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Frugales y glotones
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Francesc de Carreras

La funesta manía de escribir

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Frugales y glotones

Vamos hacia atrás, somos más que glotones, somos dilapidadores. Por eso, los frugales quieren controlar las ayudas y los préstamos a España salidos de los fondos europeos para paliar los daños producidos por el covid

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d) y el primer ministro de Países Bajos, Mark Rutte. (EFE/Juanjo Martín)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d) y el primer ministro de Países Bajos, Mark Rutte. (EFE/Juanjo Martín)
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El miércoles pasado, Mark Rutte, Primer Ministro de Holanda, impartió una conferencia en el salón de actos del Museo del Prado y fue presentado, como correspondía, por su homólogo español, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tras unas palabras inaugurales de Javier Solana.

El acto estaba organizado por la "Fundación Carlos de Amberes", presidida con singular empuje y acierto por el veterano periodista Miguel Ángel Aguilar, una curiosa institución cuya existencia se remonta a más de cuatro siglos, nada menos que a 1594, y ejerce hoy de puente cultural entre Madrid y Europa, muy especialmente con Holanda.

El acto, en una sala abarrotada de público, tenía su morbo. La semana anterior, el liberal Rutte (también el socialdemócrata alemán Scholz) sostuvieron públicamente que las distintas medidas de política energética que, en principio, autorizaba el Consejo Europeo a España y Portugal (la llamada "excepción ibérica"), no resultarían eficaces. Habrá que comprobarlo, claro está, pero la cuestión no es menor para el futuro prestigio de España en Europa. Sin embargo, como es natural, la cordial amistad entre ambos presidentes se hizo patente. "Querido Pedro, Dear Mark", ya saben.

Se esperaban las palabras del holandés con curiosidad porque se le considera el líder de los llamados "países frugales" de la UE

Pero, además, se esperaban las palabras del premier holandés con curiosidad porque se le considera el líder de los que dentro de la UE son llamados "países frugales", frente a los países del sur que, sin adjetivo preciso (aunque en un tiempo, fueron llamados con desprecio 'pigs'), quizás se les pueda hoy denominar "países glotones" en el sentido de malgastadores y derrochadores.

Entre los primeros se incluyen, además de Holanda, también Dinamarca, Suecia, Austria y Finlandia. Entre los segundos, entre los glotones, están fijos España, Portugal, Italia y Grecia. Alemania y Francia basculan entre ambos grupos, aunque los germanos se acerquen más a los frugales y los franceses a los glotones. Rutte y Sánchez eran, de hecho, representantes cualificados de esta dos posiciones.

No hubo, sin embargo, ni siquiera se podía esperar, ningún enfrentamiento dialéctico, pero sí matices y acentos distintos. Sánchez enfatizó la necesidad de cooperar en la construcción europea y demostrar unidad frente a la guerra de Ucrania. Rutte, sin contradecirle en absoluto, advirtió con tono severo que nos debemos preparar para tiempos duros, muy duros, y ello exigirá profundas reformas, las fiscales en especial, para que logremos superar el lento crecimiento actual y el exceso de deuda pública.

Los dos ingredientes que más pesan en las actitudes de los frugales son la austeridad del gasto público y la estabilidad económica

Una posición, por supuesto, nada sorprendente en un "frugal" y en un miembro de un partido liberal. Porque las posiciones de unos y otros poco tienen que ver con las ideologías, si no con la sensatez y la honestidad en el planteamiento de los problemas a sus ciudadanos, también con él poco o mucho grado de populismo y de demagogia. Entre los frugales hay socialdemócratas, conservadores y liberales. Entre los glotones también. Por tanto, es más una cuestión de actitud que de ideas.

Se ha dicho que esta diferencia entre ambos grupos tiene que ver con los distintos caracteres nacionales fundados en tradiciones históricas y religiosas, incluso con la influencia del clima. Monarquías y repúblicas, protestantes y católicos, democracias asentadas y democracias recientes, frío y calor. Todo puede influir, desde luego, y seguramente algunos de estos elementos repercuten en las actitudes de unos y otros, pero no creo que estos sean los factores principales. A mi parecer, estos factores son más de carácter económico y político.

