Casado, Ayuso, el PP y el derecho a existir
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Ángel Alonso Giménez

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Casado, Ayuso, el PP y el derecho a existir

Cuenta una importante dirigente del PP que la principal misión que tienen por delante es la existencia. Tan simple y tan alambicado como eso: existir

placeholder Foto: El presidente del Partido Popular, Pablo Casado (i), conversa con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)
El presidente del Partido Popular, Pablo Casado (i), conversa con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

Aquellas nuevas generaciones del PP que aspiraban a gobernar el partido ahora quieren gobernar otro. Tendrá las mismas siglas o no, pero será otro. Tendrá otra sede, a saber dónde, y puede que hasta otro presidente. En el actual edificio de Génova, un grupo de dirigentes que rondan los 40 años ha decidido romper con el pasado.

En verdad, es el deseo que siempre han querido cumplir, solo que hasta ahora no han podido hacerlo. Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso son la punta de lanza de una generación que antaño criticaba en privado la deriva de su partido. Querían acuñar una política sin complejos, una guerra cultural, convertir el PP en el estandarte de un modelo liberal y moderno. Cuanto más alto subían por la montaña jerárquica del partido, más nítidamente comprobaban que la tarea era difícil, pues en la organización se había instalado una cohorte de mandatarios excesivamente conservadores.

Foto: La sede del PP en la calle Génova (Madrid). (EFE)

La llegada de Casado a la presidencia del PP marca ya una ruptura con el pasado, pero solo generacional. Su discurso tras la proclamación como líder, en el verano de 2018, es una oda a la tradición del partido, ya que en esa historia viven víctimas de ETA, dirigentes con escolta y datos que hablan de creación de empleo. Su intervención fue ante todo un ejercicio de agradecimiento porque, al fin y al cabo, su crianza política transcurrió al lado de José María Aznar, de Esperanza Aguirre y de Mariano Rajoy. Es decir: 30 años de Partido Popular.

El derecho a existir

Cuenta una importante dirigente del PP que la principal misión que tienen por delante es la existencia. Tan simple y tan alambicado como eso: existir. Las amenazas incluso son más numerosas que antes, a pesar del debilitamiento de Ciudadanos, que en cuatro años ha pasado de intentar el liderazgo del centro derecha a discutir sus propias esencias.

El Partido Popular abandona su simbólica sede de Génova

Aunque se haya disipado el acecho de Inés Arrimadas, preocupa mucho la ofensiva de Santiago Abascal. Que el electorado de Vox engorde tan rápido inquieta en la dirección del PP, por el mensaje que transmite: la pérdida de identidad. Además, un señor que conoce bien el pasado del partido, de nombre Luis y de apellido Bárcenas, pretende con su testimonio y sus probables pruebas dinamitar la imagen del PP hasta en cuatro causas judiciales: las obras de remodelación de la sede, los donativos de diferentes empresarios, el caso Púnica y el entramado parapolicial de esa hedionda trama llamada Kitchen.

Lo que le espera al Partido Popular durante 2021 es un reguero de sustos que amenaza con manchar la trayectoria de Pablo Casado, cuyo único objetivo es la presidencia del Gobierno. Está tan enganchado a ese fin que hará todo lo necesario para alcanzarlo, incluso poner en venta o en alquiler el edificio que ha dado cobijo a los populares en las dichas y en las desdichas. En los balcones de Génova 13 han estado Aznar y Rajoy celebrando victorias, y en sus despachos y salas, decenas de trabajadores atemorizados por las protestas que se montaron después del 11-M (2004) y del 15-M (2011).

Foto: Periodistas y reporteros gráficos en la sede del Partido Popular en la calle Génova. (EFE) Opinión

Puede que dentro de unos meses anuncie un cambio de logotipo y de siglas, aunque no es lo más probable. Como ha informado Paloma Esteban en este medio, los planes consisten en mudar de piel, pero no de carácter. La apuesta por el centro es clara, es lo que dijo el líder en el Comité Ejecutivo Nacional, así que la expectación estará en el método que empleará para consolidarse y en las personas con las que contará para ello.

