Empresarios, políticos, toreros y periodistas: todos caben en los salones de Felipe VI

¡Se han pasado! Con la seguridad, con el control asfixiante y estrangulador de los muchos y diversos círculos que desde el amanecer se habían establecido

¡Se han pasado! Con la seguridad, con el control asfixiante y estrangulador de los muchos y diversos círculos que desde el amanecer se habían establecido desde el Madrid de los Austrias hasta Plaza de España, extendiéndose por Gran Vía y todos los intestinos de la vieja capital de España. El resultado: mucho policía y poco pueblo, disuadido por las incomodidades de todo tipo e incluso por las sospechas. 

Tras la proclamación, el viejo caserón de la dinastía comenzó a dar cobijo a tres mil invitados llegados de todas las partes de España y de la más curiosa extracción social y condición económica. En los Salones de Carlos III, bajo un calor insoportable, abundaban los pijos –por qué no decirlo– pero también se prodigaban los recién llegados al canapé por mor de la militancia en la izquierda.

En realidad, estaba todo el mundo que había sido invitado. Hasta Josu Jon Imaz, el próximo gran capo de Repsol, que no parece querer saber mucho de política.

Todos los ministros del gobierno de Rajoy y todos los ex ministros vivos desde que Franco pasara a mejor vida, entre ellos Ángel Acebes, Rodrigo Rato, Manuel Pimentel, Eduardo Serra, Javier Solana y Gustavo Suárez Pertierra, así como al expresidente del Congreso Manuel Marín. También han acudido, acompañados por sus esposas, los expresidentes Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, este último junto al jefe de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba.

Por Palacio han pasado alcaldes de todas las ciudades llegados desde todos los puntos cardinales como el de Huelga, Sevilla, A Corrupa. Presidentes de Diputación y todo el elenco de cargos institucionales a gogó. De Cataluña, además de Artur Mas, llegaron el Conde de GodóAlbert Rivera. Entre las exministras destacaban por su porte elegante y pijo dos ex de Zapatero, Cristina Garmendia y Beatriz Corredor. La sorpresa se la llevaron muchos cuando vieron entrar a Francisco Álvarez Cascos cogido de la mano de María Porto recién llegados de la Asturias real. Parloteaba por todas las esquinas el embajador ante su graciosa majestad, Federico Trillo. Mientras, el embajador israelí hacía la corte al ministro Alberto Ruiz-Gallardón, porque en breve dará justa satisfacción al Sefarad de que ha sabido mantenerse fiel a España después de cinco siglos y medio de exilio.

El empresariado estaba representado al máximo nivel por Joan Rosell y el jefe de las pymes Jesús Terciado, pero había otros de relumbrón. Como Isidoro Álvarez (El Corte Inglés); las hermanas Koplowtiz, superguáis del Paraguay; Florentino Pérez (ACS), dicharachero y autosuficiente en plan figura y haciendo bromas con los guardias de calzón blanco; el superjefe de Iberdrola, Ignacio Sánchez-Galán; el preboste del BBVA, Francisco González; el presidente del Santander Emilio Botín, que ha inclinado rotundamente la cabeza a los nuevos Reyes; el emergente Goirigolzarri y todo el resto del elenco empresarial de la cosa: Juan Roig (Mercadona), Salvador Gabarró (Gas Natural), Juan José Hidalgo (Air Europa), Ángel Ron (Banco Popular), Isak Andic (Mango), Josep Oliu (Banco Sabadell), Luis Conde, Juan Miguel Villar Mir, Paolo Vasile y un larguísimo etcétera. Todo el Ibex en pie de saludo, naturalmente el amigo César Alierta, Isidre Fainé y dios que lo fundó.

No perdía de vista a la vicetodo, Soraya Sáenz de Santamaría, que ha sido la gran triunfadora de la fiesta porque ha llevado el peso de todo el quilombo sucesorio. Ha salido a la perfección. ¡Un minuto de relajo para la Vice! ¡Una cerveza para la Vice!

Don Ricardo Blázquez, presidente de la Conferencia Episcopal Española, vestido de gala como un auténtico príncipe de la Iglesia, estaba feliz y prometió muchas oraciones por el nuevo Monarca. No era el único nuncio zascandileando, también estaba el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela.

El juez Grande-Marlaska, escoltado por una periodista entrada en carnes, estaba como niño con zapatos nuevos. Y eso que es de Bilbao. No paraba de hacerse fotos, encantado de haberse conocido. Como abanderado del poder judicial también estaban Eduardo Torres-Dulce.

Entre los reaparecidos

En realidad el 19-J ha servido también para la resurrección de antiguos personales de la Transición que creíamos fuera de combate. Marcelino Oreja Aguirre, Landelino Lavilla, los tres padres de la Constitución vivos, José Pedro Pérez Llorca, Miguel Herrero y Miquel Roca, que recordaban viejos tiempos que no volverán. La izquierda estaba representada tímidamente por antiguos sindicalistas de CCOO y UGT y socialdemocrátas desteñidos como Manuel Marín o Joaquín Almunia, amén de concejales y diputados como Eduardo Madina, al que Landelino echó una buena bronca a propósito de aprender algo.

Isabel Preysler, sin su esposo Miguel Boyer, estuvo en todo momento de Preylser. Sola y tal. Buscaba a gentes vip. El embajador gay de Estados Unidos, acompañado de su marido, sigue sin hablar ni papa de castellano. ¡Incompresible! Pero María Dolores de Cospedal, acompañada en todo momento por su marido Nacho López del Hierro, trataba de convencer a la señora embajadora de México de la buena oportunidad que representa la comunidad de Castilla la Blanca.

Ana Pastor, la ministra, en su tono simpático y moderado. Lo mismo que José Manuel Romay Becaria, presidente del Consejo de Estado. Adolfo Suárez Illana me enseñó sus cicatrices y como buen torero está dispuesto a seguir dando pases. Siempre a su lado, el torero José Padilla, toreando al natural y de lo que haga falta. Algún día se escribirá su historia política. El paseíllo del ruedo a palacio también lo hicieron Enrique Ponce, Julián López el Juli, Juan José PadillaJosé Mari Manzanares. 

Entre los deportistas, todos medallistas, estaban la nadadora Mireia Belmonte, la campeona olímpica Teresa Perales, el gran Pau Gasol, el exgimnasta Gervasio Deferr, los exatletas Marta DomínguezAbel Antón, el exciclista Miguel Indurain y el extenista Manolo Santana.

Incluso pude ver reaparecido a Lalo Azcona, el gran triunfador de antaño, que no ha perdido su particular sonrisa.

Creo que asistió todo cristo que había sido invitado. De periodistas, no digamos, directores en ristre y exdirectores como José Antonio Zarzalejos, un maestro en secano o en vías fluviales. Ignacio Camacho, Arsenio e Ignacio Escolar, Rosa Villacastín, José Antonio Vera, Bieito Rubido, Juan Luis CebriánLuis María AnsónMàrius Carol, Luis del Olmo, Jordi Gutiérrez, Carlos Cué, Fernando RodésJulio Somoano, dicho por corto y por derecho: todo cristo.

Me faltó ver para que la fiesta fuera completa a los antisistema o lo que sean. Alguna coleta con brillantina al menos. Porque Cayo Lara decidió echarse al monte y Monedero le quiere colgar de una pica.

Esperan otra ocasión pare recibir invitación, aunque sea digital.

Oigan, confieso que vi por allí a David Bisbal y a Alejandro Sanz, cierto, pero no les oí cantar.

La Feria de las Vanidades

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