Gary Cooper, que estás en Ferraz

La mayoría en el PSOE cree que Pedro Sánchez no logrará formar Gobierno

Foto: Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa en el Congreso el pasado 2 de febrero. (EFE)
Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa en el Congreso el pasado 2 de febrero. (EFE)

Como Gary Cooper en 'Solo ante el peligro'. Así, con el 'establishment' del PSOE en actitud vigilante pero poco o nada cooperativo, se enfrenta Pedro Sánchez al desafío de formar Gobierno. Los barones le dejan hacer, convencidos de que no lo logrará, un pronóstico compartido por la mayoría del partido, y de él participan muchos notables e incluso dirigentes próximos al secretario general, que lo consideran “altamente improbable”. No obstante, como advierten algunos, “en política también existen los milagros”.

Así cerró la semana bursátil de la política, pero en el estado gaseoso en que la dejó el 20-D, las percepciones cambian de un día para otro. De hecho, aunque sus detractores -que no son pocos- esperan que se estrelle, Sánchez ha logrado recuperar el apoyo de algunos destacados críticos desde que cambió de estrategia para intentar formar un Gobierno apoyado por “todas las fuerzas del cambio” (PSOE, Podemos y Ciudadanos). Desde entonces, los socialistas llevan la iniciativa y han recuperado la centralidad del tablero, descartando apoyarse en fuerzas separatistas y también los pactos excluyentes a izquierda o derecha.

Pero el PSOE dista mucho de ser un partido con un diagnóstico y una estrategia común, algo que tiene mucho que ver con las luchas por el poder orgánico, que han entrado en estado durmiente a partir del día en que Sánchez recibió del Rey el encargo de afrontar la investidura presidencial y fraguar un Ejecutivo. Para muestra, un botón: algunos dirigentes opinan que si Sánchez fracasa ahora en el empeño, será su fracaso definitivo; otros, por el contrario, sostienen que, aunque no logre la investidura, puede salir reforzado del proceso como candidato indiscutible de su partido para unas nuevas elecciones. Lo que es seguro es que si no logra su objetivo, la culpa será solo suya; y si llega a La Moncloa, el mérito será de todo el partido.

Sánchez recupera apoyos internos con su estrategia de ocupar el centro del tablero político e intentar un Gobierno incluyente con todas 'las fuerzas del cambio'

Los barones le tienen muchas ganas al secretario general porque, entre otras razones, ha tocado los dos aspectos que para ellos son más sensibles: su autoridad ante los militantes de sus respectivos territorios, un filtro que se ha saltado con el procedimiento de la consulta directa, y ciertos guiños a los nacionalismos, que penalizan sobremanera al partido en regiones como Andalucía, Extremadura o Asturias. Y se mantienen al acecho porque la cotización de valores en el parqué político es tan fluctuante como en el económico desde el estallido de la crisis.

El enrocamiento de Pablo Iglesias en un pacto excluyente entre PSOE y Podemos no ha tomado por sorpresa a los socialistas. Según la información que manejan en Ferraz, el proceso de negociación abierta emprendido por Sánchez tras la propuesta de Iglesias de formar un Gobierno bipartito con él de vicepresidente lo ha descolocado y ha encajado mal que se prime el diálogo con Ciudadanos. Pero, sobre todo, según esa información, Iglesias no controla las confluencias de Podemos, lo que aminora considerablemente su capacidad de presión, de modo que no existe garantía alguna de que en un debate de investidura de Sánchez todos sus diputados votaran lo mismo. De hecho, Compromís -cuatro diputados- va a sentarse a negociar al margen de Podemos. Los socialistas creen que entre los podemitas -y las formaciones aliadas- hay quien sí y hay quien no quiere gobernar con ellos.

El secretario general del PSOE espera que afiliados y votantes premien su esfuerzo por romper el bloqueo poselectoral, aunque resulte estéril

En todo caso, a pesar de que unos y otros proclaman que ha llegado la hora de poner fin a los vetos, son los vetos cruzados (del PP con el PSOE y de Podemos con Ciudadanos, y viceversa) los que impiden ahormar una mayoría parlamentaria. En este marco, la fórmula que los socialistas juzgan más factible sería pactar el programa de Gobierno solo con Podemos o con Ciudadanos y que el partido que de estos dos no le diera su apoyo para la investidura, la facilitara con la abstención.

Pero, aunque las cuentas no salgan, Sánchez seguirá adelante y presentará su candidatura a la investidura como parte de su campaña para unas nuevas elecciones. Los tiempos siguen sin favorecer el desembarco en Madrid de Susana Díaz, y si Sánchez logra que cale la idea de que han sido otros los que han impedido el acuerdo para romper el bloqueo político, puede incluso obtener su recompensa electoral.

El líder del PSOE ha tocado los dos puntos más sensibles para los barones: su autoridad ante la militancia y la mano tendida a los nacionalismos

Aunque el CIS haya pronosticado que en unas nuevas elecciones los favorecidos serían Podemos y PP, las alianzas territoriales de los primeros podrían quebrarse, y en el muy deteriorado tejado popular, bajo el que se cobija un gran número de altos cargos a los que Mariano Rajoy va a dejar en el paro, sigue cayendo el pedrisco de la corrupción, que atruena ante la pasividad del presidente del Gobierno en funciones.

A Pedro Sánchez le ocurre lo mismo que al personaje interpretado por Gary Cooper en el mencionado 'western': a medida que aumentaba su soledad, ha ido creciendo su figura.

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