Justo es su equipo lo que más dudas suscita entre los dirigentes territoriales y los mandamases del pasado. Casado se ha rodeado de una dirección joven y aguerrida, quizá demasiado aguerrida. Para ganar autonomía e independencia, escogió a cargos sin experiencia en la cocina del partido. Con la elección de Teodoro García Egea o de Pablo Montesinos, el actual líder del PP envió un mensaje que probablemente pasó desapercibido: por mucho que haya que homenajear el pasado, ha llegado una nueva generación al poder. Desde esta óptica, no sorprende tanto el anuncio del cambio de sede aunque Casado, en el verano del 18, reprobara la misma mudanza que ahora asume.

La inexperiencia

Dicen en la guardia de corps del presidente del PP que el partido estaba acartonado cuando llegaron. Olía tanto a naftalina que diseñaron un calendario para la renovación. Es la tarea en la que está enfrascado García Egea, aunque con fortuna desigual. Lo que bien ha armado en la Comunidad Valenciana mal le ha salido en Madrid o en Andalucía. Sus maneras han despertado recelos entre algunos barones, porque consideran que ha faltado el respeto a dirigentes que, al margen de su edad, simbolizan una trayectoria y un apego a las siglas. También se cuestiona la gestión de Montesinos y de Ana Beltrán, por falta de experiencia y por falta de colmillo con el adversario. Su lealtad a Casado, sin embargo, es incuestionable.

Foto: Alejandro Fernández y Pablo Casado en el cierre de campaña. (EFE)

Precisamente por la bisoñez que detectan los dirigentes del pasado y algunos del presente, se ve oscuro el camino elegido por el líder para la regeneración. Lleva dos años al frente y ya acumula demasiados rasguños internos y externos. El examen definitivo tendrá lugar en las próximas elecciones generales, previsiblemente en 2023 si Pedro Sánchez no encuentra indicios suficientes para adelantarlas. Casado ha comentado en privado que al igual que Aznar y que Rajoy, él también tiene derecho a intentar la presidencia varias veces. Obvia que, a diferencia de sus antecesores, él compite con una escisión de su electorado más y más potente: Vox.

Puede que le beneficie el calendario electoral autonómico. A primera vista, los dirigentes más sólidos para sucederle son Alberto Núñez Feijóo, Isabel Díaz Ayuso y Juanma Moreno. La presidenta madrileña tendrá elecciones en mayo de 2023, por lo que si revalida mandato, difícilmente se postulará a la sucesión. Algo parecido le pasa al presidente andaluz, con comicios a la vista en diciembre de 2022: repetir en el puesto obstaculiza un posible salto a la dirección nacional. El gallego, sin embargo, alcanzó otra mayoría absoluta en julio del año pasado, por lo que, salvo sorpresa, no se expondrá a otro proceso electoral hasta mediados de 2024. Es relativamente sencillo, en su caso, abandonar la Xunta para desembarcar en la que quiera que sea la nueva sede de Madrid.

Casado ha reivindicado en demasiadas ocasiones su derecho a existir. A que exista el PP. "Se llame como se llame, el Partido Popular debe existir", apunta una fuente bien relacionada con el líder en conversación con este medio. Y en eso están. La propia Ayuso, tras el comité ejecutivo del martes pasado, lo dijo cristalino: "Adiós, Génova. Es el momento de nuevas ideas".

Aquellas nuevas generaciones del PP que aspiraban a gobernar el partido ahora quieren gobernar otro. Tendrá las mismas siglas o no, pero será otro. Tendrá otra sede, a saber dónde, y puede que hasta otro presidente. En el actual edificio de Génova, un grupo de dirigentes que rondan los 40 años ha decidido romper con el pasado.

Pablo Casado Isabel Díaz Ayuso Partido Popular (PP) Luis Bárcenas