El verano de Rajoy y Zapatero en la España del 'tupper'

“El que pueda… feliz verano”. La despedida del presidente del Gobierno el pasado viernes es toda una sentencia, el alea jacta est en el momento de

“El que pueda… feliz verano”. La despedida del presidente del Gobierno el pasado viernes es toda una sentencia, el alea jacta est en el momento de cruzar nuestro propio Rubicón de este mes de agosto en el que Mariano Rajoy ha decidido que pondrá a prueba la resistencia de los mercados, de la prima de riesgo, de los españoles y de su propio Ejecutivo. En el más puro estilo marianista, el de Pontevedra ha decidido que no merece la pena remar contra corriente y si los mercados dictan sentencia, mejor que le pillen fumándose un puro en su tierra. “Me tomo unos días”, añadió en los corrillos de la prensa con total naturalidad.

Mariano Rajoy, el mismo que hace un año afeaba a Rodríguez Zapatero que pretendiera irse con sus niñas y Sonsoles a Doñana en plena crisis de la prima (qué tiempos aquellos en que el diferencial alemán rondaba el 300 y parecía el fin del mundo), ahora se va a Pontevedra, donde ya le esperan Viri, Mariano y Juan. Y por si la canalla de la prensa pretende amargarle estos días con titulares sobre la prima desbocada, su secretaria de Estado ya ha advertido que lo normal es que el diferencial alemán nos dé muchos disgustos, que se esperan picos escandalosos, pero que es ‘normal’, que ya se sabe que en verano hay pocos ‘brokers’ comprando y la especulación es aún mayor. Rajoy en Galicia y Zapatero en Canarias. El presente y el pasado de la crisis. Dos españoles que sí pueden disfrutar del verano en la España del 'tupper', ésta en la que muchas familias se rompen el alma para llegar a fin de mes

Y si Rajoy se va a SanXenxo, eso sí, reduciendo los actos públicos con sus amigos, que tampoco es cuestión de provocar, su predecesor, ése a quien la otra mitad de España ve como el verdadero responsable de que esta crisis tenga las proporciones actuales, lleva ya varios días disfrutando del sol de Lanzarote. Zapatero, el miembro del Consejo de Estado, decidió dar una rueda de prensa a los medios locales a su llegada a la isla, para así poder disfrutar en paz el resto de días. El ‘supervisor de nubes’ quiere dedicarse a descubrir nuevos caminos para correr –como Forrest Gump, es ahora su gran pasión, que le lleva a participar en maratones por Europa-, está dispuesto a invitar a Angela Merkel a que visite la isla y, esto es lo peor, pretende avanzar en su libro sobre la crisis…

Rajoy en Galicia y Zapatero en Canarias. El presente y el pasado de la crisis. Dos españoles que sí pueden disfrutar del verano en la España del tupper, ésta en la que muchas familias se rompen el alma para llegar a fin de mes y en la que se ha institucionalizado ya que los niños lleven la comida desde casa al colegio en un tupper para poderse ahorrar los 90 euros de media que supone el comedor escolar. Esta España en la que, a la inventiva familiar siempre se enfrenta la voracidad recaudatoria: le ha faltado tiempo a la Generalitat catalana, la misma que gasta 300 millones al año en sus 7 televisiones autonómicas y 3 canales de radio, para anunciar que quiere cobrar 3 euros diarios a cada niño que lleve el almuerzo de casa. Por el desgaste del comedor, se supone. Y la Generalitat valenciana, la de los aeropuertos fantasma para que paseen los abuelos con sus nietos, la de la Gürtel y los dispendios, se suma rápidamente y anuncia también que estudia cobrar el impuesto del tupper.

La relación entre los españoles y sus políticos galopa sin control hacia el precipicio de un desencuentro cuyas consecuencias pueden ser irreparables. El CIS lo refleja periódicamente y mañana mismo volverá a certificar que son el principal problema del país tras la economía y el paro. Esta misma semana, diputados que llegaban a Barajas se encontraron con la negativa, entre acusaciones e insultos, de varios taxistas que rechazaron llevarles al Congreso. Todo un síntoma de una enfermedad que a la vuelta del verano puede convertirse en epidemia.

El problema de España no reside sólo en la deuda, en el sistema financiero o en las maldades de Merkel y los mercados. La catarsis que estamos viviendo ha puesto de manifiesto la necesidad de una regeneración política que devuelva a los ciudadanos la confianza en el sistema. Una regeneración que, o se encabeza por las propias instituciones, o se impondrá desde la calle. Los antiguos padres de la patria, venerados en la transición, son hoy los padrastros que abusan de sus privilegios –dietas por vivienda cuando poseen varios pisos en Madrid, asesores enchufados con sueldos de escándalo, puestos en la ONU a precio millonario, familiares a dedo en varios consejos de administración- mientras a los niños del tupper les quieren cobrar por comer caliente... 

Luna de Papel
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