El PSOE aplica un ERE a sus veteranos y envía al Congreso a la 'Quinta del Biberón'

Las generaciones criadas en democracia acaparan los puestos de salida en las candidaturas socialistas, en las que solo logra mantenerse una veintena de parlamentarios curtidos

Foto: La ejecutiva de Pedro Sánchez, al inicio del Comité Federal del 17 de octubre. (EFE)
La ejecutiva de Pedro Sánchez, al inicio del Comité Federal del 17 de octubre. (EFE)

“¿Quién va a ejercer de masa crítica y a mantener la memoria del partido cuando las cosas se pongan difíciles?”. Esto se preguntaba el sábado un curtido dirigente del PSOE ante la turborrenovación de las candidaturas para las próximas elecciones generales (79% en las cabeceras para el Congreso y 79,5% en su conjunto), en las que solo ha logrado mantenerse una veintena de veteranos. Los puestos de salida han sido acaparados por la 'Quinta del Biberón', denominación bajo la que cabe encuadrar a todos los que nacieron tras la muerte de Franco, en noviembre de 1975, o bien en esa fecha todavía no habían alcanzado el uso de razón -el primer periodo de maduración que se alcanza entre los siete y los nueve años-, como es el caso de Pedro Sánchez, que tenía tres años cuando murió el dictador. Son, en definitiva, una generación nacida a la vida adulta en democracia, la generación pos78.

Los veteranos asumen, en mayor o menor medida, que la renovación generacional es ley de vida, pero advierten de que, entre los nuevos dirigentes y los que van a ser diputados, abundan los que tienen una gran experiencia orgánica, ya que se han formado en las Juventudes Socialistas, pero muy limitada desde el punto de vista ideológico, en el que se ha impuesto el rojo desvaído, y más escasa todavía en el ámbito profesional al margen de la política. Los hay que, como María González Veracruz (Murcia) o Isabel Rodríguez (Ciudad Real), han sabido combinar ambas facetas en distintos momentos de sus trayectorias, pero hay también un número significativo cuya única carrera es el partido, como el alicantino Herick Campos, que dio el salto al Congreso en 2008, después de haber sido secretario general de las JJSS y, con 39 años, todavía no ha conseguido terminar la carrera de Sociología.

La portavoz del Comité Electoral del PSOE, María González Veracruz, y la vicecoordinadora, Adriana Lastra. (EFE)
La portavoz del Comité Electoral del PSOE, María González Veracruz, y la vicecoordinadora, Adriana Lastra. (EFE)

A muchos veteranos, que lo son por su trayectoria política con independencia del número de legislaturas ocupando un escaño, les hubiera gustado continuar para poder asistir desde el tendido de barrera al nuevo tiempo político que se abre, ya que ellos solo han conocido la alternancia entre PSOE y PP (o UCD) y los gobiernos monocolores. Pero pocos lo han conseguido. Ha sido todo un ERE político. Solo una veintena en las listas para el Congreso: Micaela Navarro (Jaén), Miguel Ángel Heredia (Málaga), José Andrés Torres Mora (Málaga), Antonio Pradas (Sevilla), Antonio Gutiérrez Limones (Sevilla), Antonio Trevín (Asturias), José María Barreda (Ciudad Real), María Luz Rodríguez (Guadalajara), Pedro Muñoz (Ávila), Soledad Murillo (Salamanca), Soraya Rodríguez (Valladolid), Soledad Pérez (Badajoz), Patxi López (Vizcaya), Odón Elorza (Guipúzcoa), Pedro Saura (Murcia), Ciprià Ciscar (Valencia) y Antonio Hernando, Rafael Simancas, Eduardo Madina, Ángeles Álvarez y José Enrique Serrano (Madrid).

Del zapaterismo no queda otro vestigio que José Andrés Torres Mora, exjefe de Gabinete de Zapatero en el PSOE, ya que, con menor o mayor grado de voluntariedad y conformidad, no entran en las listas Jesús Caldera, Trinidad Jiménez, Consuelo Rumí o José Segura, fundadores de Nueva Vía, el grupo que en 2000 aupó al liderazgo socialista al expresidente. Y en las batallas internas también se cayeron a última hora el palentino Julio Villarrubia y la orensana Laura Seara, que no superaron el filtro de Ferraz. En el PSC, que aprobará sus listas el próximo sábado con mar de fondo, se ha jubilado por decisión propia otra veterana, Teresa Cunillera. Además, algunos diputados como el granadino José Martínez Olmos o el gallego Ricardo Varela han sido recolocados en el Senado, donde también aterrizará la exconsejera vasca Isabel Celaá.

