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Cae la banda del Richard Gere español
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Nacho Abad

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Cae la banda del Richard Gere español

No fuma, no bebe y tampoco ha caído en el vicio de la droga que rodea su mundo. Tiene 66 años, aunque nadie acierta cuando trata de calcular su edad. Su nombre, Paulino. De profesión, ladrón

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Melena blanca brillante, piel tersa, sin apenas arrugas, cuerpo enjuto, trabajando a golpe de zapatilla en las calles de Bilbao y pulido en el gimnasio. No fuma, no bebe y tampoco ha caído en el vicio de la droga que rodea su mundo. Tiene 66 años, aunque nadie acierta cuando trata de calcular su edad. Su nombre, Paulino. De profesión, ladrón. Su apodo: el Richard Gereespañol.

Su destino comenzó a torcerse el 4 de febrero de 2017 y él, a vivir sin aliento un día después, cuando un anónimo llamó desde una cabina de Vitoria a un teléfono de la Cruz Roja de Madrid informando de que una persona llevaba maniatada 24 horas en una lonja en la ciudad de Santander. Podría haber sido el comienzo de una película de misterio. Esa voz, que rechazó identificarse, pedía que fueran a rescatar a un hombre que había quedado maniatado en una lonja. La policía se movilizó de inmediato pero no sirvió de nada: Ángel, de 81 años, el dueño de la casa en la que entraron a robar, hacía horas que había perdido su temperatura.

Lo que es cierto es que no aguanta el dolor y les revela dónde esconde la llave del tesoro

Los agentes consiguieron pronto establecer la secuencia de hechos. Es esta: Ángel acude a una lonja que posee a 800 metros de su casa para dar de comer a sus pájaros, su afición. Allí dos individuos embozados le asaltan y golpean con saña. Le preguntan que dónde esconde la llave de la enorme caja fuerte que tiene en casa. ¿Cómo sabían que en el domicilio poseía una caja acorazada? ¿Quién pudo darles esa información? Quizá Ángel, mientras estaba recibiendo bofetadas y puñetazos, se lo pregunta o quizá no, lo que es cierto es que no aguanta el dolor y les revela dónde esconde la llave del tesoro. Ya no les sirve de nada. Le atan las manos a la espalda, le meten un trapo en la boca y le amordazan. Una vez inmovilizado, le roban las llaves del domicilio y hasta allí se dirigen para desvalijar la caja fuerte. Su sorpresa es que al abrir la puerta, se topan de bruces con su pareja. Como a Ángel, la reducen y maniatan. Van directos a la habitación de la caja fuerte sin error, como si la casa fuese suya, y sin ningún impedimento la desvalijan y se llevan joyas y dinero.

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Arranca una investigación tan prolija como frustrante. Se hacen cientos de gestiones, pero aunque los investigadores de homicidios hacen grandes avances, se les resiste poner nombres a los asaltantes. Así durante meses, hasta que en el Grupo Central de Homicidios y Desaparecidos y la Policía Judicial de Santander tiran de la llamada anónima, que sin que el chivato lo supiese, se había grabado. Con el beneplácito del juez se convierte a toda España en investigador. ¿Cómo? Difundiendo a través de los medios de comunicación la llamada anónima y pidiendo que quien identificase la voz lo comunicase. En menos de 24 horas al menos tres personas ponen nombre a la voz: "Oiga, yo conozco al de la voz esa. Es el Richard Gere español". La operación ya tenía nombre, 'Beato', por la calle donde ocurrió el crimen. Pero más de uno tuvo la tentación de cambiárselo y llamarle operación 'Pretty Woman', en honor al actor.

Ese nombre, Paulino Enrique, fue como acertar con el dardo en la diana y sirvió para empezar a dar sentido a las piezas del puzle inconexas y desperdigadas que se habían acumulado durante meses de investigación. En octubre de 2018 Paulino fue detenido. Oficialmente fue un caballero y no delató a sus compinches. Ni siquiera asumió ser culpable. Cerró la boca con fuerza como el bebé que se niega a comer puré de verdura. Sin embargo, los investigadores ya tenían bien agarrado el hilo. Tiraron con fuerza y encendieron la bombilla que iluminó el misterio.

Oficialmente fue un caballero y no delató a sus compinches. Ni asumió ser culpable. Cerró la boca como el bebé que se niega a comer puré de verdura

El siguiente en caer fue J. C., el conductor del atraco. El hombre, tartamudeando, reconoció que conocía a Paulino. "Sí, es amigo mío. Estuve con él y con una tercera persona. No sé cómo se llama, lo juro. Paulino lo llamaba hermano. Me pidió que les llevase a los dos una tarde y luego una mañana a la calle donde se cometió el crimen, pero, prometo que yo no sabía nada. Paulino me aseguró que estaban dando presupuestos para unas obras, y yo me lo creí". Los agentes no tardaron en encontrar al hermano de Paulino, R. G. Todo lo contrario a él, mala vida, vinculado al mundo de las drogas. Fue preguntarle y confesar: "Sí, también estuve allí, pero yo no salí del coche. Yo les esperaba dentro y nunca supe que hubo ni palizas ni atraco y menos un muerto".

placeholder Registro de los efectos sacados del trastero de Vitoria.
Registro de los efectos sacados del trastero de Vitoria.

La policía no le cree ni a él ni al conductor. Los dos tuvieron que ver cómo guardaban el botín en el coche. El caso no está cerrado. Hay un soplón. ¿Quién se chivó a los atracadores de la existencia de la caja fuerte? ¿Fue un electricista, un obrero, un fontanero? La policía confía en esposarlo pronto y poner el 'The End' al caso.

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