Georges Brassens, más que un cantante
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Francesc de Carreras

La funesta manía de escribir

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Georges Brassens, más que un cantante

Durante estos últimos días se le recuerda en los periódicos, y en toda Francia se le rinden múltiples homenajes públicos. No me extraña

Foto: Foto: EFE.
Foto: EFE.

Hace un par de semanas se celebró el centenario del nacimiento de Georges Brassens y mañana 29 de octubre hará 40 años de su fallecimiento. Por ambas cosas, durante estos últimos días se le recuerda en los periódicos y en toda Francia se le rinden múltiples homenajes públicos. No me extraña.

Hace algo más de 10 años me encontraba en Sète, la pequeña ciudad portuaria francesa cercana a Montpellier donde nació el célebre artista, también el gran poeta Paul Valéry. Por la noche, fuimos a cenar al restaurante Les amis de Georges, naturalmente dedicado a Brassens. Tras una comida infame, impropia del lugar, el local empezó a llenarse de gente que iba a tomar una copa y escuchar a un cantante que interpretaba pasablemente las canciones del maestro. Todos las sabían y las coreaban con visible entusiasmo.

Foto: Georges Brassens. (EFE)

Me fijé especialmente en la mesa de al lado, donde acababan de sentarse cuatro muchachas que no debían tener ni 18 años. Sin embargo, conocían todas las canciones y las cantaban con más entusiasmo que nadie, en especial 'Fernande' o 'La complainte des filles de joie', les recomiendo buscarlas en YouTube y averiguar su significado. Las chicas se reían y disfrutaban al entonarlas: hoy, una brigada calvinista del más reciente feminismo las echaría del local por homofobia, heteropatriarcado o cualquiera de estos moralismos de nuevo cuño. Pero Brassens las compuso en tiempos de mayor libertad, de más tolerancia y sentido del humor. No olvidemos que se reclamaba de la estirpe de Montaigne.

Pero también otra cosa indicaba el entusiasmo de estas adolescentes: la popularidad de que goza todavía hoy Brassens en toda Francia. Centenares de institutos, de calles y plazas llevan su nombre, además de un parque en el centro de París, cercano a la Place d'Italie, y muestran cómo el viejo poeta de la vida y de la libertad está todavía muy presente. Seguro que estas canciones se las habían enseñado sus maestros en la escuela y el instituto, en clase de lengua y literatura, Brassens no es un cantante más: también estos días se ha cumplido el centenario del nacimiento de Yves Montand, un buen cantante, y nadie, o casi nadie, lo ha recordado.

Hoy, una brigada calvinista del más reciente feminismo las echaría del local por homofobia o cualquiera de estos moralismos de nuevo cuño

Además de otras cualidades y características, quizá lo fundamental de las canciones brassenianas consiste en utilizar la palabra precisa, la frase gramaticalmente exacta, su respeto por la sintaxis y la ortografía francesas. Por ello, por expresarse en un correcto francés, entre otras cosas, es una gloria nacional, transversal a todos los ciudadanos, los 'citoyens' franceses, sean cuales sean sus ideas y condición. Por muchas razones, Brassens es Francia, como Cervantes es España.

En España, Brassens es y ha sido muy poco conocido, ahora los jóvenes no tienen ni idea de quién se trata y los mayores apenas lo recuerdan, ni lo leen o escuchan. Es natural, el francés ya lo aprenden muy pocos y la música dominante es otra muy distinta. Irrita a veces que alguien te diga: "¿Brassens? Sí, claro que lo conozco, es el de la 'Mauvaise reputation". O peor aún, y más frecuente, que respondan: "Es el de 'La mala reputación', la de Paco Ibáñez". El gran poeta reducido a una canción y traducida al castellano.

Acaba de publicarse un libro bilingüe con algunas canciones editado por Nórdica y traducido por la gran María Teresa Gallego: ya está encargado, pero todavía no lo tengo entre las manos. Seguro será de interés y difundirá su obra. Pero también hay que saber que su 'Oeuvres Complètes' (Ed. Le Cherche Midi, 2007), compilada por Jean-Paul Liégeois, es un volumen de 1.584 páginas que incluye canciones, poemas, relatos, prefacios, escritos libertarios y correspondencia. Y el prólogo es de Jacques Prévert (sí, el de 'Les feuilles mortes', las hojas muertas, 'c'est une chanson'..., ¿recuerdan?, con música de Joseph Kosma). ¡Un respeto para el maestro!

Brassens es un filósofo de la vida y aunque no la explica mediante razones, sí lo hace contando historias, describiendo personajes y escenas...

Por tanto, hablar más de Brassens es difícil y bastante inútil. Como todos los grandes, hay que escucharlo y leerlo entero, quizá no las obras completas citadas, pero sí todas sus canciones, por lo menos los 15 CD que contiene su edición integral. Escucharlo y leerlo una y otra vez. ¿Durante toda una vida? Sí, durante toda una vida. Créanme, nos puede acompañar no solo para disfrutar de su música, tan influida por el jazz, sino para aprender de sus letras. Brassens es un filósofo de la vida y aunque no la explica mediante razones, sí lo hace contando historias, describiendo personajes y escenas, mostrando sentimientos.

Antes de ser conocido como cantante, estuvo vagabundeando durante 12 años por París a la busca de un amigo que le invitara a comer —tenía días fijos para cada uno— y leyendo a los poetas clásicos franceses en la biblioteca pública de Montparnasse, su barrio. Buscando en los archivos de esta biblioteca, los estudiosos han comprobado que se llevaba prestado un libro al día, algunas veces dos, casi todos de poesía: desde Villon a los surrealistas, pasando por Corneille, Racine, Boileau, La Fontaine, y terminando por Victor Hugo, Baudelaire, Rimbaud, Verlaine, Mallarmé y Valéry. Todos franceses. Con una especial devoción final por Paul Fort, un sencillo poeta popular a quien conoció en sus últimos años de vida y puso música a cuatro de sus poemas.

La obra de Brassens no es casual, un producto innato de su naturaleza, sino del esfuerzo, del empeño en llegar a ser lo que quería ser

La obra de Brassens, por tanto, no es casual, un producto innato de su naturaleza, sino del esfuerzo, del empeño en llegar a ser lo que quería ser, un caso singular de vocación auspiciado por su maestro de escuela en Sète, Alphonse Bonnaffé, autor del primer estudio sobre su canción en la famosa colección de Seghers.

Si quieren iniciarse en sus canciones les recomiendo dos, de estilos muy distintos, 'La mauvaise herbe' y 'Le parapluie', la primera implacable, la segunda encantadora. Ambas dotadas de sentido del humor, melancolía y ternura. Doy por supuesto que ya conocen 'La mauvaise reputation', no en la versión castellana, por favor. Después, escuchen todas las demás.

Noadex
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