El día en el que Madina se enteró de que había perdido las primarias del PSOE
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Gonzalo López Alba

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El día en el que Madina se enteró de que había perdido las primarias del PSOE

El diputado vasco desmiente que tenga un pacto con Susana Díaz para ser el portavoz parlamentario si Sánchez fracasa en diciembre

Foto: Los presidentes de Extremadura, Guillermo Fernández Vara; de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, y el socialista Eduardo Madina. (EFE)
Los presidentes de Extremadura, Guillermo Fernández Vara; de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, y el socialista Eduardo Madina. (EFE)

“Uno debe ser fiel a las cosas en las que cree”, decía Eduardo Madina a mediados de noviembre de 2013, cuando aseguraba a todo el que quería escucharle que, si se presentaba a las primarias para optar al liderazgo del PSOE y perdía, dejaría la primera línea de la política para volcarse en la Universidad. Por entonces todavía no había tomado una decisión definitiva, pero, cuando la tomó, mantuvo el compromiso y el argumento ante quien le preguntó.

Madina ha empezado ahora, quince meses después de su derrota interna, a darse cuenta de que perdió las primarias de julio de 2014, en las que Sánchez se hizo con la secretaría general. El curso académico 2015-2016 comenzó sin que haya vuelto a pisar las aulas universitarias y, desplazado del cartel de Bizkaia por un intocable, el exlehendakari Patxi López, planteó como un todo o nada su inclusión en la “lista nacional” de Madrid. Pidió ir el quinto, pero ha tenido que contentarse con el séptimo puesto de una plancha en la que sólo los diez primeros parecen tener la elección asegurada, una posición muy notable para cualquiera que no hubiera competido abiertamente por el liderazgo del partido y hubiera quedado segundo de entre tres candidatos, con un respaldo del 36% de los militantes.

Ir de séptimo por Madrid es un puesto notable para cualquiera que no haya optado antes al liderazgo

¿Qué ha ocurrido para que ahora Madina quiera seguir siendo diputado y haya aceptado ocupar esa posición discreta en el cajón de sastre que siempre ha sido la lista de Madrid? En vísperas de las elecciones municipales y autonómicas de mayo fue el secretario de Organización, César Luena, quien le pidió expresamente que hiciera hueco en su agenda para implicarse activamente en la campaña, como así hizo. Por entonces, el diputado vasco creía que en estos comicios se produciría un batacazo general del PSOE -salvo en Andalucía- que provocaría una gran revuelta interna, pero, a pesar del mediocre resultado, la foto que ha quedado es la de un partido que, con Sánchez al frente, ha recuperado importantísimas cuotas de poder territorial. Unos meses después los papeles habían cambiado y era Madina el que pedía expresamente a Luena que le hiciera un hueco en las listas electorales.

Madina justifica su cambio de actitud en la voluntad personal de “ayudar al partido en un momento difícil” y en que así se lo pidió “mucha gente que me apoyó y cree que, además de estar más cómodos conmigo dentro que fuera, no debía abandonar la política”, todo lo cual le llevó a la conclusión de que “no se entendería bien que hiciera cualquier otra cosa que no fuera ofrecerme para ir en las listas”.

Pero, aunque en el PSOE se aplaude este gesto de integración que refuerza la imagen de unidad, Madina hace tiempo que perdió la virginidad ante sus compañeros de partido y, salvo entre sus incondicionales, nadie acaba de creerse que sus motivaciones sean tan altruistas. Algunos, que son del gremio educativo, señalan que “para volver a la Universidad antes hay que haber estado y, para alcanzar una remuneración digna, el nivel mínimo es de ayudante doctor, que es el que permite la contratación a tiempo completo y él no tiene”. Otros, más duros en su juicio, subrayan que “para hacer política no es imprescindible ser diputado” y deslizan que “es muy cómodo ir en una lista como la de Madrid, lo comprometido habría sido que asumiera el reto de encabezar alguna circunscripción con problemas, como Álava”. La mayoría, con el recuerdo de que política y estrategia van de la mano, sospecha que “algo tendrá en mente”.

Fuentes solventes apuntan a que, de forma explícita o como un sobreentendido, habría llegado a un entendimiento con Susana Díaz para, si Sánchez se la pega en diciembre, convertirse en su portavoz parlamentario y suplir así el hándicap que ella tendría como secretaria general por no ser diputada. Madina lo desmiente: “Aquí no hay nada de Susana. Nada de nada. Mis consultas han sido todas con gente que me apoyó en las primarias y ella no lo hizo”.

Aunque reconoce que sus relaciones con la presidenta de Andalucía han mejorado mucho desde las primarias, también desmiente que le hubiera ofrecido ser candidato por Sevilla: “No me ofreció nunca ir por Sevilla y no lo habría aceptado”. Sí reconoce que tuvo otros ofrecimientos, y no sólo el de encabezar la lista de Álava, como le propuso Ferraz, sino procedentes de federaciones que le apoyaron en las primarias. Pero para él no había más opciones que Vizcaya o Madrid, y “sólo contemplé estas dos”.

La designación de la catalana Meritxell Batet como número dos en la lista madrileña forma parte de la lucha de poder que mantiene Chacón en Barcelona

Los socialistas madrileños han acogido bien la inclusión de Madina, así como el aterrizaje de la catalana Meritxell Batet en el segundo puesto. Nombre por nombre, el que menos gusta es el de la excomandante Zaida Cantera, que irá en el sexto puesto como independiente, pero no por su persona o por lo que representa, sino por un recelo muy extendido en el partido hacia los “fichajes mediáticos”, que en la mayoría de los casos han acabado siendo fallidos o problemáticos.

La integración de la catalana y militante del PSC Meritxell Batet en la lista de Madrid, unida al encabezamiento de la lista de Barcelona por una madrileña-andaluza, como es percibida Carme Chacón por muchos en Cataluña, y a la inclusión del vasco Madina también en la lista madrileña, podría valorarse como un interesante experimento para atacar el virus del separatismo aplicando la terapia de “transfusión de sangre” por la que abogaba en el siglo pasado Lluís Companys, llevando diputados de unas regiones a otras. Pero no parece que la razón de fondo sea facilitar el entendimiento y convivencia entre socialistas con diferentes identidades territoriales, sino, en todo caso, otro tipo de convivencia.

Sin menospreciar la valía de Batet, coordinadora del programa para las elecciones generales, fuentes del PSC vinculan directamente su aterrizaje en Madrid con la lucha de poder desatada en Barcelona, donde Chacón intenta hacer una lista a su medida en la previsión de que los socialistas electos por esta provincia podrían pasar de diez a un máximo de 6-8. Al PSC de Barcelona ciudad, donde hasta ahora ha militado Batet, corresponde proponer dos nombres para la candidatura provincial, y esas plazas se las disputan Germán Rodríguez, el mozo de cuerda de Chacón, y Maurici Lucena, uno de los ministrables de Sánchez al que el secretario general quiere en el Congreso. Con el encaje de Batet en Madrid, idea que se atribuye a Miquel Iceta, el primer secretario del PSC satisface por igual los deseos de Sánchez y los de Chacón, y él se ahorra un conflicto.

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