[Consulte las candidaturas completas a Congreso y Senado aprobadas por el Comité Federal aquí en PDF]

Los hijos de la Constitución y el ‘mayo’ del 15-M

Más allá de los deseos individuales y del relatado gap generacional, la renovación en las candidaturas impulsadas por Pedro Sánchez, que tienen una media de edad aproximada de 40 años, es coherente con la realidad sociopolítica de España. Los nacidos después de 1978, cuando se aprobó la Constitución, eran ya en 2011 casi el 40% de la población, y, si se les suma los que no pudieron votarla porque todavía eran menores, ese porcentaje ascendía en la citada fecha al 70%, unos datos que seguramente habrán aumentando en los últimos cuatro años. Por esta razón, Francisco Rubio Llorente los bautizó como “los hijos de la Constitución”, y, como todos los hijos -Pablo Iglesias nació en 1978- se han rebelado contra unos padres que consideran anticuados -en este caso, la madre Carta Magna-.

La mayoría de la 'Quinta del Biberón' socialista recuerda haber estudiado con becas creadas por los sucesivos gobiernos de González y haber alcanzado la mayoría de edad en tiempos difíciles para el socialismo: los mayores de esta hornada, como Sánchez (1972), no pudieron votar en unas elecciones generales hasta 1993, cuando el liderazgo de Felipe González ya agonizaba acosado por los GAL y la corrupción, pero el grueso no pudo hacerlo hasta 1996, cuando su voto les resultó frustrante porque ganó José María Aznar. Tras el final del felipismo, volvieron a ilusionarse con Zapatero y, cuando estaban a punto de convertirse en políticos adultos, estalló la Gran Recesión.

Pedro Sánchez, en el comité federal del PSOE. (EFE)
Pedro Sánchez, en el comité federal del PSOE. (EFE)

Por esta razón, cuando solo era profesor de Sociología e investigador de la Fundación Alternativas, el senador Ignacio Urquizu escribió en 2011 que el 15-M fue “el mayo del 68” para la generación de 1978, pues de aquel movimiento procede directamente Alberto Garzón -el más joven de los candidatos presidenciales (IU), con solo 30 años-, de su canalización política surgieron Podemos y Pablo Iglesias, y en él han bebido las generaciones progresistas más jóvenes, que han incorporado a su ideario y a su lenguaje político muchos de los valores, inquietudes, reivindicaciones e ideas que entonces se clamaban en las calles y plazas.

Puesto que el proceso de renovación generacional alcanza a todos los partidos, incluido el PP, la única certeza es que muchos miembros de la ‘Quinta del Biberón’ van a gobernar España y decidir nuestro futuro. Como escribió Thomas Jefferson, redactor de la declaración de independencia de EEUU, “la tierra pertenece siempre a la generación viviente” y todas tienen derecho a llevar a la práctica sus proyectos. Pero, del mismo modo, también es cierto que lo que vino después de mayo del 68 fue la ola neoconservadora encabezada por Ronald Reagan y Margaret Thatcher.

El fichaje exprés de Lozano y el bombero pirómano

Así como, siguiendo a Jefferson, ninguna generación puede estar atada por lo que decidió la anterior, tampoco ningún secretario general del PSOE puede estar atado por lo que decidió el anterior. Eso al menos es lo que debe pensar Susana Díaz, que se mantiene al acecho de una derrota electoral de Sánchez. Si la federación andaluza ya se distanció en la confección del programa electoral, en el que solo ha intervenido activamente en los asuntos territoriales/constitucionales, ha vuelto a hacerlo con las listas electorales -a excepción de las andaluzas, claro, donde Díaz ha puesto a los que serán sus peones en Madrid-.

