por poner “peros” al secretario general. Y a otros que, como el valenciano Ximo Puig, uno de los primeros desencantados con Sánchez, no ocultan su “desazón” ante el precedente sentado con Gómez. En este marco, no pueden extrañar los elogios que se escuchan en Ferraz a la lealtad con la que, a pesar del divorcio entre sus jefes, trabajan los andaluces Antonio Pradas o Micaela Navarro.

El debate sobre la endogamia

Consejos doy que para mí no tengo, cabría responder a Felipe González, que ha abogado por “evitar la dinámica endogámica de los partidos políticos para contribuir a regenerar la democracia” en un artículo escrito para justificar la decapitación de Gómez (Madrid: superar la endogamia. El País, 19/2/15), la que antes habían procurado sin éxito Zapatero y Rubalcaba.

La endogamia en la que el PSOE recrea el Día de la Marmota se ha manifestado de forma abrupta y palmaria en la escasa concurrencia de los militantes a la “consulta participativa” organizada para proclamar al exministro Ángel Gabilondo como sustituto de Gómez en el cartel electoral para la Comunidad de Madrid, más diáfana cuando el presidente de la gestora, Rafael Simancas, ha recurrido a un argumento tan peregrino como decir que hace “frío” para justificar el desencantado pasotismo de los afiliados.

Como escribe el diputado José Andrés Torres Mora, una de las causas más importantes de la desafección ciudadana “es que [los partidos y los políticos] seamos bastante distintos a lo que decimos ser, y que no practiquemos lo que predicamos. (…) Llamar endogamia a la democracia interna de un partido político no es más que una forma de poner en cuestión la autonomía política de ese partido. Porque hay algo más endogámico que la decisión de quince o veinte mil personas, y es la decisión de cuatro o cinco” (Razones para ganar. Infolibre, 19/2/15).

Susana Díaz Rafael Simancas Carme Chacón Tomás Gómez Patxi López Ximo Puig Pedro Sánchez Alfredo Pérez Rubalcaba Elena Valenciano