la feria de las vanidades

Ignacio González 'se la juega' a Ana Mato

Empieza la lucha por comprar votos en Madrid. Mientras los españoles se despertaban este lunes con Tomás Gómez convenciendo a Susanna Griso de que lo que

Empieza la lucha por comprar votos en Madrid. Mientras los españoles se despertaban este lunes con Tomás Gómez convenciendo a Susanna Griso de que Madrid necesita un presidente como él, su contrincante, Ignacio González, presidía un desayuno informativo organizado por Europa Press que parecía el acto inaugural de la próxima campaña electoral. Y eso que aún queda dos años para las elecciones. “Yo quiero ser el candidato a la presidencia por Madrid”, reconoció el presidente sin titubeos. El escenario, el madrileño hotel Villamagna, lleno hasta la bandera de la high class de Madrid –con sus respectivos coches oficiales de alta gama colapsando el paseo de la Castellana–. Por estar, estuvo hasta Paloma Segrelles –sin su hija–. Desde el atril, el presidente de la Comunidad anunció que en Madrid se pagará menos por IRPF, Transmisiones, actos jurídicos e Hidrocarburos a partir de 2014. Y hubo 'pullas' para todos.

González no se cortó ni un pelo cuando le preguntaron por Eurovegas y la lluvia de millones que todos esperan que llegue –sobre todo los constructores– como agua de mayo. Delante de la mismísima ministra Ana Mato, con Pío García Escudero sentado a su derecha en la mesa azul popular que presidía la sala, el delfín de Aguirre vino a decir que hasta que la ex de Jesús Sepúlveda no retoque la ley antitabaco, Mr. Adelson ni está ni se le espera por Madrid. Eurovegas sería "el mayor proyecto de inversión en Europa en los próximos años", motivo más que suficiente para "empujar, para que no sea posible que esto no venga". Primer gol de la mañana de Madrid al Ejecutivo central.

Mientras en la Real Casa de Correos rezan cada día un Padre Nuestro para que el sueño de los casinos no se derrumbe antes de colocar la primera piedra, González metió otro rejón al Ejecutivo de Mariano Rajoy. La segunda cornada de la mañana la recibió el secretario de Estado de Administraciones Públicas, Antonio Beteta, antiguo fontanero de Aguirre en la Puerta del Sol, actualmente reconvertido en la mano derecha de Cristóbal Montoro, el ministro que trae por la calle de la amargura al propio González, que se resiste a que no se cambie el modelo de financiación autonómica que ha dejado a Madrid con mil 'kilos' menos este año. Habrá que ver qué dice ahora Hacienda de esta bomba que acaba de lanzar el de Madrid y que el PSOE ya está desacreditando: “Sube a los que menos tienen”.

En todos los corrillos posteriores se rumiaba la misma frase: que el presidente estuvo apoteósico en su exposición. No llegó a los saludos de la entrada la alcaldesa Ana Botella, a quien el presidente de la Comunidad agradeció que estuviera incluso antes de que le sirvieran el ‘relaxing cup’ of café con leche que tomó junto con su antecesor en el cargo, Alberto Ruiz-Gallardón, y su mil veces negada candidata a sucederla, Esperanza Aguirre, que estrenaba look: más rubia y con el pelo un pelín más corto, la única de los mandamases que esperó hasta el final a que González saludase a todos los comensales de la sala que se arrimaban para darle la enhorabuena. 

El ‘presi’, como buen hijo político, se mordió la lengua y no se mojó cuando le preguntaron con quién preferiría compartir cartel en las autonómicas y municipales: Aguirre, Botella o la delegada del Gobierno Cristina Cifuentes, la gran ausente de la cita y otra firme candidata a heredar el sillón de Botella, amortizada en el Partido Popular –todos así lo ven, menos ella– desde que Madrid volvió a perder los Juegos Olímpicos. “Me gustaría que fuera la persona que más votos gane para Madrid”, se limitó a responder González. Hubo carcajadas en primera fila que se escucharon en la última.  

La más arropada, la más perseguida, la más preguntada y la más contenta por la acogida que tuvo la manifestación del domingo en contra de la sentencia de Estrasburgo con la doctrina Parot fue Ángeles Pedraza, la presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, que hizo su aparición estelar tras la resaca de la manifestación con un traje de chaqueta blanco impoluto y una sonrisa que no perdió en toda la mañana. “Recibí la invitación a este desayuno hace más de dos semanas”, reconoce a este Curioso Impertinente, al que asegura que la jornada del domingo no pudo ser más satisfactoria.

Entre los comensales, estuvieron arropando al heredero de Aguirre prácticamente todos los consejeros madrileños: su número dos, Salvador Victoria; el de Sanidad, Javier Fernández-Lasquetty; la consejera de Educación, Lucía Figar, y la de Empleo, Ana Isabel Mariño; su homólogo en Economía, Enrique Ossorio; el de Asuntos Sociales, Jesús Fermosel, y el de Transportes, Pablo Cavero. Tampoco faltaron el presidente de la Asamblea de Madrid, José Ignacio Echevarría, Francisco Javier Vieira, presidente del Tribunal Superior de Justicia de Madrid y el exalcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano.

Muchos políticos aprovecharon el despliegue para saludar a los Villar Mir y a los Florentinos Pérez que acudieron al desayuno. Destacó Arturo Fernández, el presidente de la patronal de empresarios de Madrid, el jefe de la esposa de González, Lourdes Cavero, que no quiso perderse tampoco la puesta de largo de su marido y el marido de Figar, el diputado Carlos Aragonés, en un relativo segundo plano. Enrique Cerezo se libró por los pelos –él, que nunca lleva uno fuera de su sitio– de escuchar si fue él quien pagó el ático de lujo en Estepona (Málaga) al presidente de la Comunidad, a cambio de adjudicaciones a empresas vinculadas con él.

Se dejó caer por allí algún que otro concejal del Ayuntamiento de Madrid como el presidente del Pleno, Ángel Garrido, el responsable de Seguridad, Enrique Núñez, y el delegado de las Artes, Pedro Corral. No tuvieron tiempo ni de saludar a su jefa, que huyó de los flashes en cuanto el ‘presi’ dio las gracias a todos por venir, no sin antes cuchichearle algo al oído a Eduardo Zaplana, ministro de Trabajo con su esposo José María Aznar, la persona que la asesoró para que fichara a su actual chica de prensa, Elena Sánchez Pérez, cuando Gallardón agarró la cartera de Justicia y le dejó el ingobernable bastión municipal. El delegado de Relaciones Institucionales, Diego Sanjuanbenito, amigo de los Aznar-Botella de toda la vida, desayunó codo con codo con Ángel Pérez, el portavoz de Izquierda Unida en Madrid. No hubo ni un mísero socialista por la sala.

Por cierto, que a González también le preguntaron por los abucheos que recibieron los miembros de su formación en la concentración convocada por la AVT el domingo y que su secretaria general, María Dolores de Cospedal, calificó de "injustos". "Yo es que entiendo todo", replicó el presidente, haciendo revolver en sus sillas a más de un comensal. Si las miradas matasen...

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