En el campo económico, los dos ingredientes que más pesan en las actitudes de los frugales son la austeridad del gasto público y la estabilidad económica. Como en las familias y las empresas, también los Estados, en principio, no deben gastar más de lo que tienen y en el caso de que se endeuden prever con datos reales en qué plazo van a devolver el préstamo y los intereses que deberán abonar. Cuanto más ahorren, menos deben gravar con impuestos a los ciudadanos y, a su vez, estos tienen mayor poder de gasto que beneficia a la llamada economía real, a empresarios y trabajadores.

Holanda, Finlandia o Dinamarca rebasan con mucho lo que en gasto social destinan las administraciones españolas

Para que ello suceda, los factores económicos esenciales deben ser estables, tanto los precios como los salarios y el empleo, dentro de un marco de crecimiento moderado del PIB. En la práctica, todo es más complicado, sin duda, pero estos sencillos criterios convencen a los miembros de los países frugales y son aplicados por formaciones políticas situadas a derecha e izquierda.

Así, contrariamente a lo que puede parecer a formaciones populistas en el caso de que se quieran aplicar estos criterios a los países glotones, el gasto en protección social en estos países es elevado y la igualdad entre los ciudadanos mucho mayor que en los países del sur. Holanda, Finlandia o Dinamarca rebasan con mucho lo que en gasto social destinan las administraciones españolas.

En España se suele confundir lo público con lo social. El gasto público ha aumentado mucho en España en los últimos tres años. A ello ha contribuido sin duda que el número de funcionarios ha aumentado en 222.000 desde 2019, repartido entre las tres Administraciones Públicas, la central, las autonómicas y las locales, pero su productividad ha disminuido un 11,5 por cien.

Los frugales quieren controlar las ayudas y los préstamos a España salidos de los fondos europeos para paliar los daños del covid

Precisamente, un par de horas antes de la conferencia de Rutte en el Prado, el diputado de Ciudadanos, Edmundo Bal, había reprochado a Pedro Sánchez diversos despilfarros sucedidos bajo su Gobierno: el número de ministerios había pasado de 13 a 22; el presupuesto de publicidad del ministerio de Presidencia se había incrementado en un 2.300 por cien; en la tabla que mide la eficiencia del gasto público entre los países de la UE, cuya media está alrededor de 100, España está muy por debajo de esta media con el 74 por cien, diez puntos menos que en 2019.

Vamos hacia atrás, somos más que glotones, somos dilapidadores. Por eso, los frugales quieren controlar las ayudas y los préstamos a España salidos de los fondos europeos para paliar los daños producidos por el covid-19. Porque entre las virtudes políticas de los frugales está un control estricto del gasto público, un escrutinio minucioso de ese gasto en el que se fijan sus votantes antes de depositar la papeleta electoral.

Gil de Biedma hablaba en uno de sus poemas —no de los mejores, por cierto— de que España es un país ineficiente. Mucho ha cambiado nuestro país desde entonces, pero la intuición de los poetas siempre hace ver el fondo de las cosas y expresarlo con unas pocas palabras sencillas y esenciales. No es ni monarquía o república, ni religión, ni madurez democrática, tampoco clima. Es tener un buen Gobierno, un buen programa político y económico, un buen control ciudadano de lo público. Es también atreverse a exponer los problemas en público y argumentar las soluciones, que no deben discriminar a los ciudadanos. Es también menos populismo y más seriedad. Mark Rutte y otros dirigentes frugales, de partidos diversos, pueden servirnos de ejemplo.

El miércoles pasado, Mark Rutte, Primer Ministro de Holanda, impartió una conferencia en el salón de actos del Museo del Prado y fue presentado, como correspondía, por su homólogo español, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tras unas palabras inaugurales de Javier Solana.

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