El 'factor Teo' y el PP del futuro
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Ángel Alonso Giménez

Los tártaros

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El 'factor Teo' y el PP del futuro

En la historia del PP, ser secretario general es ser 'el poli malo'. Lo fue Álvarez Cascos, a quien llamaban el general secretario. También lo fue Ángel Acebes. Y lo fue María Dolores de Cospedal

Foto: El secretario general del PP, Teodoro García Egea. (EFE)
El secretario general del PP, Teodoro García Egea. (EFE)

Alrededor de las 10 de la noche del 6 de enero, el secretario general del PP, Teodoro García Egea, publicó un tuit en el que condenaba el asalto al Capitolio de Estados Unidos y "todo ataque jaleado en España por el populismo". Se refirió acto seguido a las concentraciones de Rodea el Congreso en 2016 y a las que acecharon el Parlamento andaluz cuando Juanma Moreno fue investido presidente de Andalucía, hace dos años. Una hora antes, su jefe, Pablo Casado, tildó de "inaceptable" lo ocurrido en Washington DC y añadió: "La democracia se basa en la representación parlamentaria, que no puede ser coaccionada".

Aunque el presidente del PP ha lamentado este mismo jueves acciones como las de Rodea el Congreso o la manifestación independentista ante el Parlament de Cataluña de enero del 18, su visión de lo sucedido en las Cámaras estadounidenses se ha caracterizado por un patrón: entrar por la fuerza en la sede del legislativo es abyecto y no se puede justificar. Compararlo con hechos similares en otros lugares del planeta, aunque sea España, podría sonar a atenuante. Mientras el líder camina entre esas aguas para que no le salpique una gota, su número dos se zambulle directamente.

En la historia del PP, ser secretario general (el SG) es ser 'el poli malo'. Lo fue, y mucho, Francisco Álvarez Cascos, a quien llamaban el general secretario. También lo fue Ángel Acebes. Y lo fue María Dolores de Cospedal. Una de las funciones principales del puesto consiste en proteger al número uno y ahorrarle travesías por el barro. Si el jefazo encima lo es del Gobierno, el cinturón de seguridad es más apretado. Cospedal se comió 'marrones' colosales para expulsar a Mariano Rajoy de la zona radiactiva que creó el caso Bárcenas. De paso, 'se pegó' con numerosos dirigentes autonómicos y provinciales para apaciguar el partido allí donde oliera a chamusquina. Es más raro que un secretario general se lleve bien con un presidente autonómico que lo contrario. Es más extraño que un presidente autonómico hable más con el segundo que con el primero.

Foto: l diputado del PP, Teodoro García Egea, nuevo secretario general del PP. (EFE)

A García Egea, 'Teo', como le llaman en el PP, le toca convivir con la idiosincrasia del cargo, que no está lleno solo de inconvenientes y malos tragos. Es la voz del jefe allá donde no esté el jefe, por lo que su poder es grande. Significa que si ha de librar un duelo contra otro dirigente del partido, tiene todas las de ganar. Cayetana Álvarez de Toledo no supo o no quiso entenderlo y ahora es una diputada a la que no dejan siquiera ir a los plenos de aforo limitado (por la pandemia). La victoria de Egea en este cara a cara, aunque de rebote, pues fue el líder el que la destituyó, transmitió a cada militante del PP que Teo manda. Aunque no guste, manda. No había nadie de relevancia en el partido que no supiera que entre el SG y la portavoz parlamentaria la relación era pésima.

Una fuente de una dirección autonómica de los populares explica a El Confidencial que García Egea, por orden de Casado, pilota actualmente el proceso de renovación orgánica en las comunidades, en estrecha cooperación con el área de Organización que dirige Ana Beltrán. Una de las primeras tareas que abordó el secretario general fue diagnosticar el estado de las delegaciones a escalas local, provincial y regional. La conclusión que sacó su equipo, añade la fuente, es que las estructuras se habían anquilosado como consecuencia de la supeditación al Gobierno de Rajoy. Cuando el PP entró en 'shock' tras la moción de censura, e incluso con Casado ya a los mandos, dichas estructuras tampoco dieron muestras de vigor. Detectaron, además, un problema generacional.

Foto: El líder del Partido Popular, Pablo Casado (d) y el secretario general del partido, Teodoro García Egea (i). (EFE)

Tal y como ha informado Paloma Esteban en este medio, el calendario se ha organizado en tres fases: el otoño de 2020 ha servido para regenerar el PP en el ámbito provincial. Este 2021, sin plazos más pequeños, será el de la renovación autonómica. Las direcciones del partido en Comunidad Valenciana, La Rioja y Cantabria son los principales quebraderos de cabeza en este momento. La idea consiste en impulsar procesos de primarias, pero evitando cualquier margen de imprevisión o incertidumbre. En 2022, llegará la convención nacional, con las banderas electorales ondeando en Andalucía.

Añade la fuente que en ese proceso García Egea se encontrará con obstáculos muy difíciles de sortear: los presidentes autonómicos. Juanma Moreno, Alberto Núñez Feijóo, Alfonso Fernández Mañueco, Isabel Díaz Ayuso y Fernando López Miras, están dando prioridad, lógicamente, a sus gestiones gubernamentales, y más en concreto, a las de la pandemia. Según sus criterios, introducir inestabilidad en las filas del partido es un error se mire por donde se mire. Los barones quieren controlar los tiempos y los nombres, sin interferencias de Génova, es decir, del número dos. Como Casado no quiere líos con los presidentes autonómicos, el pulso está servido.

García Egea es de una lealtad a Pablo Casado incorruptible. Hará por el jefe lo que le diga el jefe

Que el SG porte el bastón de mando en un partido como el popular, aunque disciplinado tradicionalmente, no equivale a portar autoridad. Las formas de Teo han generado controversias. En Madrid, sin ir más lejos, en donde la sombra de Ayuso es alargada porque es también la de Casado. En Andalucía, el dúo que forman Juanma Moreno y Elías Bendodo es el dique de contención frente a las pretensiones de García Egea, a quien un sector identifica con reminiscencias de Cospedal, no muy bien vista en la sede del PP en Sevilla. En Galicia, el mensaje que se ha dado a Génova no admite mucha interpretación: la agenda la organizará Feijóo.

García Egea es de una lealtad a Casado incorruptible, afirman varias fuentes. Hará por el jefe lo que le diga el jefe. Ha cometido errores y en algunas negociaciones ha ido como pollo sin cabeza. Aunque apenas influyera en el organigrama del PP, las conversaciones que llevó a cabo para defender la posición del partido en la configuración de la actual Mesa del Congreso (nueve diputados que resultan de un alambicado procedimiento de votación) no fueron un ejemplo de persuasión y flexibilidad, y más bien cabreó a todo el mundo, desde los adversarios políticos a los potenciales aliados. Tampoco la comunicación es su fuerte. Sin embargo, es la voz de Casado muchas veces, sus ojos casi siempre y hasta sus oídos, y eso le da margen para errar y equivocarse más veces. Guste o no, el PP del futuro inmediato depende (también) de él.

Pablo Casado Teodoro García Egea