Sánchez atrincherado

El secretario general del PSOE no puede hurtar a su partido el debate sobre si debe facilitar la gobernabilidad con su abstención o seguir enrocado en un no existencialista

Foto: El líder socialista, Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa tras su reunión con el presidente del gobierno en funciones, Mariano Rajoy. (Reuters)
El líder socialista, Pedro Sánchez, durante una rueda de prensa tras su reunión con el presidente del gobierno en funciones, Mariano Rajoy. (Reuters)

Ni Pedro Sánchez ni el PSOE pueden seguir atrincherados. El tablero político se ha movido desde que Ciudadanos hizo la apertura de sus seis condiciones para dar el sí a Mariano Rajoy y la investidura del candidato del PP se vislumbra posible. Ya no solo serían los 137 escaños de la bancada popular, sino que con los 32 del partido de Albert Rivera sumarían 169, y no es descartable que a ellos se añada Coalición Canaria, en cuyo caso faltarían solo seis votos para sumar la mayoría absoluta del Congreso. En todo caso, es una mayoría suficientemente amplia, e ideológicamente coherente, en el marco de la fragmentación parlamentaria.

Incluso uno de los barones socialistas que más ha apoyado a Pedro Sánchez, el catalán Miquel Iceta, apuntó antes de que se moviera Rivera que, si Ciudadanos daba su apoyo a la candidatura de Rajoy, el escenario ante el que Comité Federal del PSOE apostó por el “no” sufriría un cambio sustancial que debería llevar a los socialistas a reconsiderar su posición.

Pero el secretario general se ha atrincherado en el “no es no”, el predicamento de los notables es escaso, los barones temen hacer cualquier movimiento que se vuelva en su contra y haga resucitar a Sánchez, la Ejecutiva está dividida y no tiene intención alguna de volver a convocar el Comité Federal, y, por ahora, no se percibe ningún movimiento de recogida de firmas entre sus miembros para forzar una nueva reunión del máximo órgano del partido entre congresos. Todo son tacticismos y ansias personales de conservar la cuota alícuota de influencia en la organización, cada vez más pequeña y más encerrada en dinámicas endogámicas.

Los barones territoriales socialistas temen hacer cualquier movimiento que se vuelva en su contra y provoque la resurrección de Pedro Sánchez

“El PSOE estará en la solución”, proclamó Sánchez, con un cierto tono enigmático, tras las elecciones de junio. Pues bien, el momento está a punto de llegar y, por mucho que los barones le hayan endosado la responsabilidad de asumir el coste político en primera persona del singular, el secretario general no puede hurtar a su partido el debate sobre si el PSOE debe facilitar la gobernabilidad con su abstención o seguir anclado en un no existencialista. Es una decisión demasiado trascendental para dejarla en manos de una sola persona, sobre todo cuando se trata de un secretario general en funciones para el que ya está redactada la carta de despido.

Aunque algún miembro de la Ejecutiva, como el secretario de Economía, Manuel de la Rocha jr., ha manifestado que la abstención es una postura que se puede reconsiderar, en línea con lo que durante la campaña apuntó Jordi Sevilla al defender que habría que dejar gobernar al candidato que logre reunir más apoyos parlamentarios, ya es tarde para abrir un debate amplio y sosegado como el que debió ser. El tiempo apremia y aquel del que se dispuso se ha malgastado en vacaciones en la playa y mutis por el foro. Pero Sánchez no puede parapetarse tras el aval de un Comité Federal que lo emitió cuando el escenario era diferente. Cuando menos, tendría que convocar una nueva reunión del sanedrín socialista.

Vista general de la reunión del Comité Federal del PSOE del pasado mes de julio. (EFE)
Vista general de la reunión del Comité Federal del PSOE del pasado mes de julio. (EFE)

Pretender convertir el último pronóstico del CIS en la confirmación de una estrategia postelectoral acertada, porque solo otorga ganancia al PSOE, es propio de quien tira de la manta para taparse la cara dejando al descubierto los pies. La ganancia es tan mínima que solo serviría para afianzar a los socialistas como segunda fuerza parlamentaria y la pretensión de utilizar este sondeo como ágora de unas hipotéticas terceras elecciones choca con el hecho de que las primeras preguntas se realizaron tan solo cuatro días después del 26-J. Jugar a quedar segundo, como hizo Sánchez, es una estrategia de perdedores, por más que alguna vez salga bien de chiripa.

El PSOE, aunque conserve una amplia base electoral, es hoy un partido desnudo, sin arropamiento social

El PSOE, aunque conserve una amplia base electoral, es hoy un partido desnudo, sin arropamiento social. Es una organización rota por dentro y ensimismada en sus cuitas, un colectivo nostálgico y mohíno, que no ha logrado recuperar la capacidad de transmitir la credibilidad y la ilusión que a ojos de los ciudadanos lo vuelvan a identificar como el partido de la modernidad, de la transformación progresista y de la lucha contra las desigualdades. Ha perdido la empatía social y con ella su mayor palanca para volver a ser lo que fue. Mientras no la recupere, podrá ser todo lo determinante que lo permitan las circunstancias, sus adversarios y sus aliados, pero no dejará de ser un actor secundario.

Escribió Séneca, en sus ‘Epístolas morales a Lucilio’: “Ninguno de esos individuos, a los que riqueza y cargos sitúan a un nivel superior, es grande. Entonces, ¿por qué parecen grandes? Los mides unidos a su pedestal. (…) Éste es el error que padecemos, ésta la ilusión: a nadie valoramos por lo que realmente es, sino que le añadimos también sus atavíos. Pues, bien, cuando quieras calcular el auténtico valor de un hombre y conocer sus cualidades, examínalo desnudo. (….) Contempla su alma, la calidad y nobleza de ésta, si es ella grande por lo ajeno, o por lo suyo propio”. Así es como ahora están siendo contemplados el PSOE y Pedro Sánchez.

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