Susana Díaz, que ya se distanció de la confección del programa electoral, vuelve a hacerlo con las listas, y se mantiene al acecho

El sábado, la presidenta andaluza no quiso hacer declaraciones y en la votación final se impuso el cierre de filas. No hubo ninguna intervención en contra del fichaje de Irene Lozano y sí dos que la avalaron implícitamente, al defender la apertura del partido (el castellano-leonés Luis Tudanca y el madrileño Manuel Robles). Las candidaturas se aprobaron por el comité federal con tan solo tres votos en contra y seis abstenciones. Pero su representante en la comisión de listas, Juan Cornejo, ya había dejado clara su posición la víspera ausentándose de la votación en la que se aprobó la inclusión de Lozano como número cuatro por Madrid. Las llamadas de indignación de los militantes han colapsado los teléfonos de los dirigentes que les son más cercanos y Díaz mejor que nadie, como en otras ocasiones, ha sabido sintonizar con “la voz que viene de abajo”. También como en otras ocasiones, lo ha hecho nadando y guardando la ropa: desmarque público y disciplina orgánica.

El cierre de filas se impone a la irritación por el fichaje de Irene Lozano, que hace el recorrido inverso a Rosa Díez

El fichaje de la hasta ahora diputada de UPyD, que hace el mismo recorrido que su antigua jefa de filas, pero a la inversa, ya que Rosa Díez provenía del PSOE, es una operación de última hora para, una vez que parece frenada la sangría de votos hacia Podemos, intentar atraer votos de Ciudadanos, que ya dejó en las raspas a UPyD. Pero, como si fuera un bombero pirómano, Sánchez ha provocado un incendio mayor del fuego que intenta apagar.

Irene Lozano, en el Congreso. (EFE)
Irene Lozano, en el Congreso. (EFE)

Siendo cierto que, dentro del popurrí ideológico de UPyD, Lozano era la más cercana a las tesis socialistas, que ha tenido una destacada actividad parlamentaria y que tenía una vida profesional anterior, no es menos cierto que no tiene el tirón mediático ni la popularidad del juez Baltasar Garzón cuando Felipe González lo fichó en 1993, que ha sido durante la legislatura azote del bipartidismo, que llegó a decir del PSOE que tiene como ideal una “mezcla de Suiza y de Sicilia”, que en julio estaba compitiendo por alzarse con el liderazgo dentro de UPyD y que no ha sido reclutada entre la llamada “sociedad civil” sino en las filas de otra formación política. Demasiado para un partido en el que los independientes de relumbrón han dejado un sabor muy amargo -Garzón apenas aguantó un año y se fue con escándalo-, por más que la tesis oficial sea que la incorporación de Lozano es una “demostración de la capacidad de integración” del nuevo PSOE.

La operación de apertura a la sociedad y siembra de ‘Gabilondos’ queda reducida a la inclusión de media docena de independientes de mediana relevancia

Sánchez se había fijado el ambicioso propósito de sembrar las listas de 'Gabilondos', pero ninguno de los fichajes electorales que ha hecho está a la altura del prestigio del exministro. Las listas en la Comunidad Valenciana se demoraron hasta última hora por ese motivo, pero al final se han cerrado sin independientes (auténticos), porque Ximo Puig se ha negado al traspaso de Gabriela Bravo, exportavoz del CGPJ y su consejera de Justicia. Aparte de Lozano y de la excomandante Zaida Cantera, sexta en una lista por Madrid que es casi todo menos madrileña, solo destaca la presencia, como número tres por Cádiz, de Juan Carlos Campo, que fue secretario de Estado de Justicia con Zapatero, y de la magistrada Dolores Galovart Carrera, que encabeza la candidatura de Pontevedra y está casada con Ventura Pérez Mariño, que también fue diputado independiente con el PSOE. ¡Cómo será que ni el secretario de Organización, César Luena, ni sus colaboradores más directos eran capaces el sábado de identificar a otros independientes, más allá de apuntar que “también hay uno en Galicia que procede de la Policía y algún otro más”!

Expectativas y atmósfera contradictorias

Los partidos políticos han entrado ya en el tiempo en el que todos los errores penalizan, mucho más de lo que benefician los aciertos. Aunque los procesos de confección de listas siempre dejan mal sabor, el sábado llamaba la atención la atmósfera de tristeza -“de funeral”, llegó a decir alguno-, a pesar de que Sánchez ha logrado que el PSOE recobre la expectativa de ganar las elecciones. Las expectativas las carga el diablo, y si no que le pregunten a Pablo Iglesias, el otro, no el fundador del PSOE, que para mayor simbolismo celebró de forma inusual la reunión del comité federal fuera de su sede. Más de uno se fue con el escepticismo escrito en el semblante.

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